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La memoria escrita del pueblo

Historia de Pedroso

Los lugares, las vidas y los acontecimientos que han dejado huella. Un recorrido a través de las historias y sus fuentes.

Mesa del Castillo desde PedrosoPara empezar a leer

El castillo medieval de Pedroso y la Mesa del Castillo

1054 · 1 min de lectura

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37 historias · ordenadas por época

Siglo X

1 historia

Siglo X-XI (poblamiento medieval)

Poblamiento medieval de Pedroso y repoblación del valle del Najerilla

Aunque las leyendas atribuyen el origen de Pedroso al patriarca Túbal (citadas en la crónica de 1786), estas carecen de fundamento histórico. Únicamente se sabe que Pedroso ya existía como pueblo antes del año 1000, siendo el…

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Aunque las leyendas atribuyen el origen de Pedroso al patriarca Túbal (citadas en la crónica de 1786), estas carecen de fundamento histórico. Únicamente se sabe que Pedroso ya existía como pueblo antes del año 1000, siendo el primer documento donde aparece su nombre de mediados del siglo XI.

Es posible que hubiera algún núcleo de población anterior al siglo X, dada su proximidad al río Najerilla, en cuyas zonas cercanas a Pedroso se asentaron poblaciones celtibéricas, posteriormente romanas y árabes. Los pobladores del Pedroso medieval fueron gentes que habían vivido dispersas y huidas por las montañas tras la conquista de la Rioja por los árabes. Con la posterior reconquista del valle del Najerilla por los reyes navarros, comienza la repoblación de estas zonas vacías. Vinieron pobladores que reorganizaron su vida, roturaron tierras, buscaron pastos para los ganados y construyeron viviendas estables, formando una comunidad rural consolidada.

PED · ART · 00040

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Siglo XI

3 historias

Siglo XI (primeros documentos conocidos); leyenda tradicional de 574

Origen y etimología del nombre de Pedroso

Los orígenes de Pedroso se sitúan a caballo entre la leyenda y la documentación histórica, y ambas dimensiones conviene contarlas juntas para entender bien de dónde viene su nombre. La tradición más antigua que se conserva sobre…

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Los orígenes de Pedroso se sitúan a caballo entre la leyenda y la documentación histórica, y ambas dimensiones conviene contarlas juntas para entender bien de dónde viene su nombre.

La tradición más antigua que se conserva sobre el lugar es la que vincula su fundación a Túbal, nieto de Noé, quien según esta leyenda habría poblado España en el año 2800 de la creación del mundo. Remontando el Ebro hasta un sitio a media legua de Logroño, Túbal y sus gentes fundaron la población de Barea y dieron nombre a un río, al que llamaron Bero (los romanos lo denominarían después Irigua). De acuerdo con este relato, Túbal habría seguido expandiendo sus asentamientos río arriba por las montañas, de donde sería posible deducir «sin violencia» la fundación de Pedroso a partir de aquel núcleo primitivo. El Doctor Texada, en su vida de Santo Domingo de la Calzada, respaldó esta versión al afirmar que Túbal fue fundador de Pedroso y de toda su serranía, lo que daría a la villa una antigüedad aproximada de 1215 años. Sin embargo, esta tradición carece de fundamento histórico contrastable: los eruditos modernos rechazan la venida de Túbal a España, y aunque es posible que existieran núcleos de población anteriores al siglo X cerca del río Najerilla —donde se asentaron celtíberos, romanos y árabes—, no se han hallado restos arqueológicos (ruinas, útiles, armas, cerámica, adornos) que lo confirmen.

La segunda gran tradición es la leyenda de Pedro el del Oso, recogida por el presbítero Juan Matías de Herce Anguiano en su obra de 1786. Según este relato, hacia el año 574 un valeroso cántabro se retiró con su familia a este territorio fragoso y montañoso para dedicarse al cultivo de la tierra. Un oso causaba graves daños en sus sembrados, así que el cántabro, llamado Pedro, lo persiguió con denuedo y logró matarlo. Por esta hazaña, los pueblos comarcanos empezaron a llamarlo «Pedro el del oso», nombre del cual habría derivado el de Pedroso.

Frente a estas explicaciones legendarias, la crítica histórica sostiene que el origen del nombre es en realidad etimológico. En los documentos más antiguos, correspondientes a los siglos XI y XII, la villa aparece siempre como Petroso o Petrosa, término latino que significa «pedregoso» o «peñascoso» y que remite directamente a las características geológicas del terreno: los primeros pobladores, al ver las peñas que sobresalían y la abundancia de piedras en todo el término, encontraron este nombre apropiado para bautizar el lugar. Es a partir del siglo XIII cuando la población recibe ya el nombre actual de Pedroso.

Dejando a un lado las leyendas, las primeras fuentes históricas auténticas que documentan la existencia de Pedroso datan de mediados del siglo XI, concretamente de la donación realizada en 1052 a la fundación del monasterio de Santa María de Nájera. Este documento marca el final del período legendario y el inicio de la historia documentada de la población.

Fuentes de esta historia

  1. Juan Matías de Herce Anguiano, Noticia y Compendio Histórico de la muy ilustre villa de Pedroso (1786)
  2. Texada, Vida de Santo Domingo de la Calzada
  3. Archivo de Santa María de Nájera, acta fundacional del monasterio (1052)
  4. Documentos de los siglos XI y XII mencionando Petroso/Petrosa

PED · ART · 00057

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Siglos XI-XII, 1169-1202

Pedroso en la Edad Media: Villa realenga y donación a Nájera

Pedroso aparece en los documentos históricos medievales como una villa realenga que perteneció inicialmente a los reyes de Navarra asentados en Nájera y posteriormente a los de Castilla, siendo gobernada por su representante o…

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Pedroso aparece en los documentos históricos medievales como una villa realenga que perteneció inicialmente a los reyes de Navarra asentados en Nájera y posteriormente a los de Castilla, siendo gobernada por su representante o tenente que residía en el castillo de Tobía. Los primeros registros documentales conocidos del pueblo se remontan a la fundación del Monasterio de Santa María la Real de Nájera, en cuya dotación la reina Estefanía, mujer del rey García el de Nájera, donó diversas viñas y tierras situadas "en castiello de Petroso" y otras "in campo de Petrosa". La reina Estefanía mostró tal apego por Pedroso que residió regularmente en una casona junto al río del pueblo durante largas temporadas mientras su marido estaba en guerra y tras su muerte.

La creciente importancia de los monasterios riojanos y su protección real propiciaron que numerosos pueblos pasaran a depender de estas instituciones eclesiásticas. Pedroso fue donado al Monasterio de Santa María la Real de Nájera por el rey Alfonso VIII de Castilla mediante un documento otorgado en Cubillas en enero de 1169. En este diploma real, Alfonso dirigiéndose al prior Raimundo, transfería la villa completa: "dono y concedo a Santa María de Nájera y a ti Raimundo, prior de dicha iglesia y a todos tus sucesores... la villa que se llama Petroso, que está situada entre las villas, por una parte, la que se dice Anguiano, por otra parte Villanueva y por la otra Ledesma... con todos sus términos, tierras, montes, valles, con los terrenos cultivados y no cultivados, con los ingresos y deudas y con todas sus pertenencias que heredarán a perpetuidad". Esta donación incluía además cláusulas de maldición y excomunión para quien intentara revocar la donación, así como una pena pecuniaria de 1.000 libras de oro que reforzaban el carácter perpetuo de la cesión.

Un año después, en 1170, Alfonso VIII otorgó un segundo documento desde Nájera que confirmaba y describía pormenorizadamente los términos de la villa, beneficiando tanto al monasterio como al concejo de Pedroso. Este nuevo diploma delimitaba el territorio "desde el río de Ledesma tal como se sube el camino de Nájera... y por el valle abajo hasta el río de Ledesma", prohibiendo explícitamente bajo pena de 1.000 maravedís que personas ajenas a Pedroso obtuvieran provecho alguno de los montes comunales. A pesar de estos intentos de clarificación, la conformación definitiva de los términos de Pedroso resultó conflictiva. Surgieron disputas con los pueblos vecinos, especialmente con Anguiano, respecto a los límites del territorio comunero. Un documento de 1202, nuevamente emanado de Alfonso VIII, volvió a confirmar los términos de Pedroso refiriéndose a una lucha o contienda que un hijo del pueblo había ganado contra Matute, representante de Anguiano, así como contra los pueblos de Matute, Villanueva y Tobía. Aunque la naturaleza exacta de estos enfrentamientos no se conoce con precisión, la tradición oral recogida en documentos de la Edad Moderna sugiere que muchachos de ambas villas se peleaban en los mojones para recordar dónde se colocaban. Estos conflictos de delimitación territorial persistirían durante siglos, evidenciando la dificultad de establecer límites claros entre las jurisdicciones de pueblos vecinos en la Edad Media riojana.

PED · ART · 00042

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1054

El castillo medieval de Pedroso y la Mesa del Castillo

La bibliografía menciona la existencia de un castillo en Pedroso, recogido en el Libro de Castillos y Fortalezas de La Rioja. La localización precisa del castillo fue aclarada mediante documentación medieval: un documento fechado…

Mesa del Castillo desde Pedroso
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Mesa del Castillo desde Pedroso
Mesa del Castillo desde PedrosoIgnacio Pérez AlonsoVer fotografía ↗

La bibliografía menciona la existencia de un castillo en Pedroso, recogido en el Libro de Castillos y Fortalezas de La Rioja. La localización precisa del castillo fue aclarada mediante documentación medieval: un documento fechado en 1054 en la Colección Diplomática Medieval de la Rioja proporciona referencias geográficas detalladas que permiten situarlo. Siguiendo la toponimia medieval mencionada (colladito de Peña Rubia, la Crucijada, lugar de los frailes, cuevas, lomilla de Carrascal, río de Penilla), se identifica que tanto el castillo como las cuevas asociadas se localizan en la Mesa del Castillo, actualmente en el término de Anguiano. La prospección arqueológica en la zona reveló restos de cronología romana, posiblemente identificables con una atalaya que pudo prolongarse en el tiempo y ser el castillo citado en diversas fuentes medievales (datadas en 1054 y 1202). Este yacimiento en la cima de la Mesa del Castillo constituye un punto importante de la historia defensiva medieval de la comarca.

Fuentes de esta historia

  1. Libro de Castillos y Fortalezas de La Rioja (Moya Valgañón et al., 1992)
  2. Colección Diplomática Medieval de la Rioja Tomo II (Rodríguez R. de Lama, 1992)
  3. Colección Diplomática Medieval de la Rioja Tomo III (Rodríguez R. de Lama, 1979)
  4. Documentos históricos de Pedroso (2006)

PED · ART · 00065

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Siglo XII

2 historias

1170-1963

Las ermitas de Pedroso: identificación y localización arqueológica

La prospección arqueológica realizada entre agosto y septiembre de 2009 permitió identificar seis ermitas en el término municipal de Pedroso, una cifra superior a la documentada en fuentes historiográficas previas. Las ermitas…

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La prospección arqueológica realizada entre agosto y septiembre de 2009 permitió identificar seis ermitas en el término municipal de Pedroso, una cifra superior a la documentada en fuentes historiográficas previas. Las ermitas catalogadas fueron Santa Marina, San Cristóbal, Santa Ana, Santa Teodosia, Nuestra Señora del Patrocinio y Santo Domingo. La localización de estas ermitas, que había generado considerable confusión en trabajos anteriores, fue posible gracias a la combinación de testimonios orales de vecinos, documentación archivística y fuentes catastrales que abarcan desde el siglo XVI hasta el XIX.

La metodología empleada en la identificación se basó en la consulta sistemática de fuentes documentales de distintas épocas. El Libro de visitas del licenciado Martín Gil, fechado a mediados del siglo XVI (1551), constituye la referencia más antigua, mencionando la iglesia de San Salvador y cuatro ermitas: Santa Marina, Santa Teodosia, San Cristóbal y Santo Domingo. El Catastro del Marqués de la Ensenada de 1751, consultado en el Archivo Histórico Provincial de La Rioja, ofrece un panorama más completo al incluir la iglesia de San Salvador, San Juan de Letrán, Santa Teodosia, Santa Marina, San Cristóbal y Nuestra Señora de Patrocinio. Completaron el análisis el Compendio Histórico de la villa de Pedroso de Herce Anguiano (1786), la información del Arciprestazgo de Nájera (con referencias de 1833 y 1885), el Diccionario de Madoz (1850), el Nomenclátor (1866) y el Anuario de 1915, que hace mención a tres "hermosos" templos. Finalmente, Moya Valgañón registró en 1985 dos iglesias y dos ermitas principales. Esta concatenación de fuentes permite reconstruir la evolución del patrimonio religioso rural a través de los últimos cuatro siglos y medio.

La Ermita de San Cristóbal constituye una construcción de época medieval cuya referencia más antigua se remonta al último tercio del siglo XII, concretamente al año 1170, según consta en la obra de Monreal Jimeno. Se localiza en una zona elevada de ladera despejada con excelente visión panorámica sobre el valle del río Pedroso, enfrente de la localidad, en la parcela Rústico 4 parcela 440, con coordenadas UTM 523106,5/4682533. Se accede desde el camino de Vadillo a la altura del barrio de Santa Ana. La ubicación en un promontorio es característica típica de los santuarios dedicados a este santo en La Rioja, frecuentemente emplazados en promontorios y zonas de montaña. La devoción a San Cristóbal reviste especial importancia por su patronazgo sobre los caminantes, vinculando la ermita a los senderos de camineros y arrieros que transcurrían por los montes locales; ejemplo de ello es el "camino de los Arrieros" localizado en el término de Pedroso próximo a la ermita. San Cristóbal fue incluido entre los catorce santos auxiliadores de la humanidad desde la Edad Media. Las ruinas indican que se trataba de una construcción de planta basilical con eje longitudinal este-oeste, cuyos muros tienen aproximadamente 70 centímetros de grosor, de los que apenas se conservan dos o tres hiladas realizadas con canto rodado. Se encuentra abundante teja curva en las proximidades. El Monte San Cristóbal aparece documentado en referencias del Ayuntamiento de Pedroso de 1963. A pesar de ser mencionada en el Libro de visita del Licenciado Martín Gil (hacia 1551) y en el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1751, la ermita cayó en estado de abandono y ruina a finales del siglo XVIII. Para su localización fueron imprescindibles los testimonios orales, ya que aunque el catastro de Ensenada indica el nombre del término y la existencia de la ermita, en la actualidad ni los planos topográficos ni los catastrales conservan la toponimia. La advocación a San Cristóbal aparece muy frecuentemente como topónimo en La Rioja, existiendo referencias en términos próximos como Castroviego o Anguiano. San Cristóbal fue también dedicatario de ermitas medievales en otras localidades, como la de Canales de la Sierra.

La Ermita de Santa Marina se erige en el barrio del mismo nombre, a un lado del camino que sale del pueblo río arriba cruzando el barranco de Fuentecocinos, localización catastral Rústico 3 parcela 257, con coordenadas UTM ETRS 89: 523496,5 / 4683107. Se trata de un pequeño edificio de planta rectangular con fábrica de canto y encintado de ladrillo en esquinas y vanos. Ha perdido la cubierta excepto en la zona del ábside, que conserva una bóveda de cuarto de círculo. La ermita tuvo un pórtico en la zona de los pies que ha desaparecido. En el interior, revocado en blanco, todavía existe un pequeño retablo de madera policromada. Los bienes muebles de la ermita están custodiados en la sacristía de la iglesia parroquial. Las dimensiones aproximadas del edificio son 16,5 metros de longitud, 10 metros de anchura y 4 metros de altura máxima conservada. El estado de conservación actual es deteriorado, aunque recientemente el pueblo ha acometido labores de limpieza tanto del edificio como de su entorno e instalado un toldo protector en la zona del ábside en espera de un proyecto de cubierta. El edificio sufre, sin embargo, un estado de abandono importante que terminará en ruina si su rehabilitación no se acomete con celeridad. El Catastro del Marqués de la Ensenada habla de un barrio con este nombre donde se situaban numerosos pajares, corrales y eras, además de la ermesia. Existe confusión en algunas fuentes, como el Inventario Artístico de Logroño y su Provincia La Rioja, donde aparece como dedicado a Santa Teodosia. Esta confusión también aparece en el panel de información turística localizado a la entrada del pueblo. Es posible que el origen de este error radique en que se guardase en la ermita de Santa Marina la imagen de Santa Teodosia tras el abandono de ésta última. La ermita es mencionada también por Martín Gil (siglo XVI) y Pascual Madoz (siglo XIX).

La Ermita de Santa Ana se localiza en el borde del camino de Vadillo, junto a construcciones ganaderas, en la margen izquierda del río Pedroso, enfrente del pueblo, en la parcela Rústico 4 parcela 312, con coordenadas UTM 523001,5/4683055. Santa Ana, madre de la Virgen María y abuela de Jesús, fue una santa con gran devoción en los siglos XVIII y XIX, como queda patente en la construcción de numerosas ermitas, iglesias, catedrales y monasterios en toda la geografía peninsular. No aparece mencionada en la mayoría de fuentes escritas sobre Pedroso, aunque sí consta un barrio de pajares, corrales y eras denominado Santa Ana en el Catastro del Marqués de la Ensenada. Conserva únicamente restos de una construcción de planta rectangular realizada con canto rodado trabado con argamasa, con altura máxima de 80 centímetros y cuatro hiladas en el muro oeste. Tendría una longitud este-oeste de 18 metros y anchura norte-sur de 6,5 metros. Su existencia y ubicación se confirman por testimonios orales y la aparición de abundantes restos humanos óseos que indican la existencia de una necrópolis adyacente. Esta necrópolis presenta evidencias arqueológicas de ocupación funeraria, con aparición de huesos humanos en remociones de tierra recientes para construcción de pabellones ganaderos. Santa Ana fue identificada únicamente mediante toponimia y testimonios orales.

La Ermita de Santa Teodosia se localiza en el tramo alto del río Pedroso, en la zona inferior de una ladera de suave pendiente y en proximidades del barranco de Santa Teodosia. Se trata de las ruinas de una construcción de planta rectangular, factura de cantos con hiladas alternas de arenisca inclinadas. Los muros norte y oeste se conservan en casi su totalidad con unas cuatro hiladas de altura, siendo visible aún la zona de acceso al oeste. Tendría un eje longitudinal este-oeste de aproximadamente 15 metros de longitud y 10 metros de anchura. El edificio se encuentra en completo abandono, cubierto de vegetación. Existe confusión en las fuentes sobre su ubicación, confundiéndola a menudo con la de Santa Marina, aunque subsisten rastros de su existencia en la toponimia de la zona (barranco y puente). Según Herce y Anguiano, la ermita se ubicaba en la falda oriental de la Sierra de Bera, a media legua distante de Pedroso, en medio de la tosca concha de un valle. Un dato de gran relevancia administrativa es que se agregó a la iglesia parroquial de la villa la ermita de Santa Teodosia y sus rentas en el año de 1538. Se celebraba la fiesta de la santa el segundo día de la Pascua del Espíritu Santo. Tenía heredades al aire Solano, incluyendo tierras de sembradura de centeno donde la renta era cobrada por Manuel de Lombillo. Santa Teodosia y Santa Marina aparecen en mal estado en las afueras del pueblo hacia 1885, según la documentación del Arciprestazgo de Nájera que describe ermitas en detalle incluyendo estado de conservación.

La Ermita de Nuestra Señora del Patrocinio presenta una arquitectura bien documentada, con estructura de ladrillo y sillería. La fachada cuenta con tres arcos de ingreso al pórtico rematada con espadaña de dos huecos. Su planta es rectangular de una sola nave de cinco tramos, con crucero y cabecera cuadrangular. En el interior destacan dos retablos, un baldaquino que sirve de camerino a la Virgen del Patrocinio, e imagen de la Virgen en escultura de una sola pieza, todos de fines del siglo XVII. Es un templo perfectamente documentado en las fuentes, bien cuidado y con gran devoción hasta la actualidad, lo que asegura su conservación. Un dato especialmente reseñable es la ubicación de la ermita sobre otro templo anterior dedicado a Santo Domingo, cuya existencia se conoce al menos desde mediados del siglo XVI hasta el último tercio del siglo XVII, con muros visibles todavía en la parte externa de la ermita que podrían pertenecer a este anterior templo.

El estudio arqueológico integral de estas seis ermitas permite una mejor comprensión del devenir histórico del municipio desde época medieval hasta la Época Moderna, estableciendo la riqueza del patrimonio etnográfico y arquitectónico local. Las ermitas de Pedroso constituyen un conjunto valioso de vestigios materiales que testimonian la práctica religiosa, la devoción popular y la organización territorial de una comunidad rural riojana a lo largo de más de ocho siglos.

Fuentes de esta historia

  1. Revista Berceo 156 (2009)
  2. Catastro del Marqués de la Ensenada (1751)
  3. Libro de visitas del licenciado Martín Gil (mediados siglo XVI)
  4. Compendio Histórico de la villa de Pedroso (1786)
  5. Libro de visitas del licenciado Martín Gil (1551)
  6. Arciprestazgo de Badarán/Nájera (1833, 1885)
  7. Madoz (1846–1850)
  8. Nomenclátor de España (1866, 1893)
  9. Herce Anguiano, Compendio Histórico de la villa de Pedroso (1786)
  10. Moya Valgañón (1985)
  11. Panel de turismo
  12. Plano 1:50.000 Anguiano (2005)
  13. Trabajo de campo arqueológico
  14. Monreal Jimeno
  15. Ayuntamiento de Pedroso (1963)
  16. Monreal Jimeno, L. A., Eremitorios rupestres altomedievales (el alto valle del Ebro). Bilbao, 1989
  17. Libro de visita del Licenciado Martín Gilfechado (c. 1551)
  18. Juan Matías Herce y Anguiano, Compendio Histórico de la Villa de Pedroso (1786)
  19. Inventario Artístico de Logroño y su Provincia La Rioja
  20. Martín Gil (siglo XVI)
  21. Pascual Madoz (siglo XIX)
  22. Herce y Anguiano
  23. Catastro del Marqués de la Ensenada (AHPLR. Caja 449)
  24. Martín Gil
  25. Pascual Madoz
  26. Nomenclator de la Provincia de Logroño (1866, 1893)

PED · ART · 00064

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1200-1900

La industria textil de Pedroso: apogeo, declive y desaparición (siglos XVII-XIX)

La industria textil fue la base de la riqueza de Pedroso durante los siglos XVII y XVIII, sostenida por la disponibilidad de lana fina procedente de la Sierra de Cameros, Brieva, Ventosa, Las Viniegras, Mansilla, Valdelaguna,…

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La industria textil fue la base de la riqueza de Pedroso durante los siglos XVII y XVIII, sostenida por la disponibilidad de lana fina procedente de la Sierra de Cameros, Brieva, Ventosa, Las Viniegras, Mansilla, Valdelaguna, Ezcaray y ocasionalmente de la pila de Valvanera, todos ellos descansaderos veraniegos de los rebaños trashumantes segovianos.

A lo largo del siglo XIX la industria seguía siendo importante, aunque experimentaría una desaparición gradual que tendría como consecuencia la pérdida de población en la segunda mitad de la centuria. Los documentos del escribano José Pascasio Hernández de 1829 y 1844 testimonian la pervivencia de esta industria. En 1832 se constituye una sociedad para la explotación de una fábrica de cardar e hilar lana. En 1836 se ordena una advertencia a tres tintoreros para que no tintasen los paños por debajo de los precios estipulados. En 1849 se vende un edificio de tinte con dos calderas y artefactos anejos situado en la calle del Tinanco junto al río por 5.500 reales. En 1850 se vende un telar para tejer paños por 120 reales. En 1852 se permuta la tercera parte de un edificio de cardar e hilar lana. En 1856 un vecino arrienda a otro la mitad de una máquina de hilar.

Los diccionarios de Govantes y Madoz confirman la existencia de fabricación de tejidos de lana fina y basta, indicando que ésta es la mayor riqueza del pueblo, si bien va en decadencia. La Contribución territorial e industrial de 1852 documenta la existencia de 5 fábricas textiles, 11 cardas, 120 husos, 4 tornos, 1 batán, 2 tundosas y 1 tinte. En 1861, la Guía Fabril e Industrial de España registra 5 fábricas textiles, 10 cardas y 2 tintes.

En 1852, en plena decadencia, Pedroso aún es una localidad dedicada básicamente a la hilatura con cinco fábricas de escasa capacidad, destacando la de Felipe Fernández con seis tornos de sesenta husos y cuatro cardas (con una cuota de contribución de 175 reales de vellón). También aparece el apellido Velasco relacionado con la industria textil de Pedroso con una contribución de 66 reales.

En 1856 aún siguen funcionando los edificios y maquinarias de molinos y batanes de las "Matas" situados cerca del río Najerilla en los límites de la jurisdicción de Bobadilla. Sin embargo, la propiedad ya no pertenece al ayuntamiento de Pedroso sino a 4 vecinos de la villa, que no los explotan directamente sino que los arriendan a otros vecinos. Los fabricantes operaban con todas sus cardas movidas por la fuerza humana y el batón de rueda o mazo movido por la del agua, sin que hubiera artefactos textiles movidos por máquinas de vapor.

Es en el último cuarto del siglo XIX cuando la actividad textil desaparece definitivamente, determinando el primer gran descenso de población del pueblo. Las principales causas de este colapso son: la lenta y escasa mecanización, pues la hilatura artesana y manual pervivió con la fabril hasta finales de los setenta y la desaparición de los telares manuales nunca conllevó crecimiento de los mecánicos; el retraso considerable en la adopción de energías alternativas a la humana e hidráulica; las malas comunicaciones que encarecen el transporte de los tejidos; la fabricación industrial (sobre todo catalana) de paños de mejor calidad con salarios bajos que determinan costes más reducidos en competencia con los de la región en los mercados tradicionales; y la existencia de otros productos industriales más baratos, como el algodón, cuyos destinatarios son las clases populares y obreras.

PED · ART · 00072

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Siglo XIV

1 historia

1370-1394

Pedroso en el siglo XIV: Conflictos feudales y recuperación monástica

A pesar de las confirmaciones reales de la donación al Monasterio de Nájera, Pedroso enfrentó graves conflictos de posesión durante el último tercio del siglo XIV. Varios señores feudales ocuparon la villa por la fuerza,…

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A pesar de las confirmaciones reales de la donación al Monasterio de Nájera, Pedroso enfrentó graves conflictos de posesión durante el último tercio del siglo XIV. Varios señores feudales ocuparon la villa por la fuerza, amenazando la autoridad monástica. Particularmente grave fue la invasión del Monasterio de Valvanera, que compró ilegalmente la mitad del pueblo.

El Monasterio de Nájera, percibiendo Pedroso como una fuente importante de rentas (especialmente durante épocas de escasez), emprendió acciones legales para recuperar la posesión completa. Estos conflictos terminaron en 1394, cuando el monasterio ganó el pleito contra Valvanera, logrando recobrar y consolidar su propiedad integral sobre la villa de Pedroso.

PED · ART · 00041

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Siglo XV

3 historias

c. 1420-1628

La familia Pedroso: genealogía y linaje en Pedroso

El linaje de los Pedroso comenzó con Sancho Pedroso, quien vivía en la villa de Pedroso hacia 1420. En 1453 se trasladó a Logroño, donde fue empadronado como hidalgo según el repartimiento de la ciudad de ese año. Sancho fue…

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El linaje de los Pedroso comenzó con Sancho Pedroso, quien vivía en la villa de Pedroso hacia 1420. En 1453 se trasladó a Logroño, donde fue empadronado como hidalgo según el repartimiento de la ciudad de ese año. Sancho fue abuelo de Juan de Pedroso (el caballero de Santiago).

Francisco de Pedroso y Lobo fue padre de Juan de Pedroso. Francisco tuvo dos hermanos: Pedro Hernández de Pedroso e Isabel de Pedroso. Isabel contrajo matrimonio con Fernando de Albia, de quien pudieron ser hijos Francisco Albia de Castro y Andrés de Albia, aunque no consta expresamente la rama familiar de procedencia de estos últimos.

Pedro Hernández de Pedroso, hermano de Francisco, tuvo como hijo a Pedro Pedroso y García, quien emigró a Cuba, donde se convirtió en progenitor de una rama de la familia que ocuparía altos cargos en la administración municipal y virreinal de aquel territorio.

En el testamento de 1628, Juan de Pedroso nombra como testamentarios a Francisco González de Entrena (contador), Jerónimo de Luna, Cristóbal Rodríguez Muñoz, el doctor Francisco Caulete, el secretario Pedro Coloma y Ana de Albiz (monja del convento jerónimo de la Concepción de Madrid). De manera particular, le encomienda a Bernabé Martínez Pedroso, su sobrino, la construcción de la capilla funeraria y lo nombra patrón de la iglesia. El sobrino Bernabé Martínez de Pedroso también aparece como testigo en actos relacionados con el patrimonio familiar, siendo nombrado así mismo testaferro de su tío en 1613.

Fuentes de esta historia

  1. A.H.P.N.M. Protocolos, Leg. 4461. Fols. 253-259
  2. GARCÍA CARRAFFA, A. y GARCÍA CARRAFFA, A.: Diccionario heráldico y genealógico de apellidos españoles y americanos. Tomo LXVII. Madrid, 1951. Págs. 160 y ss.
  3. A.G.I. Patronato Real, 229. R. 24

PED · ART · 00060

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1498-1718

Iglesia parroquial de El Salvador: Construcción, arquitectos y patrimonio interior

La iglesia parroquial de El Salvador de Pedroso, también citada en algunos documentos como San Salvador, es el edificio más importante del centro urbano de la villa. Se levanta en la manzana catastral 32335 (coordenadas UTM ETRS…

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La iglesia parroquial de El Salvador de Pedroso, también citada en algunos documentos como San Salvador, es el edificio más importante del centro urbano de la villa. Se levanta en la manzana catastral 32335 (coordenadas UTM ETRS 89: 523171/4683170) y fue declarada bien de interés cultural en la categoría de monumento el 15 de enero de 1982, gozando de protección integral y encontrándose en buen estado de conservación.

Su construcción se inició en estilo gótico en 1498 y se prolongó durante más de un siglo y medio, hasta que el edificio alcanzó, hacia 1650, el aspecto que en buena medida conserva hoy. En esa larga obra intervinieron varios arquitectos. García Martínez de Lequeitio la comenzó en 1498 y es responsable de la portada gótica tardía y de parte de las naves laterales. Le sucedió Juan Martínez de Mutio, encargado de las estructuras principales: según una de las fuentes trabajó en dos periodos, entre 1515-1520 y 1544-1556, mientras que otra recoge su intervención como un trabajo continuado entre 1515 y 1556. Hacia 1572, Juan de Huequel (o Juan Huequel) levantó la torre original. Cerraron el ciclo constructivo Pedro de Aguilera y Domingo de Urroz —llamado también Domingo de Arroz según otra fuente—, que ejecutaron la sacristía entre 1635 y 1650.

El templo presenta una sólida construcción de mampostería con elementos de sillería, reforzada por contrafuertes. Su planta es cuadrangular, formada por tres naves de cuatro tramos a igual altura; la nave central remata en una cabecera ochavada de tres paños, y a los pies se levanta un tramo suplementario que alberga el coro y sirve de base a la torre. Las techumbres se sostienen sobre pilares redondos con arcos apuntados que soportan crucerías en forma de estrella. La portada, orientada al sur en el penúltimo tramo, luce tres arquivoltas apuntadas de estilo gótico tardío, huella clara de los primeros maestros que trabajaron en la obra.

La torre original terminó amenazando ruina, por lo que fue desmontada para construir una nueva. El encargo se hizo en 1711 al calagurritano Sebastián de Portu, quien con la ayuda de Juan de Aguirre y Juan de Morgata llevó a cabo el desmontaje. Al incumplir Portu su cometido, se le rescindió el contrato y la obra se adjudicó, también en 1711, a Juan de Anguiozar, apoyado por Juan de San Juan y Bautista de Olazábal, que la concluyeron en 1718. La torre resultante consta de dos cuerpos de planta cuadrada en sillería y mampostería y un tercero superior, octogonal, de sillería y ladrillo, donde se alojan las campanas.

En el interior destaca el retablo mayor, obra barroca de mediados del siglo XVII, junto con los retablos laterales de finales de esa misma centuria. Se conservan imágenes de estilos románico, barroco e hispanoflamenco, varios cuadros y una capilla dedicada al caballero pedroseño Juan de Villarreal, gobernador general de México, de finales del XVII, cerrada con una notable rejería barroca. Completan el patrimonio interior el coro, también de finales del XVII, con dieciséis asientos y facistol, una imagen de la Virgen románica y un gran órgano barroco de mediados del siglo XVIII.

Más allá del edificio y sus imágenes, la parroquia contó históricamente con un patrimonio económico considerable, según recogen los Memoriales del Catastro del Marqués de la Ensenada. Poseía la Casa de Primicias y una casa cedida por don Francisco de Herce, junto con las primicias del pueblo, además de censos a su favor de la Cofradía de Nuestra Señora de la Asunción y de Santiago, y otro de la Iglesia Parroquial de la villa de Haro. Sus propiedades territoriales se repartían por varios términos: Las Viñas, cerro La Arena, La Olma, el valle de Baldevedral, Lombila, Entre las Tapias, Caraboza, Lombilla Pajar, Pago de la Santa y Badillo. Este amplio patrimonio da testimonio de la importancia que la institución eclesiástica tuvo en la vida económica y social de Pedroso durante la Edad Moderna.

Fuentes de esta historia

  1. Wikipedia: Pedroso (La Rioja), sección Patrimonio
  2. Catastro del Marqués de la Ensenada (1751)
  3. Moya Valgañón (1985)
  4. Inventario artístico de Logroño y su provincia
  5. Catastro del Marqués de la Ensenada
  6. Memoriales de la Iglesia Parroquial

PED · ART · 00048

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1498-1718

La Iglesia Parroquial de San Salvador: construcción, arquitectura y decoración (siglos XVI-XVIII)

La Iglesia Parroquial de San Salvador de Pedroso es uno de los edificios más importantes de la villa, prueba de la riqueza y expansión de Pedroso desde finales de la Edad Media, basada en la ganadería ovina y el comercio textil…

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La Iglesia Parroquial de San Salvador de Pedroso es uno de los edificios más importantes de la villa, prueba de la riqueza y expansión de Pedroso desde finales de la Edad Media, basada en la ganadería ovina y el comercio textil de lana. En pleno reinado de los Reyes Católicos, hacia 1498, los pedroseños decidieron construir una iglesia de ambiciones arquitectónicas siguiendo el modelo de pueblos ricos, adoptando planta de salón con tres naves.

La obra fue encargada a García Martínez de Lequeitio, uno de los mejores arquitectos del momento, quien diseñó la estructura, construyó la portada de gótica tardía y parte de las naves laterales. Juan Martínez de Mutio prosiguió la construcción en dos periodos: 1515-1520 y 1544-1556. Aunque las ambiciones de los pedroseños eran grandes, sus medios no permitieron una construcción íntegra de sillería; se empleó sólo en vanos y esquinazos, mientras que las paredes se levantaron con material más económico como canto rodado, guijarros y toba de canteras cercanas o demoliciones.

La planta cuadrangular se compone de tres naves de cuatro tramos a igual altura. La nave central remataba con cabecera ochavada de tres paños y un tramo suplementario a los pies donde se sitúa el coro y la base de la torre. El tejado lo sostienen pilares redondos con arcos apuntados que soportan crucerías en forma de estrella. La portada, orientada al sur en el penúltimo tramo, remata con tres arquivoltas apuntadas. Contrafuertes refuerzan todo el edificio.

La iglesia fue concebida con una iluminación natural perfectamente planificada: con el amanecer entraban los primeros rayos por el este, siguiendo por la parte sur con sus numerosos vanos y despidiéndose iluminando el retablo mayor por el rosetón del oeste. Tres relojes de sol situados sobre la portada marcaban el ritmo del pueblo.

Como era costumbre, la obra comenzó parcelándola en tumbas e orientándola al este. Los enterramientos dentro de la iglesia prosiguieron hasta el siglo XIX, cuando por motivos sanitarios se trasladaron fuera del recinto sacro.

La torre original, que amenazaba ruina, fue desmontada y reconstruida en el siglo XVIII. En 1710 se encargó al calagurritano Sebastián de Portu, vecino de Logroño, por 29.900 reales de vellón, quien trabajó con Juan de Aguirre y Juan de Morgata. Al no cumplir con su cometido le fue rescindido el contrato. A finales de 1711 se hizo nuevo contrato con Juan de Anguiozar, vecino de San Vicente de la Sonsierra, a quien ayudaron Juan de San Juan y Bautista de Olazábal, comprometiéndose a terminarla para finales de 1713, aunque las obras definitivas se concluyeron en 1718. Juan de Anguiozar cobró 21.000 reales más 30 cantaras de vino y material y herramientas. La nueva torre se compone de dos cuerpos de planta cuadrada en sillería y mampostería con un tercero superior octogonal de sillería y ladrillo donde se encuentran las campanas. La piedra para el arquitrabe fue traída de las canteras de San Asensio y la restante de las de Mave.

La sacristía tuvo dos momentos: el cántabro Pedro de Aguilera la comenzó en 1635 (siendo el mismo que construye la iglesia de San Juan), y Domingo de Urroz la terminó en 1650. Una obra importante de 1670 fue la capilla lateral dedicada a la Virgen del Rosario, fruto de la ofrenda del capitán Juan de Villarreal Moreno. Pedro Lázaro Ruiz pintó y doró el retablito con los misterios del Rosario y también el cuadro donde aparece el capitán Villarreal; la rejería fue obra de Juan de Avendaño hacia 1673.

El retablo mayor fue construido en 1661 por Francisco Martínez Mallagaray, Martín de Esturo y Domingo de Erdocia. Esturo y Erdocia poseían taller en Bobadilla y Pedroso, donde trabajaban en la Rioja Alta. Encargaron la imaginería a Francisco de la Cantolla, escultor con vinculaciones afectivas con Pedroso, cuyas obras se usaron también en otros retablos donde trabajaban. El coro es obra de Domingo de Erdocia hacia 1675, compuesto de sillería de 16 asientos y facistol. El gran órgano de caja barroca fue ejecutado por Matías de Rueda Mañeru y Juan Martínez de Busto hacia 1738. Bajo el coro se sitúa la reja de hierro barroca de mediados del XVII y junto a ella la pila bautismal con copa del XVI.

Fuentes de esta historia

  1. Catastro de Ensenada, 1752
  2. Contrato de dorado del retablo mayor, 1671

PED · ART · 00071

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Siglo XVI

7 historias

Siglo XVI-XVII; restauración 2010-2011

Ermita de Santa Marina: Construcción renacentista y restauración moderna

La Ermita de Santa Marina fue edificada en el siglo XVI y reconstruida en el XVII. Se localiza encima del pueblo en el lugar denominado "las eras", siendo su parte más antigua el ábside, que puede datar de principios del siglo…

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La Ermita de Santa Marina fue edificada en el siglo XVI y reconstruida en el XVII. Se localiza encima del pueblo en el lugar denominado "las eras", siendo su parte más antigua el ábside, que puede datar de principios del siglo XVI. El resto fue reconstruida hacia mediados del XVII en mampostería y sillarejo.

Tiene planta cuadrangular de una sola nave cubierta con techumbre de madera y cabecera con cañón con arco de medio punto. Fue restaurada entre los años 2010 y 2011 por el Gobierno de La Rioja, tras años de abandono y progresivo deterioro. Las imágenes que albergaba (Santa Marina y Santa Teodosia) han sido trasladadas a la iglesia parroquial.

PED · ART · 00052

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Siglos XVI-XVIII; conversión de Santa Ana en cementerio a principios del siglo XIX

Ermitas de Santa Teodosia, San Cristóbal y Santa Ana: Ruinas y tradiciones

En el maravilloso entorno del pueblo, en pleno monte, se encuentran las ruinas de otras ermitas: la de Santa Teodosia y la de San Cristóbal. Según la tradición, la imagen titular de la Ermita de Santa Teodosia estaba calzada con…

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En el maravilloso entorno del pueblo, en pleno monte, se encuentran las ruinas de otras ermitas: la de Santa Teodosia y la de San Cristóbal. Según la tradición, la imagen titular de la Ermita de Santa Teodosia estaba calzada con unas albarcas de oro que fueron robadas. En tiempos pasados, fue meta de una romería populosa celebrada por Pascua de Pentecostés, siendo costumbre que los hombres jugaran a las chapas y las mujeres a los bolos.

En el término que lleva el nombre de San Cristóbal se encuentran los restos de esta ermita. Cerca del pueblo se encontraba la ermita de Santa Ana de la que ya no queda vestigio alguno y que fue dedicada a cementerio a principios del siglo XIX. Los pedroseños antiguos hablan de la existencia de hasta siete ermitas en el término municipal.

PED · ART · 00053

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siglo XVI-XVIII

La vida religiosa de Pedroso en la época moderna: cofradías y devociones

La vida religiosa de Pedroso durante la época moderna se articulaba en torno a un entramado denso de cofradías y devociones que estructuraban tanto la espiritualidad comunitaria como el patrimonio eclesiástico del pueblo. El…

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La vida religiosa de Pedroso durante la época moderna se articulaba en torno a un entramado denso de cofradías y devociones que estructuraban tanto la espiritualidad comunitaria como el patrimonio eclesiástico del pueblo. El Catastro del Marqués de la Ensenada y los libros de cuentas parroquiales del siglo XVIII revelan la presencia de numerosas hermandades que ejercían un papel central en la preservación del patrimonio religioso local y en la configuración de la devoción popular.

Entre estas cofradías figuraban la de la Vera Cruz, que poseía tierras en el término; la de Todos los Santos; la de las Ánimas; la del Santo Ecce Homo, devota de una imagen de Jesús tras la flagelación popularmente conocida como San Ziomo; la de San Martín y San Sebastián; la del Santísimo; la de la Concepción; la de San Cristóbal y la del Señor. Todas ellas se encuentran documentadas en los registros parroquiales, con referencias precisas en los libros de cuentas: el Ecce Homo en el folio 25v, San Martín y San Sebastián en el folio 39v, el Santísimo en el folio 48v, la Concepción en los folios 49v y 50v, San Cristóbal en el folio 94v y el Señor en el folio 173v. Estas asociaciones no solo articulaban la vida espiritual de la comunidad, sino que también poseían bienes inmuebles y gestionaban patrimonio, convirtiéndose en pilares de la estructura religiosa y económica del pueblo.

Un aspecto particularmente singular de la vida religiosa de Pedroso fue el papel que sus párrocos ejercieron como figuras taumatúrgicas con influencia que trascendía los límites locales. Un caso documentado en 1576 refiere la existencia de un cura de Pedroso que gozaba de fama regional por realizar curaciones milagrosas, siendo solicitado incluso desde Logroño. Este sacerdote, según la obra Logroño histórico de F.G. Gómez, era invitado a la ciudad para "conjurar los gusanos o insectos que siempre hubo en las plantas", dado que "por los términos de esta ciudad hay gusano que ofende las viñas y que se suele enviar por el cura de Pedroso para echar el agua y conjurarlo". La práctica reveló una interesante mezcla de religión y medicina popular, donde "la piadosa costumbre y la ciega confianza en el agua traída de la basílica, continuó en práctica siempre que había temor de plagas". Esta actividad como curandero folk del párroco de Pedroso prosiguió al menos hasta 1577, con repetidas excursiones a Logroño, continuando hasta la muerte del cura. Estas devociones especiales y la reputación de figuras religiosas locales con capacidad para intervenir en plagas agrícolas demuestran la complejidad de la espiritualidad rural en la época moderna, donde lo sagrado y lo material, lo espiritual y lo práctico, se entrelazaban de manera indisoluble en la vida cotidiana de las comunidades rurales.

Fuentes de esta historia

  1. Catastro del Marqués de la Ensenada. Libro Mayor de Raíz de Seglares
  2. Gómez, F.G.: Logroño histórico (1893-1895)
  3. Logroño histórico de F.G. Gómez
  4. Libros de cuentas parroquiales

PED · ART · 00066

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1573-1579

Los astrólogos riojanos Pedro de la Hera y Rodrigo Morgado: consejeros de la corte de Felipe II

Por la corte de Felipe II circularon dos astrólogos riojanos de gran poder e influencia: Pedro de la Hera, clérigo nacido en Pedroso, y Rodrigo Morgado, de Alfaro. Ambos fueron consejeros de Antonio Pérez, el secretario de…

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Por la corte de Felipe II circularon dos astrólogos riojanos de gran poder e influencia: Pedro de la Hera, clérigo nacido en Pedroso, y Rodrigo Morgado, de Alfaro. Ambos fueron consejeros de Antonio Pérez, el secretario de Estado, aunque cada uno desempeñó un papel diferente en la corte.

Pedro de la Hera era experto astrólogo y vidente, amigo, confidente y asesor de Pérez en la ciencia de los astros. No había semana que el secretario de Estado no lo consultara sobre los vaticinios que lo aguardaban según tomara una u otra decisión. De hecho, fue a De la Hera a quien Antonio Pérez consultó sobre cómo y cuándo asesinar a Juan de Escobedo, su rival político. El astrólogo riojano respondió: «O muere en este mes de marzo o vivirá muchos años». Tras dos intentos fallidos de envenenamiento, Pérez aceleró los planes y la emboscada se consumó el 31 de marzo de 1578.

Rodrigo Morgado también era íntimo de Pérez, pero además de ejercer como astrólogo, se encargaba de organizar la caballeriza del secretario de Estado y actuaba como correo de enjuagues y amoríos entre Pérez y la princesa de Éboli, facilitando los encuentros entre los amantes.

Ambos astrólogos cometieron un error fatal: sabían demasiado sobre el asesinato de Escobedo. Una vez consumado el crimen, Antonio Pérez se vio obligado a silenciar a quienes podían delarlo. Pedro de la Hera, además, traicionó a su benefactor: enfermo, fue consultado por los hijos de Escobedo, que lo contrataron para que adivinara el origen del crimen. De la Hera reveló entonces que «el asesino era persona muy cercana a su padre y que había asistido a su velatorio».

La muerte de ambos astrólogos llegó envenenada. Pérez, consciente de su culpa y de que debía eliminar a cuantos sabían del crimen, preparó un brebaje letal conocido como 'quinta esencia', que ya había ensayado en otros. En palabras del jesuita Enrique Herrera y Oria: «Hallándose De la Hera enfermo, y deseoso Antonio Pérez de deshacerse de él, le preparó un tósigo que tenía ya harto ensayado en otros a quienes hizo sus víctimas por análogos motivos, y que él las propinaba como una medicina a la que daba el nombre de quinta esencia». Rodrigo Morgado probó también la letal 'quinta esencia', en la ciudad de Valladolid, según constan las actas del proceso judicial contra Pérez.

Fuentes de esta historia

  1. Lino Uruñuela, 'Piedra del Rayo'
  2. Enrique Herrera y Oria (jesuita)
  3. Actas del proceso judicial contra Pérez

PED · ART · 00073

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1581-1628

Don Juan de Pedroso y González: fundador de la iglesia de San Juan de Letrán (1581-1628)

Juan de Pedroso y González fue un destacado caballero de la Orden de Santiago nacido en la villa de Pedroso alrededor de 1581. Su trayectoria le llevó a ocupar posiciones relevantes en la Corte de Felipe III, donde residió en…

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Juan de Pedroso y González fue un destacado caballero de la Orden de Santiago nacido en la villa de Pedroso alrededor de 1581. Su trayectoria le llevó a ocupar posiciones relevantes en la Corte de Felipe III, donde residió en Madrid desde al menos 1613 como miembro del Consejo de Guerra y posteriormente del Almirantazgo. En estos cargos, fue encargado de combatir a los rebeldes holandeses durante el reinado felipino, lo que le permitió conocer y tratar con el Conde-Duque de Olivares, principal privado del monarca. Su proximidad a los círculos de poder cortesanos, junto con su condición de caballero santiaguista, revela la importancia política que alcanzó en la administración militar del reino.

El testamento que dictó el 1 de febrero de 1628 en Madrid constituye un documento extraordinario que evidencia tanto su poder económico como su voluntad de dejar un legado permanente en su tierra natal. En él ordenó la construcción de una capilla funeraria dedicada a San Juan de Letrán en Pedroso, a erigirse en el solar de las casas de su padre, buscando con esta advocación vincularla simbólicamente a la célebre basílica romana. Para la obra destinó 1.000 ducados para su edificación y ornato, encomendando la construcción a su sobrino Bernabé Martínez de Pedroso. Complementó esta donación inicial con la fundación de tres capellanías que generarían 600 ducados anuales en rentas, garantizando así el mantenimiento perpetuo del templo, que contaría con tres altares —el mayor y dos colaterales— y dotaría de misa diaria servida por tres capellanes.

La riqueza artística y material destinada a la iglesia fue considerable. Pedroso encomendó que se utilizaran para la ornamentación del templo valiosas pinturas que poseía en su casa madrileña: un Sant Antonio grande con marco dorado, Sant Francisco, varios Cristos en diferentes advocaciones (amarrado a columna, en el suplicio, crucificado, azotado), Santo Gerónimo, San Pablo, San Juan Bautista, San Juan Evangelista, Virgen del Populo, Resurrección de Lázaro, David con Abigaíl e imágenes de Nuestra Señora. La colección se complementaba con valiosas esculturas de bulto: El Niño Jesús, Niño San Juan y dos Cristos que figurarían en los retablos. Estas obras, cuya posesión sugiere conexiones con los ambientes artísticos cortesanos de la época (posiblemente incluso con el pintor Velázquez), trasformaban la capilla en una pequeña joya del patrimonio religioso local.

La dotación de platería y ornamentos era igualmente suntuosa: un brasero de plata con escalfador, un cofrecillo de plata para el sacramento en Jueves Santo, ocho candeleros grandes de plata, cuatro de bugías para la iluminación, fuente y jarro de plata para las abluciones, colgaduras de brocateles, alfombras y tapetes de calidad. Entre las reliquias más preciadas figuraban una cruz de oro que contenía una espina de la corona de Cristo y lignun crucis, fragmento de la cruz verdadera que constituía una reliquia de máximo valor espiritual y material.

Para su funeral y sepultura estableció disposiciones muy precisas: su cuerpo sería trasladado a la capilla mayor donde sería enterrado "prohibiendo que ninguna otra persona yaciera allí" excepto su sobrino Bernabé Martínez de Pedroso, a quien nombraba patrón perpetuo de la iglesia. Tras la muerte de Bernabé, el patronato pasaría a un órgano colegiado constituido por el abad del monasterio de Valvanera, un vicario nombrado por el Obispo de Calahorra-La Calzada, el párroco de la iglesia de El Salvador y el alcalde ordinario de Pedroso, asegurando así una gobernanza plural y duradera de la fundación. Murió en 1628 y su cuerpo fue sepultado en la iglesia que fundó, cuyos muros externos conservaron sus armas junto a la imagen de San Juan Bautista. La iglesia fue consagrada en 1654, pocos años después de su muerte.

El testamento de Pedroso, que repartió nada menos que 17.200 ducados sin contar lo destinado a iglesia y capellanías, revela la magnitud de su patrimonio personal. Poseía una extraordinaria colección de objetos de lujo: doce escritorios (uno de ébano y marfil, dos de plata), cuatro escribanías (dos de plata), cinco cadenas de oro, dos cintillos de diamantes, tres veneras, palanganas y múltiples piezas de platería, vestidos bordados y de colores vistosos, tapices con la historia de los Infantes de Lara, pabellones de seda y brocatel. En su hogar también mantenía cuatro esclavos: Tomé Rubio, a quien concedió libertad en el testamento, y tres cautivos mahometanos —Azán, Alí y Almanzor— a quienes ofreció la libertad si se convertían al cristianismo, revelando así una mentalidad propia de la época respecto a estos cautivos de guerra. Todos estos datos testimonian la importancia política y económica de Juan de Pedroso en los círculos cortesanos de Felipe III, sus conexiones con las artes y la cultura, y su determinación de dejar un legado perdurable y magnificente en su pueblo natal.

Siglos después, durante las guerras napoleónicas de principios del siglo XIX, la iglesia fundada por Pedroso adquiriría un nuevo y dramático significado. Cuando tropas francesas acantonadas en Nájera saquearon la comarca en busca de riquezas, y ante las amenazas de diezmar a la población si no se entregaban los bienes de valor, el Ayuntamiento de Pedroso se vio obligado a despojar la tumba del caballero, entregando sus joyas y tesoros a los soldados franceses. Con esta entrega involuntaria del legado material más valioso que la villa entonces poseía, probablemente se compró la paz y se logró la supervivencia del pueblo ante la furia napoleónica. Los ayuntamientos posteriores reconocerían esta deuda histórica eligiendo las armas de don Juan de Pedroso —aquellas que campean en la fachada de su iglesia— para que representasen a todo el pueblo en su escudo heráldico, convirtiendo así el símbolo de un caballero cortesano del siglo XVII en emblema permanente de la comunidad local.

Fuentes de esta historia

  1. Compendio Histórico de la Muy Ilustre Villa de Pedroso (1786) de Juan Matías Herce
  2. Testamento de Juan de Pedroso (documento citado en el manuscrito)
  3. Mikel Zuza Viniegra, 2018

PED · ART · 00068

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1581-1628

Juan de Pedroso: caballero de Santiago y fundador de la Capilla de San Juan de Letrán

Juan de Pedroso y González (1581-1628) fue un hidalgo natural de Pedroso (La Rioja) que alcanzó considerable relevancia en la administración de la Monarquía Española durante los primeros decenios del siglo XVII. Caballero de la…

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Juan de Pedroso y González (1581-1628) fue un hidalgo natural de Pedroso (La Rioja) que alcanzó considerable relevancia en la administración de la Monarquía Española durante los primeros decenios del siglo XVII. Caballero de la Orden de Santiago e influyente consejero real, dejó un legado perdurable en su villa natal a través de la fundación de la Capilla de San Juan de Letrán, una de las empresas religiosas y artísticas más ambiciosas de su época en la comarca.

Su carrera en la Corte de Madrid resultó notablemente exitosa. Tuvo presencia como consejero del Rey desde al menos 1613, consolidando su posición mediante la solicitud de admisión en la Orden de Santiago en 1623, ingresando oficialmente el 11 de noviembre de ese año. Posteriormente fue nombrado consejero de Guerra en 1623 y consejero de Hacienda en 1624, llegando a participar como miembro en la creación de la Junta del Almirantazgo el 15 de enero de 1625. Además de estas responsabilidades administrativas, redactó un memorial sobre la prohibición de comerciar con rebeldes holandeses, probablemente en torno a 1623, contribuyendo a la definición de la política comercial castellana en momentos de conflicto dinástico.

El testamento de Juan de Pedroso, formalizado el 1 de febrero de 1628 ante el contador Francisco González de Entrena en Madrid y conservado en el Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Madrid (Leg. 4461, fols. 253-259), constituye su obra más notable: la fundación de la Capilla de San Juan de Letrán en Pedroso. Esta iglesia fue erigida en el solar que ocupaban las antiguas casas de su padre Francisco de Pedroso, con una dotación inicial de 1.000 ducados destinados a construcción y ornato. La capilla se concibió con advocación a San Juan de Letrán siguiendo un programa de unionismo espiritual con la basílica romana, según el modelo de la existente en Gibraltar. Si esta unión canónica no fuera posible, se dedicaría a los Santos Juanes con un privilegio para alguno de sus altares y un jubileo para el día de San Juan.

El proyecto arquitectónico fue realizado por artistas madrileños, probablemente durante los años treinta del siglo XVII. La iglesia presenta planta de cruz latina con gran sencillez arquitectónica, caracterizada por una sola nave con tres tramos articulados por pilastras toscanas, presbiterio elevado sobre gradas y muros lisos rematados con cornisa sobre basamento de piedra. Los pilares alternan ladrillos con mampostería ordinaria. La fachada de los pies cuenta con dos cuerpos decrecientes flanqueados por pilares de ladrillos, coronada con espadaña de doble vano con arcos de medio punto. La portada es de piedra labrada en estilo renacentista tardío con influencia madrileña: un solo cuerpo con vano adintelado de molduras escalonadas sostenidas por ménsulas tronco-piramidales, y ático con hornacina rectangular que alberga la escultura de San Juan Evangelista de pie en tres cuartos, con la mano derecha señalando al cordero situado a su izquierda sobre tronco de árbol. A cada lado de la portada aparece el escudo heráldico de Juan de Pedroso con yelmo emplumado de hidalgo, dividido en dos campos: el derecho ocupado por un brazo armado y el izquierdo por una torre surmontada con estandarte.

La construcción del templo implicó complejas negociaciones entre maestros canteros. El 22 de junio de 1630 se llegó a acuerdo entre los canteros, renunciando Pedro de San Miguel y Juan de la Riva a la construcción de la iglesia, siendo compensados por Pedro de Aguilera con 75 ducados cada uno. El 27 del mismo mes, Juan de la Verde (que llegaría a ocupar el cargo de veedor del Obispado de Calahorra-La Calzada) y Rodrigo de la Cantera se obligaban como fiadores de Pedro de Aguilera. El 29 de junio se firmaba el contrato de construcción, con presencia de los canteros Ignacio de Anzola (natural de Marquina, maestro de la obra de Cenicero), Pedro de la Sierra y el campanero Alonso del Valle (de Prabes), que actuaron como testigos. Aunque los plazos iniciales no se cumplieron, hacia 1640 Francisco de Guinea levantaba la fachada bajo la dirección de Félix Domínguez. El coste real superó con creces los 1.000 ducados estipulados en el testamento, causando un dilatado proceso constructivo. El templo fue finalmente consagrado catorce años después, en 1654, con el título de Basílica Sacramental de San Juan de Letrán.

El programa arquitectónico evidencia similitudes con el Convento de las Madres Mercedarias de don Juan de Alarcón en Madrid, remodelado en las mismas fechas, sugiriendo que ambos proyectos compartieron criterios de diseño y circunstancias similares de penuria económica que condujeron a una sencillez arquitectónica caracterizada por la funcionalidad sobre la ornamentación.

La capilla contaba con tres altares: uno mayor y dos colaterales. Las disposiciones testamentarias de Juan de Pedroso especificaban con extraordinario detalle los elementos destinados a ornamentar el templo. Para los retablos, donaba una colección significativa de cuadros de su propiedad, incluyendo representaciones de santos y pasajes de la vida de Cristo de considerable tamaño: una pintura grande de San Antonio con marco dorado, otra de San Francisco, el Cristo amarrado a la columna, escenas de flagelación, resurrección de Lázaro y un cuadro de David con Abigaíl. Complementaban esta colección esculturas de bulto (volumen) del Niño Jesús, San Juan Niño y dos cristos.

El patrimonio mueble se completaba con objetos de platería de alto valor: un brasero de plata con escalfador, un cofre de plata para la custodia eucarística destinado a los días de Jueves Santo, ocho candeleros de plata grandes, cuatro de bugías redondas, una fuente y un jarro de plata. Asimismo, donaba colgaduras de brocatel nuevo, alfombras y tapetes nuevos. Entre las piezas más singulares figuraban dos cruces de reliquias y un relicario con reliquias de la Pasión de Cristo, incluida una espina de la Corona que procedía de la venerada en el Monasterio de la Cartuja de Sevilla.

El funcionamiento de la institución quedó regulado mediante una dotación económica de 600 ducados anuales, distribuidos entre un capellán mayor (200 ducados), dos capellanes ordinarios (150 cada uno), fábrica del templo (80 ducados) y sacristán (20 ducados). Los capellanes debían ser naturales de Pedroso u originarios del Obispado de Calahorra, superar examen de teología y moral, y residir honestamente en la villa sin escándalo público ni otras prebendas. Sus obligaciones incluían celebrar diariamente misa cantada con responso concelebrada entre dos de ellos en turno, y aplicar las misas especiales de difuntos por el alma de Juan de Pedroso, sus padres y antepasados.

La capilla fue diseñada con vocación de continuidad institucional. Juan de Pedroso ordenó que su cuerpo reposara inicialmente en uno de los monasterios madrileños (San Martín o la Santísima Trinidad), siendo trasladado posteriormente a la capilla mayor para su sepultura definitiva bajo sus armas heráldicas. Prohibió que otro cuerpo fuera enterrado en la capilla mayor, salvo el de su sobrino Bernabé Martínez de Pedroso, a quien nombró patrón de la iglesia durante su vida. A la muerte de Bernabé, el patronato pasaría a un órgano colegiado compuesto por el abad del monasterio de Nuestra Señora de Valvanera, un vicario del Obispado de Calahorra-La Calzada y, de Pedroso, el párroco de San Salvador y el alcalde ordinario. Estos deberían seleccionar a los aspirantes a capellanes mediante oposición celebrada en la villa.

Los trabajos artísticos posteriores a la fundación original confirman la calidad y ambición del proyecto. Dos retablos fueron realizados por Francisco Fábrega y Juan de Tarazona hacia 1640. El retablo del lado del evangelio lo preside un lienzo de San Antonio de Padua (barroco de hacia 1640, escuela italiana) y en su ático una Epifanía de escuela madrileña de la primera mitad del XVII. El retablo del lado de la epístola presenta en el primer cuerpo un lienzo del Arrepentimiento de San Pedro (de talleres calceatenses, primera mitad del seiscientos) y una Natividad en el ático (escuela madrileña de mediados de la centuria). En el primer tramo del evangelio existen tres pinturas: dos copias de Tiziano (una Dolorosa y un Ecce Homo) y un Martirio de San Juan Bautista (italiano de la primera mitad del XVII). En la nave de la epístola se localizan obras de Felipe Diriksen: San Pedro, San Juan en Pasmos, San Juan Evangelista, y en la sacristía un Calvario; posiblemente son los únicos cuadros conservados del encargo de 12 lienzos realizado a este pintor en 1643. Un gran lienzo de San Francisco orando (escuela italiana de la primera mitad del siglo XVII) podría identificarse con el «Sant Francisco tambien grande» mencionado en los asientos del testamento.

En la sacristía existía un escudo de hidalgo en madera policromada sobre cruz de Santiago partido de brazo armado y torre surmontada por estandarte, del mediado del XVII, que corresponde a las armas de Juan de Pedroso. Este mismo escudo aparece doblemente flanqueando el ático del retablo de Nuestra Señora del Rosario de la segunda mitad del seiscientos, situado en la capilla de Juan de Villarreal de la parroquia, indicando que también procedía originalmente de la iglesia de San Juan de Letrán. En 1976 se conservaban varios retablos y lienzos procedentes de la iglesia en la iglesia parroquial de El Salvador.

La trayectoria biográfica de Juan de Pedroso revela un caballero de considerable fortuna. El inventario de su testamento documenta la riqueza cuantiosa del personaje: 17.200 ducados en metálico; objetos de lujo como 12 escritorios (varios de ébano, marfil y plata), 4 escribanías de las que dos eran de plata, 3 cuadros y 2 láminas; joyas valiosas incluyendo 5 cadenas de oro, 2 cintillos de diamantes y 3 veneras (dos de oro y una de diamantes); así como 5 vestidos con bordados y de colores, un pabellón de seda y un valioso juego de tapices con la historia de los Infantes de Lara.

Más allá del lujo material, el testamento documenta la piedad y mecenazgo de Juan de Pedroso. Destinó 400 ducados para ayuda del retablo mayor de la iglesia de Santiago de Logroño y 100 ducados para la obra de la iglesia de los padres trinitarios. Como testamentario de su hermano Bernabé de Pedroso, ordenó entregar un valioso cofre de reliquias, pinturas y aderezos de capillas a la capilla de la Concepción del monasterio de San Francisco de Logroño, donde se trasladaría el cuerpo de Bernabé. Asimismo legó "toda la cera de mi casa" a Ana de Albiz, excepto la mitad de las bujías destinadas al altar de Nuestra Señora de Atocha en Madrid.

Particularmente relevante es su legado artístico. Dejó dos pinturas a elegir a Gerónimo de Luna de entre sus obras no destinadas a la iglesia de Pedroso. Más notable aún es el cuadro de San Francisco pintado por Juan Fernández Navarrete, llamado "el Mudo", que fue legado al Conde Duque de Olivares, siendo el único de sus cuadros del que se menciona el autor. La presencia de sus armas heráldicas en la iglesia de San Juan de Letrán indica la relevancia social y política del personaje en su época.

Según la crónica de Juan Matías Herce (1786), la capilla fue dotada de tres capellanes y misa diaria alternada. El cuerpo de Juan de Pedroso permanece sepultado en la iglesia bajo sus armas heráldicas colocadas en la fachada junto a la imagen de San Juan Bautista, titular del templo. La fundación de la Capilla de San Juan de Letrán constituye el testimonio más permanente de la devoción, recursos económicos y sensibilidad artística de este caballero de Santiago, quien logró convertir su patrimonio personal en una institución religiosa y cultural que trascendió su propia existencia para enraizarse en el patrimonio de Pedroso.

Fuentes de esta historia

  1. Testamento de Juan de Pedroso (A.H.P.N.M., Leg. 4461, fols. 253-259)
  2. Juan Matías Herce, Compendio Histórico de la Muy Ilustre Villa de Pedroso (1786)
  3. Testimonios de solicitud de ingreso en la Orden de Santiago (octubre de 1623)
  4. A.H.P.N.M. Protocolos, Leg. 4461. Fols. 253-259
  5. A.H.N. Ordenes Militares. Expediente 6309
  6. A.G.I. Patronato Real, 229. R. 24
  7. A.G.S. Patronato Real. Leg. 15. Doc. 12
  8. A.H.P.N.M. Protocolos. Leg. 4461. Fol. 254-255
  9. Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Madrid
  10. Documentación del Obispado de Calahorra
  11. Hernández Núñez, J. C.: Juan de Pedroso y la fundación de la capilla de San Juan de Letrán de Pedroso, La Rioja. Berceo, 156 (2009), pp. 213-228.
  12. MOYA VALGAÑON, J. G. (dir.): Inventario artístico de Logroño y su provincia. Tomo III. Madrid, 1976.
  13. TOVAR MARTÍN, V.: Arquitectura madrileña del siglo XVII. Madrid, 1983.
  14. A.H.P.N.M. Protocolos, Leg. 4461.
  15. Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Madrid, A.H.P.N.M. Protocolos, Leg. 4461, Fols. 256 vto.

PED · ART · 00058

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1600-1849

Pedroso en la Edad Moderna: esplendor de la industria textil y declive posterior

Pedroso experimentó durante la Edad Moderna una trayectoria marcada por el esplendor inicial seguido de un declive prolongado que se extendería a lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX. Esta evolución económica y demográfica…

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Pedroso experimentó durante la Edad Moderna una trayectoria marcada por el esplendor inicial seguido de un declive prolongado que se extendería a lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX. Esta evolución económica y demográfica refleja tanto el poder de la manufactura textil como la vulnerabilidad de las economías locales ante los cambios estructurales en los circuitos comerciales.

Durante el primer tercio del siglo XVII, la villa gozaba de una considerable prosperidad que le permitía financiar obras de envergadura. El testamento de Juan de Pedroso proporciona un testimonio elocuente de esta situación: la construcción de la Capilla de San Juan de Letrán fue encomendada a maestros canteros de origen montañés, particularmente cántabros especializados en labra de piedra, lo que demuestra que Pedroso contaba con capacidad suficiente para atraer técnicos de prestigio e impulsar proyectos de consideración. La dotación de 600 ducados anuales en perpetuidad para el mantenimiento de la capilla y el sustento de sus capellanes revela la solidez patrimonial acumulada por la familia Pedroso. La riqueza de la época se manifestaba además en donaciones de arte, platería y reliquias de considerable valor, que evidenciaban los contactos de estas familias con centros artísticos y religiosos de relevancia nacional, como el Monasterio de la Cartuja de Sevilla, así como con grandes urbes como Logroño y Madrid.

La iglesia de San Juan de Letrán constituye un testimonio monumental de este período de prosperidad, aunque ha permanecido prácticamente desapercibida para la historiografía actual a pesar de su importancia como obra del período. Su construcción reflejaba la "grandiosidad de su fábrica" y la capacidad de la villa para patrocinar empresas constructivas de envergadura. Sin embargo, la situación actual del edificio contrasta radicalmente con aquel esplendor pretérito: se encuentra en lamentable estado de ruina, cuya definitiva pérdida representaría "un hecho irreparable para la historia y el patrimonio cultural de La Rioja".

El apogeo textil de Pedroso alcanzó su máxima expresión ya entrado el siglo XVIII. Según el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1752, la villa contaba con casi trescientas personas cuya subsistencia dependía de la producción de lienzos y paños. El caserío de esa época se componía de 234 casas habitadas, 18 abandonadas y 20 en estado de ruina o convertidas en solares, lo que evidencia una población significativa aunque ya presentaba signos de debilitamiento.

El siglo XIX presenciaría el colapso definitivo de la estructura económica que había sustentado a Pedroso durante dos siglos. Hacia 1849, la industria se había contraído de forma dramática: existía una única fábrica de paños ordinarios que constituía la mayor riqueza del pueblo, equipada con apenas 8 telares que proporcionaban empleo a 15 operarios. El caserío se había reducido considerablemente a 180 casas habitadas y 53 solares de edificios derruidos, cifras que testifican un descenso tanto demográfico como en la densidad de ocupación del territorio. Este retroceso económico y poblacional refleja cómo la industria textil local no pudo competir en los nuevos sistemas de producción capitalista, condenando a la villa a una larga etapa de estancamiento y emigración.

Fuentes de esta historia

  1. Catastro del Marqués de la Ensenada (1752)
  2. MADOZ, P.: Diccionario geográfico —estadístico— histórico de España y sus posesiones de ultramar. Tomo XII. Madrid, 1849
  3. A.H.P.N.M. Protocolos. Leg. 4461
  4. Análisis historiográfico de la iglesia de San Juan de Letrán

PED · ART · 00059

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Siglo XVII

7 historias

siglos XVII-XVIII

Arquitectura civil de Pedroso: Casas solariegas de los siglos XVII y XVIII

A lo largo de la calle principal (Feliciano Montes) y las plazuelas que la atraviesan (del Tilo y de Martín Navarro) se concentran los principales ejemplares de arquitectura civil. El número 7 de la calle principal es un edificio…

Casa solariega de los Villarreales
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Casa solariega de los Villarreales
Casa solariega de los VillarrealesIgnacio P. · XVIIIVer fotografía ↗

A lo largo de la calle principal (Feliciano Montes) y las plazuelas que la atraviesan (del Tilo y de Martín Navarro) se concentran los principales ejemplares de arquitectura civil. El número 7 de la calle principal es un edificio de tres plantas enlucidas de la segunda mitad del siglo XVIII, con vanos y portada adintelados, puerta de época con herrajes, balcones de hierro, pinturas en fachada, alero de canes de madera tallada y escudo de militar de tres fajas con bordura de aspas y estrellas inscrito "Armas de Villarreal", de estilo rococó. Adosado a esta vivienda existe un arco de triunfo rematado en frontón con cruz, del acceso al camino de la ermita del Patrocinio, datado en la segunda mitad del siglo XVII.

En la plazuela del Tilo, en la acera de la calle de las Viñas, se sitúa un edificio de tres plantas y ático, enfoscado, que porta un escudo de águila explayada con bordura de estrellas, de la primera mitad del siglo XVIII. Otra casa de la misma plazuela, de dos plantas y ático, está construida en ladrillo y mampostería, con vanos y portada de placa y oreja, cornisa con canes de madera tallada y escudo sobre cruz de Calatrava con inscripción "Armas de los Navarrete", fechada en el siglo XVII.

En la plaza Navarro se hallan soportales adintelados en los números 8 y 7, sobre pies derechos de madera y piedra. El número 7 contiene una inscripción que reza: "Instrucción Primaria/ año de 1850/ siendo alcalde/ D. Ignacio Fernz. Lozano". Contiguo al ayuntamiento, que data de 1703 con escudo real, reloj y campana. Casi enfrente, en los números 14 y 16, se encuentran dos casas con pisos sobre soportales adintelados de columnas toscanas y pilastras de pies de roble; la primera de dos plantas y ático, enfoscada, del siglo XVII; la segunda de tres plantas y ático, con fachada de mampostería encadenada y gran cornisa de alero, del siglo XVIII.

En el número 31 hay soportales adintelados sobre columnas toscanas, de dos plantas originariamente, con gran alero de canes de madera tallada, del siglo XVII, ampliado con un piso en el centro durante el siglo XIX. Destaca un caserón de ladrillo de tres plantas, la última en galería de arcos de medio punto, portada adintelada y escudo de militar con cinco cruces flordelisadas con bordura de veros, de finales del siglo XVIII.

En calle Bajera se encuentran varios casarones de importancia. Uno de tres plantas posee fachada de mampostería encadenada con vanos dintelados, herrajes en balcones, cornisa labrada, alero de canes de madera tallada y escudo del siglo XVIII, medio partido, de castillo de tres torres contorneado por banderola, dos leones rampantes enfrentados a sotuer y cortado de águila bicéfala explayada, con inscripción "Armas de Abadiano". Otro de finales del siglo XVIII está enfoscado con portada de medio punto, cornisa de madera y escudo cuartelado, del siglo XVIII. Existe asimismo una casa de mampostería encadenada con escudo cuartelado que lleva la inscripción, parcialmente perdida, en cada cuartel: primero y segundo "Fernández Sanz", tercero "Sanz" y cuarto "Martín Sanz", del siglo XVIII.

En calle San Juan se alza un gran caserón de tres plantas enfoscado, con escudo del siglo XVIII que representa una caldera colgando de llar entre cuatro panelas y aspa en punta con bordura de aspas y dos cerdos en punta.

PED · ART · 00054

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Segunda mitad del siglo XVII, remodelada hacia 1750-1786

Ermita de Nuestra Señora del Patrocinio: Construcción barroca y remodelación madrileña

La Ermita de Nuestra Señora del Patrocinio se localiza dentro del casco urbano de Pedroso y fue construida en la segunda mitad del siglo XVII, siendo reconstruida un siglo más tarde. El edificio está realizado en mampostería,…

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La Ermita de Nuestra Señora del Patrocinio se localiza dentro del casco urbano de Pedroso y fue construida en la segunda mitad del siglo XVII, siendo reconstruida un siglo más tarde. El edificio está realizado en mampostería, ladrillo y sillería con claras influencias madrileñas.

Según el presbítero pedroseño Juan Matías de Herce Anguiano en su "Compendio Histórico de la Villa de Pedroso" de 1786, la ermita debe su fundación a la piedad del venerable sacerdote Juan Domingo Herce, hijo del pueblo, licenciado, Comisario del Santo Oficio de la Inquisición y cura durante 20 años de la parroquia de Pedroso. Se edificó en el mismo sitio donde antes estuvo la ermita de Santo Domingo de la Calzada.

Las obras de la primera época pudieron comenzar hacia 1670, conservándose de ellas la extraordinaria cúpula de media naranja, los retablos, el baldaquino de la virgen, todos ellos de arte barroco, y la mayoría de las imágenes y cuadros. Hacia 1750 se inicia la reestructuración definitiva gracias a la iniciativa de Juan Manuel de Baños, natural de Pedroso y vecino de Madrid.

La imagen de la Virgen del Patrocinio fue realizada en 1670 por el escultor Francisco de la Cantolla, autor también de varias esculturas de la iglesia parroquial.

El proyecto de remodelación fue obra del maestro de obras madrileño Félix Domínguez y del aparejador Agustín Paniagua, quien fue el encargado de terminarla. Las reformas incluían alargar la ermita de siete a ocho varas, quitar la bóveda y tejado, aumentar la altura y reorganizar los espacios. En 1786, el alcalde Salvador Hernández Anguiano impulsó decisivamente el proyecto, remitiendo una carta a todos los hijos del pueblo residentes en distintos puntos de España y América para que contribuyeran a los cuantiosos gastos de la fachada.

Entre las donaciones destaca la del doctor Pedro Ignacio Ibarreta y Ribera, Chantre de la Iglesia Catedral de Guadalajara de Indias (México), que remitió 2.000 reales, sirviendo además para agrandar la casa adyacente que cobijase las tres capellanías que atendían el culto de la ermita. El importe total de las reformas ascendió a 63.781 reales y 10 maravedís, interviniendo en ellas artífices regionales de reconocido prestigio como el arquitecto najerino Francisco de Gurrea, quien materializó la fachada. Juan Manuel de Baños regaló además una campana para la espadaña que culmina la fachada.

Además de Francisco de Gurrea, en la obra intervinieron el cantero Vicente Aranzuri de Huércanos, encargado de la piedra procedente de San Asensio, y Pedro de Arrieta, responsable de las baldosas, tejas y ladrillos.

Estructuralmente, la fachada tiene tres arcos de ingreso al pórtico, está rematada con una espadaña de dos huecos. Su planta es rectangular de una sola nave de cinco tramos, con crucero y cabecera cuadrangular. En su interior destaca los dos retablos, el baldaquino de la virgen del Patrocinio (escultura de una sola pieza), ambos de arte barroco de finales del siglo XVII. También encontramos varias imágenes y cuadros de esa época y una magnífica cúpula decorada con yeserías policromadas.

Fuentes de esta historia

  1. Compendio Histórico de la Villa de Pedroso, Juan Matías de Herce Anguiano (1786)
  2. Pedroso, mil años de historia
  3. Compendio Histórico de la Villa de Pedroso (Juan Matías Herce Anguiano, 1786)
  4. Fernando Luis Alonso Torrecilla

PED · ART · 00050

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Primera mitad del siglo XVII

Iglesia de San Juan: Construcción clasicista del siglo XVII

La iglesia de San Juan, conocida también como San Juan de Letrán, es un edificio clasicista situado en el casco urbano de Pedroso, junto al río. Su construcción se sitúa en la primera mitad del siglo XVII, y según uno de los…

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La iglesia de San Juan, conocida también como San Juan de Letrán, es un edificio clasicista situado en el casco urbano de Pedroso, junto al río. Su construcción se sitúa en la primera mitad del siglo XVII, y según uno de los documentos consultados data concretamente del año 1630. Actualmente se encuentra en estado de ruina, conservando en pie los muros perimetrales y los arranques de las bóvedas, lo que permite todavía apreciar sus características constructivas y artísticas.

El templo fue fundado por el caballero pedroseño Juan de Pedroso, del hábito de Santiago y miembro de los Consejos de Guerra y Hacienda. Además de financiar la fábrica del edificio, instituyó varias capellanías para sostener económicamente a los curas de la iglesia y dotó el culto con ochocientos veinticuatro reales de vellón anuales destinados a cera, aceite, ornatos y culto divino.

El proyecto arquitectónico corrió a cargo de Pedro de Aguilera, maestro que ya había trabajado en la región construyendo la sacristía de la iglesia parroquial de El Salvador. La fachada fue realizada por Francisco de Guinea, quien le imprimió un fuerte sabor madrileño característico del clasicismo de la época; según las fuentes, esta parte de la obra se llevó a cabo bajo la dirección general de Pedro de Aguilera, aunque otro documento atribuye la dirección de la fachada a Félix Domínguez. La construcción combina sillería en la fachada y el zócalo con mampostería encadenada con ladrillo en el resto de la estructura, técnica habitual en la arquitectura religiosa riojana del momento.

La planta responde al esquema de cruz latina, con una única nave organizada en tres tramos, un crucero bien marcado, una cabecera rectangular y una cúpula sobre pechinas que cubría el espacio central. En la cabecera se disponía una cripta, probablemente destinada a funciones de sacristía y enterramientos, como era habitual en los templos de rango. La fachada luce, bajo portada, la imagen de San Juan, titular del templo, flanqueada por los escudos heráldicos del fundador Juan de Pedroso, que subrayan el patronazgo de la familia. El conjunto se remataba con una espadaña de dos huecos para las campanas.

La documentación del Catastro del Marqués de la Ensenada, de 1752, aporta además datos sobre el entorno inmediato del templo: describe una casilla para tejar situada enfrente de la iglesia, así como suelo muerto bajo las casas de Balthasar de Castroviejo Rubio e Ignacio Escudero Ybarreta.

Fuentes de esta historia

  1. Wikipedia: Pedroso (La Rioja), sección Patrimonio
  2. Catastro del Marqués de la Ensenada, Caja 449, Memoriales de Eclesiásticos, Fol 92 rº-vº

PED · ART · 00049

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siglo XVII

Iglesia de San Juan: edificio clasicista en ruina

La Iglesia de San Juan es un edificio clasicista del siglo XVII que se encuentra en estado de ruina, manteniéndose en pie los muros y los arranques de las bóvedas. Se ubica en el casco urbano, al lado del río, siendo su…

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La Iglesia de San Juan es un edificio clasicista del siglo XVII que se encuentra en estado de ruina, manteniéndose en pie los muros y los arranques de las bóvedas. Se ubica en el casco urbano, al lado del río, siendo su construcción de la primera mitad del siglo XVII, obra de Pedro de Aguilera (el mismo que construye la sacristía de la Iglesia del Salvador).

PED · ART · 00038

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Finales del siglo XVII

La Virgen del Patrocinio: Leyenda de su labra y tradición popular

Una leyenda cuenta lo acaecido al tratar de labrar la imagen de la Virgen del Patrocinio a finales del siglo XVII. Según el relato del presbítero Juan Matías de Herce, cuando se intentó la obra de esta maravillosa imagen…

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Una leyenda cuenta lo acaecido al tratar de labrar la imagen de la Virgen del Patrocinio a finales del siglo XVII. Según el relato del presbítero Juan Matías de Herce, cuando se intentó la obra de esta maravillosa imagen sucedieron tres cosas singulares:

"Cuando se intentó la obra de esta maravillosa imagen sucedieron tres cosas singulares. La primera fue que tres veces se echaron a suertes sobre el título y siempre salió el de Patrocinio de María Santísima... La segunda fue, que cuando se cortó la primera madera salió un águila de la eminencia de un árbol. Y la tercer fue que no teniendo el maestro material correspondiente para la imagen, salió a pasearse y vio venir un tronco por el río y lo sacó del que hizo una de las más bellas imágenes del país."

La tradición popular sitúa la aparición de la Virgen del Patrocinio en el Roble de más de 500 años de antigüedad que se encuentra en el camino de las Viñas, perpetuada en una cancioncilla popular que dice:

"La Virgen del Patrocinio ni es comprada ni en vendida, que es bajada del Cielo y en el Roble aparecida".

Fuentes de esta historia

  1. Compendio Histórico de la Villa de Pedroso, Juan Matías de Herce Anguiano (1786)

PED · ART · 00051

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1654 (consagración), siglo XIX-XX (deterioro)

La ruina de la iglesia de San Juan de Letrán

La iglesia de San Juan de Letrán fue fundada por Juan de Pedroso en el siglo XVII y consagrada en 1654, constituyendo un importante edificio religioso para la localidad de Pedroso. Sin embargo, desde finales del siglo XIX, la…

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La iglesia de San Juan de Letrán fue fundada por Juan de Pedroso en el siglo XVII y consagrada en 1654, constituyendo un importante edificio religioso para la localidad de Pedroso. Sin embargo, desde finales del siglo XIX, la iglesia ha experimentado un progresivo y irreversible proceso de ruina que la ha llevado a su completo abandono.

Los primeros síntomas del colapso se remontan a finales del siglo XIX o principios del XX, cuando un párroco permitió que una pequeña gotera en el tejado se agrandase gradualmente. Esta negligencia inicial tuvo consecuencias catastróficas: la techumbre se derrumbó de forma irremediable, imposibilitando cualquier reparación posterior. Ante la catástrofe, se actuó con cierta diligencia salvando algunos de los retablos y cuadros de valor artístico que decoraban el interior, siendo trasladados a la iglesia del Salvador, donde se conservaban aún en el momento de elaboración de estos registros.

A partir de entonces, el edificio ha caído en un estado de abandono extremo. En la actualidad presenta un aspecto desolador: sus puertas están tapadas con maderas, el interior se encuentra cubierto de maleza espesa poblada de saúcos y ortigas, falta el altar y las losas del suelo han desaparecido. Los muros exteriores permanecen en pie, aunque algunos arcos de bóveda se hallan en precario equilibrio. El narrador, siendo niño a finales del siglo XX, tuvo ocasión de acceder al interior de la nave central acompañado por su amigo Miguel Ángel, aprovechando que las maderas de la puerta estaban removidas. Una vez dentro, comprobó cómo la maleza selvática había alcanzado proporciones extraordinarias en el fondo de la nave. Durante aquel viaje infantil encontraron una vaca negra que se había refugiado en el interior del templo, hecho que el narrador interpreta de manera poética como un mensaje del caballero Juan de Pedroso exigiendo que fuera dejado en paz.

La restauración de este edificio parece completamente inviable dada la envergadura de los daños y el crítico estado del conjunto. Ante esta realidad, algunos estudiosos prefieren mantener un sentimiento poético sobre las piedras viejas de San Juan de Letrán, aceptando que el templo inevitablemente se derrumbará, antes que perseguir una restauración que probablemente resultaría imposible de acometer.

Fuentes de esta historia

  1. Tradición oral familiar; observación directa del narrador
  2. Mikel Zuza Viniegra, 2018

PED · ART · 00070

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1699-1700

Pedroso en la Edad Moderna: Independencia del realengo

Durante la Edad Moderna, el concejo de Pedroso, fortalecido por la importancia creciente de la villa, inició gestiones para independizarse de la tutela directa del Monasterio de Santa María de Nájera. Con ese propósito interpuso…

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Durante la Edad Moderna, el concejo de Pedroso, fortalecido por la importancia creciente de la villa, inició gestiones para independizarse de la tutela directa del Monasterio de Santa María de Nájera. Con ese propósito interpuso un pleito ante la Real Chancillería de Valladolid, que concluyó con un acuerdo transaccional: Pedroso seguiría perteneciendo formalmente al monasterio, pero pagaría anualmente 9 ducados de moneda de vellón y un banquete para el abad. Además, el merino nombrado por la villa estaría obligado a bajar al monasterio para jurar su cargo. A cambio, el monasterio cedía el resto de los derechos que poseía en la localidad.

Este arreglo fue definitivamente formalizado en 1699-1700, cuando el monasterio cedió todos sus derechos a cambio de una cantidad única de 3.000 ducados de vellón pagadera por la villa. A partir de entonces, Pedroso se convirtió en villa de dominio realengo, alcanzando su máxima independencia administrativa.

PED · ART · 00043

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Siglo XVIII

3 historias

1711-1718

Reedificación de la torre de El Salvador (1711-1718)

La torre original de la Iglesia del Salvador amenazaba ruina y fue desmontada para hacer otra nueva. Esta obra fue encargada en 1711 al calagurritano Sebastián de Portu, quien con auxilio de Juan de Aguirre y Juan de Morgata la…

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La torre original de la Iglesia del Salvador amenazaba ruina y fue desmontada para hacer otra nueva. Esta obra fue encargada en 1711 al calagurritano Sebastián de Portu, quien con auxilio de Juan de Aguirre y Juan de Morgata la desmontaron. Parece que Sebastián de Portu no cumplió su cometido, rescindiendo el contrato e haciendo uno nuevo en 1711 con Juan de Anguiozar, a quien ayudaron Juan de San Juan y Bautista de Olazábal, concluyendo la obra en 1718. La nueva torre tiene dos cuerpos de planta cuadrada en sillería y mampostería con un tercero superior en forma octogonal de sillería y ladrillo donde se encuentran las campanas.

PED · ART · 00039

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1751-1915

Economía y etnografía de Pedroso: ganadería, industrias tradicionales y patrimonio desde la época moderna

Pedroso ha mantenido a lo largo de la época moderna una economía diversificada basada fundamentalmente en la ganadería, la agricultura, las manufacturas textiles y la explotación forestal. Esta complejidad económica se refleja…

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Pedroso ha mantenido a lo largo de la época moderna una economía diversificada basada fundamentalmente en la ganadería, la agricultura, las manufacturas textiles y la explotación forestal. Esta complejidad económica se refleja tanto en la documentación histórica como en el patrimonio etnográfico y arqueológico conservado.

La ganadería constituía la actividad económica más importante, centrada en el ganado ovino y vacuno. Pedroso formaba parte de una mancomunidad de pastos junto con Camprovín, Bezares, Ledesma de la Cogolla, Torrecilla de Cameros, Nestares, Viguera, Panzares, Sojuela, Santa Coloma y Castroviejo, lo que facilitaba el aprovechamiento comunal de recursos pascícolas. Según el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1751, la villa contaba con ocho pastores ocupados en la guarda de ganado ajeno que ganaban soldada, además de otros que guardaban ganado propio. Pascual Madoz, en su descripción de 1851, confirma la cría de ganado lanar, vacuno y de cerda en la localidad.

El patrimonio etnográfico de Pedroso se organiza en cuatro grupos principales que atestiguan esta actividad. Las obras públicas incluyen caminos y puentes de interés histórico, entre ellos el Puente de Santa Teodosia sobre el río Pedroso, el camino de Entretapias y el camino de los Arrieros. El segundo grupo, referido a la explotación agropecuaria, es de gran importancia cuantitativa. La única majada documentada en el término es la Majada de Santa Teodosia, donde se recogía el ganado durante la noche y se albergaban los pastores; su complejo fue registrado individualizando cada uno de los corrales que la formaban.

Los corrales constituyen sitios cerrados descubiertos usados para guardar animales, ubicados especialmente en el valle del Arroyo de Pedroso. Se trata de construcciones de planta rectangular con aparejo de mampostería de cantos, algunas con cerrado para el ganado en la parte trasera o rodeadas por muros de cantos que delimitan zonas de guarda. El Corral de Los Riojales es un ejemplo documentado. Durante prospecciones arqueológicas se localizaron corrales aislados en varios parajes: el Corral de Daniel Anguiano en Los Hoyos (84 m²), el Corral de Cerrofonso en el Paraje de Cerrofonso (140 m²), el Corral de Las Vueltas (~66 m²) con división en zona cubierta y abierta, y el Corral de Los Hoyos (~100 m²) con muros parcialmente conservados de hasta dos metros de altura.

De mayor importancia etnográfica son los corrales-pajares, construcciones de uso mixto muy frecuentes con planta baja para ganado y primer piso para almacenar grano, ubicadas frecuentemente junto a eras empedradas de uso individual o comunitario. Presentan una tipología homogénea caracterizada por planta baja de mampostería de cantos rodados, alto de adobe con entramado de madera, y tejado de vigas de madera y teja curva a una o dos aguas. Se localizan en barrios como Santa Marina y Santa Ana, estructuras ya documentadas en el Catastro del Marqués de la Ensenada. El barrio de Santa Marina, situado en torno a la ermita homónima, mantiene una estructura urbanística muy significativa de arquitectura popular. El barrio de Santa Ana, en la margen izquierda del río Pedroso, ha sufrido mayor alteración con construcciones posteriores de uso ganadero. En ambos barrios las eras se realizaban con canto rodado configurando patrones decorativos de círculos y radios.

Complementaban estas instalaciones los abrigos, lugares defendidos del viento de origen antrópico o covachas naturales poco profundas, y las salegas, grandes piedras planas donde los pastores colocaban sal para los ganados en el campo, localizadas en lugares soleados denominados salegar o salgero, como las del monte Serradero. Las fuentes y abrevaderos antiguos, junto con otros de construcción más moderna, seguían en uso. Se documentan dos fuentes (Piejosa I y II) en el Paraje Las Vueltas junto al camino de Pedroso a Torrecilla, y cinco abrevaderos distribuidos al este de la villa con formas rectangulares y sistemas de caños.

El Catastro del Marqués de la Ensenada proporciona datos relevantes sobre la diversificación de la economía local. Las Respuestas Generales informan que "en este pueblo ay... ocho pastores que se ocupan en la guarda de ganado ajeno y que ganan soldada de acepción de uno que se ocupa en guarda ganado propio y ajeno". Estos hijos menores de edad se ocupaban en maniobras de la fábrica de paños, mientras leñadores y caballerías se empleaban en conducción y venta de leña. Esta documentación evidencia una diversificación de actividades que integraba la ganadería con manufacturas textiles, explotación forestal y transporte.

La industria textil fue la mayor riqueza de Pedroso durante la época moderna, aunque presentaba síntomas de declive ya a mediados del siglo XIX. Hacia 1786, Juan Matías Herce y Anguiano menciona la existencia de molinos en las Matas y batanes de la fábrica de paños situados sobre el río Naxerilla, a media legua de la villa, en jurisdicción de Tovía, Matute y Anguiano, debido a la escasez de agua del río del pueblo. Madoz documenta hacia 1851 la existencia de una fábrica de paños ordinarios con ocho telares y quince operarios. Casimiro Govantes en los años 1840 menciona la producción de tejidos de lana fina y basta, que exigía una compleja cadena de oficios: fabricantes de paños (menos de 90 hacia 1751), tundidores (menos de 9, algunos con hijos), cardadores (90 en 1751, reducidos a 1-3 hacia 1852), percheros (10 en 1751), tejedores (48 en 1751, con hijos y criados), tintureros (2 en 1751), y tratantes en compra y venta de paños (162 comercios hacia 1852). El oficio de perchar, que consistía en colgar el paño y sacarlo con la carda o carmenar, requería habilidad y dedicación.

Para el transporte y comercio de los tejidos se empleaba a herradores, herreros y veterinario (albéitar). Sin embargo, hacia 1915 la única actividad vinculada con los tejidos documentada es la de vendedor de paños, no la de productor, lo que refleja el declive definitivo de la manufactura local. La actividad de transporte de mercancías, con arrieros y caballerías de alquiler, se mantuvo como complemento a la ganadería durante todo el período, reflejando un comercio vinculado al transporte de mercancías necesarias como trigo, aceite y vino.

La explotación forestal constituyó otro pilar económico importante. El carboneo es el oficio o forma de explotación tradicional más significativa documentada en el término. La importancia económica del carboneo en la historia contemporánea de Pedroso es tal que los pedroseños son conocidos como 'carboneros' en los pueblos vecinos. Se trata de un trabajo que, aunque traspasaba los límites del término municipal, se concentraba especialmente en los bosques cercanos durante los meses de baja actividad agrícola, aprovechando maderas no útiles para otros oficios. La prospección ha localizado treinta y nueve hoyos de antiguas carboneras, demostrando la escala de esta actividad hasta los años sesenta del siglo XX. Estas carboneras presentan características uniformes: hondonadas de forma circular u ovalada con zona elevada alrededor, tamaño variable entre tres y ocho metros de diámetro, generalmente agrupadas y cercanas a caminos de arrastre que atravesaban bosques fundamentalmente de haya y encina.

En el Catastro de 1751 consta que el trabajo de leñador no era actividad exclusiva sino que se combinaba con la de labrador, realizándose principalmente en invierno como complemento de ingresos. El pueblo tenía seis jornaleros labradores puros y mixtos, y unos cuarenta y cinco labradores y leñadores puros y mixtos, con un jornal diario de tres reales. La madera se aprovechaba en múltiples usos: leña para combustible, confección de herramientas y construcción de viviendas. Del aprovechamiento residual se hacían carboneras, de donde se extraía cisco y carbón. A principios del siglo XX, Ceferino Ojeda en su artículo "Dos días en Pedroso" (Rioja Ilustrada, septiembre 1908) refleja que la falda del montecillo que en otro tiempo debió hallarse cubierto de corpulentas hayas y bosque espeso había sido talada. El Anuario de 1915 corrobora que la villa producía cereales, legumbres y abundantes maderas, con fábrica de elaboración de maderas.

Respecto a la composición territorial, el Catastro de 1751 refiere especies de tierra de regadío y secano dedicadas a sembradura y pastos, bosques, matorrales en montes altos y bajos. Cien años después, Govantes (1846) documenta que la situación había variado poco, manteniéndose la abundancia de maderas como recurso de población. Madoz (1851) señala los montes principales: la Mogosa, Tajuelo, Susana, Pinilla y Rebollar, con extensión de 10.950 fanegas de segunda, tercera e ínfima calidad, pobladas de arbolado de haya y encina buena.

La madera creó una cadena de oficios asociados. Además de carpinteros, a comienzos del siglo XX se observa importante desarrollo con varias fábricas: una especializada en bastones para paraguas y sombrillas, una serrería especializada en tablas para tonelería (comercio en el que se especializaron), y en las inmediaciones del pueblo existían ruinas de una fábrica de sillas. Ya en el siglo XX aparecen también dos fábricas para embutidos y salazón de carnes, aprovechando la importancia de la actividad ganadera.

La documentación de oficios del Catastro del Marqués de Ensenada (1751), Contribución territorial (1852) y Anuario de 1915 refleja la diversidad de actividades económicas y servicios del pueblo: abacerías, administrador de alcabalas, albañiles canteros, barberías, boticarios, carnicerías, carteros, cirujanos, comestibles, escribanos, estancos, maestros de niños, médicos, mesoneros, molineros (molinos de harinas), organistas, panaderos, sastres, zapateros, tavarneros y tenderos. Se documenta también la existencia de diversos edificios industriales (nueve en 1852) y hornos tanto para pan como uso mixto (cinco en 1751). Este registro muestra la complejidad de una economía rural que combinaba ganadería, agricultura, artesanía y pequeña industria local.

La demografía del municipio refleja la evolución económica. La población de Pedroso, que a principios del siglo XIX contaba con unos 1.300 habitantes, fue decreciendo a lo largo del siguiente siglo debido a la crisis que experimentó la ganadería lanar y la industria textil, igual que ocurrió en los pueblos de la serranía riojana. A mediados del siglo XIX la población era de unos 1.100 habitantes y a finales alcanzaba 557. Durante la primera mitad del siglo XX la población continuó decreciendo pero a ritmo menor, registrando unos 481 habitantes a mediados de siglo. El descenso se acentuó a partir de los años sesenta: en 1970 su censo era de 252 habitantes, en 1981 de 135 y en la actualidad alrededor de 119. Este declive demográfico está íntimamente ligado al agotamiento de las actividades tradicionales que habían sustentado la economía local.

Fuentes de esta historia

  1. Catastro del Marqués de la Ensenada
  2. Respuestas Generales
  3. Prospección etnográfica
  4. AHPLR. Catastro del Marqués de la Ensenada. Caja 447. Pedroso.
  5. Madoz (1851)
  6. Herce y Anguiano, J. M.: Compendio histórico de la Muy Ilustre Villa de Pedroso. Año 1786. Ed. Parroquia de Pedroso, Pedroso, 2000.
  7. Govantes (1846)
  8. Contribución territorial e industrial de 1852
  9. Anuario 1915
  10. Gloria Andrés Hurtado y Elena M. Pavía Laguna, artículo en revista Berceo núm. 156 (2009), pp. 101-147
  11. AHPLR. Catastro del Marqués de la Ensenada. Caja 447. Pedroso. Preguntas Generales y Libros Mayores de los de Raíz y Personal de Seglares y Eclesiásticos.
  12. Govantes, (1846)
  13. Madoz, (1851)
  14. Rioja Ilustrada 1907-1908. Edición Facsímil. Edición de Mª Pilar Martínez Latre, 1993. Ed. Gobierno de La Rioja, IER y Ayuntamiento de Logroño.
  15. A.I.E.R.: Sign.: 058. ANV. Anuario. Vida Oficial, el Comercio y la Industria. Provincia de Logroño. 1915. Hijos de Alesón-El Riojano. Logroño.
  16. Gloria Andrés Hurtado y Elena M. Pavía Laguna
  17. Revista Berceo 156 (2009), pp. 101-147

PED · ART · 00067

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1759-1761

Pleito por el atrio de la iglesia de San Juan de Letrán (1759): El caso de Francisco Negreira y Quintela

En 1759 se produjo un conflicto entre el capellán mayor Juan Bautista de Bujanda y Francisco Negreira y Quintela, vecino procedente de Galicia que había comprado una casa adosada al muro perimetral del atrio de la iglesia de San…

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En 1759 se produjo un conflicto entre el capellán mayor Juan Bautista de Bujanda y Francisco Negreira y Quintela, vecino procedente de Galicia que había comprado una casa adosada al muro perimetral del atrio de la iglesia de San Juan de Letrán. El atrio o plazuela estaba cerrado por muros del mismo material que la iglesia y mojoncillos. Con el paso de los años, diversas casas se habían adosado a estos muros, incluyendo la que pertenecía originalmente a Ángela Magdalena Escudero, heredada de su madre y abuelos. En 1750, Escudero construyó una habitación que unía la casa al muro perimetral, orientando su tejado hacia el templo y abriendo una puerta en el atrio. Ante protesta del capellán, la puerta fue cerrada y la cuestión zanjada. Sin embargo, en 1757 la casa fue vendida a Francisco Negreira y Quintela.

En julio de 1759, Negreira fue acusado ante el Obispado de Calahorra de tirar maderas en el atrio y utilizar sus muros para fines poco acordes con la dignidad del lugar sagrado. El conflicto se agravó cuando Negreira reabrió la puerta de comunicación al atrio. El 18 de septiembre, el Obispo falló a favor del capellán, considerando el espacio como sagrado y perteneciente a la fábrica del templo, ordenando su cierre en tres días. El 5 de octubre, Juan Bautista de Bujanda cerró la puerta, gastando 64 reales (54 en materiales y mano de obra, 10 en diligencias). Sin embargo, el 14 de octubre Negreira, junto con su criado, reabrió nuevamente la puerta en un día festivo, causando gran revuelo en la población.

En su informe al Obispo, el capellán reveló que Negreira había estado en la cárcel por causa criminal, afirmaba ser pobre pero poseía caballo y trabajo, y se verificó que ocultaba ingresos y hacienda en Galicia. El Obispo ordenó su apresamiento. Negreira fue ingresado en la cárcel real de Pedroso el 23 de octubre, pero el 26 por la noche logró fugarse en connivencia con el alguacil Manuel Lobillo. El 5 de noviembre se remitió la causa a la Chancillería de Valladolid, donde Negreira había apelado, con orden de absolver a Negreira y a las demás personas excomulgadas por la causa en el plazo de sesenta días. La documentación termina con nota de remisión de los originales del 22 de septiembre de 1761, sin especificar el veredicto final.

Fuentes de esta historia

  1. Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Madrid
  2. Documentación del Obispado de Calahorra

PED · ART · 00061

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Siglo XIX

7 historias

1809 (evento legendario); 2018 (recopilación)

La leyenda del tesoro de Don Juan de Pedroso: tradición oral familiar

Una leyenda popular transmitida oralmente durante generaciones en Pedroso narra que las autoridades municipales exhumaron el cadáver del fundador de la iglesia de San Juan de Letrán, Don Juan de Pedroso y González, de su tumba en…

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Una leyenda popular transmitida oralmente durante generaciones en Pedroso narra que las autoridades municipales exhumaron el cadáver del fundador de la iglesia de San Juan de Letrán, Don Juan de Pedroso y González, de su tumba en el interior del templo. Según esta tradición, el cuerpo fue descubierto enterrado sobre una cama de madera, ataviado con sus mejores galas y rodeado de muebles y objetos de lujo —anillos, cadenas y otras alhajas de gran valor— como si estuviera preparado para continuar viviendo. Las joyas fueron despojadas por las autoridades municipal y nunca volvieron a aparecer en el pueblo.

La cadena de transmisión oral de esta historia es bien documentada. Según la tradición familiar de los Viniegra, el tatarabuelo Juan Viniegra, nacido hacia 1800, presenció este descubrimiento siendo muy niño, escondiéndose para observar el evento. Relató lo que había visto a sus hijos, entre ellos Saturnino Viniegra, quienes a su vez lo narraban a la siguiente generación. El relato llegó al abuelo Fermín, que lo transmitió a su hija Elisa y al narrador moderno, Mikel Zuza Viniegra. En cada transmisión, la historia se enriqueció con detalles imaginativos inspirados en imágenes de conquistadores españoles: un morrión con barbuquejo, una coraza plateada, barras de oro.

Los narradores contemporáneos han especulado sobre las causas históricas reales de este acto de profanación. La hipótesis más convincente sitúa el evento aproximadamente 150 años después de la muerte de Juan de Pedroso, lo que coincidiría con la década de 1800, durante el contexto de la Guerra de la Independencia. Un probable catalizador fue el saqueo napoleónico de 1809. El 20 de diciembre de ese año, soldados franceses de Napoleón acantonados en Nájera saquearon el monasterio de San Millán de la Cogolla y toda su comarca, extrayendo cerca de cuarenta arrobas de oro, plata y piedras preciosas, incluido el recubrimiento de la arqueta de San Millán, obra encargada por el rey navarro Sancho IV el de Peñalén hacia 1070, cuyas tablillas de marfil desaparecieron en ese saqueo. Los soldados napoleónicos amenazaban a cada población con diezmar a sus habitantes si no se les entregaba todas sus riquezas.

En ese contexto de urgencia, hambruna y depredación militar, la comunidad de Pedroso pudo haber decidido exhumar el cadáver de Don Juan para acceder a los bienes enterrados con él: un tesoro de reliquias, objetos de oro y plata, así como la propia riqueza acumulada en la iglesia que él fundó. La leyenda familiar conserva este hecho como memoria de una necesidad extrema más que de un verdadero delito, entretejiendo la biografía de un personaje ilustre del siglo XVII con los traumas de las guerras napoleónicas.

La vigencia de esta leyenda en la memoria colectiva del pueblo quedó reflejada cuando el narrador, siendo niño, intentó buscar aún los restos del tesoro junto a su amigo Miguel Ángel, colándose por las puertas derruidas de la iglesia en ruinas, aunque la búsqueda resultó infructuosa. Aunque documentos históricos de 1786 confirman que Juan de Pedroso fue efectivamente enterrado en la iglesia con sus armas heráldicas visibles en la fachada, lo que sugiere un funeral de dignidad, los detalles específicos del ajuar funerario permanecen en el ámbito de la leyenda familiar. La historia ejemplifica cómo los pueblos rurales españoles han preservado y transmitido su memoria histórica a través de cadenas familiares orales, uniendo «fantasía y realidad» con base histórica, incluso cuando los documentos escritos han desaparecido.

Fuentes de esta historia

  1. Transmisión oral familiar Viniegra-Fermín
  2. Relato oral familiar transmitido desde Juan de Viniegra (c. 1810-1890), recogido por narrador moderno
  3. Mikel Zuza Viniegra, 2018

PED · ART · 00069

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1827-1834

Control municipal de servicios públicos y vida cotidiana en Pedroso (1827-1834)

Durante el primer tercio del siglo XIX, el ayuntamiento de Pedroso mantiene un control efectivo sobre las actividades esenciales del pueblo, como demuestran los registros del archivo parroquial de 1827. La corporación municipal…

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Durante el primer tercio del siglo XIX, el ayuntamiento de Pedroso mantiene un control efectivo sobre las actividades esenciales del pueblo, como demuestran los registros del archivo parroquial de 1827. La corporación municipal gestiona directamente los servicios de mantenimiento, sanidad, educación, seguridad y celebraciones festivas.

En materia de infraestructuras, el ayuntamiento encarga limpiezas de fuente (como la Fuente de Vado) y mantenimiento de caminos (camino de Santa Ana), pagando a los mozos 6 reales de vellón por estos trabajos.

La seguridad es una competencia importante: el ayuntamiento paga a vecinos por eliminar depredadores (328 reales en 1827 a un vecino de Santo Domingo de la Calzada por traer una piedra para la fábrica de paños destinada a aguzar tijeras de tundir), y mantiene voluntarios realistas para "velar por la tranquilidad pública" con una asignación de 22 reales.

En materia de educación y salud, el ayuntamiento contrata maestro de primeras letras con pago de 308 reales y 12 maravedís, trae periódicamente al médico de Torrecilla por 108 reales para realizar visitas generales, y encarga al cura párroco la compra de un baño de hoja de lata en Logroño por 260 reales para atender enfermedades comunes del pueblo.

Las celebraciones religiosas requieren gastos significativos: en las fiestas de la Virgen del Patrocinio y San Roque se pagan campanadas y cierre de la plaza para funciones de novillos. El día de San Blas es especialmente notable: por mandato del alcalde se compra comida para todo el pueblo, consumiéndose en 1827 un total de 26 libras de besugos, media arroba de carnero, tres cántaras de vino, pan, aceite y aceitunas, con coste total de 1.161 reales. Asimismo, se paga a los mozos 12 reales por tocar a Santa Águeda.

Otros gastos puntuales incluyen el mantenimiento del reloj (dar cuerda), extinción de incendios (como el del monte San Cristóbal con viento y frío), servicios del cirujano, e instrucción musical a niños (de enero a marzo).

A partir de 1834 aproximadamente, este modelo comienza a transformarse cuando el ayuntamiento deja de arrendar directamente los oficios de abastecimiento y comienza a vender sus edificios de propiedad donde funcionaban estos servicios, proceso probablemente vinculado a la liberalización o desamortización de la economía durante el reinado de Isabel II.

Fuentes de esta historia

  1. Archivo parroquial de Pedroso (registros de 1827)

PED · ART · 00074

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1846-1849

Pedroso en el siglo XIX: Estructura eclesiástica y administración parroquial

La parroquia de Pedroso a mediados del siglo XIX estaba compuesta por un cura párroco de nombramiento de S. M. y del ordinario en alternativa conforme al concordato, junto con 3 beneficiados con título perpetuo de nombramiento…

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La parroquia de Pedroso a mediados del siglo XIX estaba compuesta por un cura párroco de nombramiento de S. M. y del ordinario en alternativa conforme al concordato, junto con 3 beneficiados con título perpetuo de nombramiento del cabildo. El pueblo disponía además de 4 ermitas con culto público: Nuestra Señora del Patrocinio, San Juan de Letrán, Santa Marina y Santa Teodosia. Las dos primeras ermitas contaban cada una con 3 capellanes presentados por sus respectivos patronos, proporcionando así un aparato religioso significativo para la época.

Fuentes de esta historia

  1. Madoz, 1849, pp. 750-751
  2. Diccionario geográfico-histórico de España (Govantes, 1846)

PED · ART · 00046

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1849

Geografía y recursos hídricos de Pedroso en el siglo XIX

Título: Geografía y recursos hídricos de Pedroso en el siglo XIX Categoría: Territorio y origen Época: 1846-1849 Contenido: El término de Pedroso confina con Ledesma, Torrecilla de Cameros, Anguiano y Matute. Junto al pueblo…

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Título: Geografía y recursos hídricos de Pedroso en el siglo XIX Categoría: Territorio y origen Época: 1846-1849 Contenido: El término de Pedroso confina con Ledesma, Torrecilla de Cameros, Anguiano y Matute. Junto al pueblo discurre un arroyo que lleva el nombre de Pedroso, cuyas aguas se utilizaban para regar más de 30 fanegas de tierra e impulsar un molino harinero. Para aprovechar este recurso hídrico existe un cubo de piedra labrada muy dura, obra muy antigua. El terreno participa de monte y llano, aunque predomina la clase montañosa. En él se hallan los montes llamados la Mogosa, Tajuelo, Susana, Pinilla y Rebollar, con una extensión de 10.950 fanegas de segunda, tercera e ínfima calidad, pobladas por arbolado de haya y encina de buena calidad.

Fuentes de esta historia

  1. Madoz, 1849, pp. 750-751

PED · ART · 00036

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siglo XIX

Demografía y declive de Pedroso desde el siglo XIX

A partir de la Edad Contemporánea, desde principios del siglo XIX, la población de Pedroso experimentó un declive sostenido, paralelo a la contracción del hilado de paños que había sustentado su prosperidad medieval y moderna. A…

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A partir de la Edad Contemporánea, desde principios del siglo XIX, la población de Pedroso experimentó un declive sostenido, paralelo a la contracción del hilado de paños que había sustentado su prosperidad medieval y moderna. A mediados del XIX, la villa contabilizaba 1.038 habitantes.

En el decimosegundo volumen del Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, redactado por Pascual Madoz, Pedroso aparece descrito como villa con ayuntamiento en la provincia de Logroño, a 7 leguas de la capital provincial, 3 de Nájera, 17 de Burgos y 13 de Calahorra. Geográficamente, la villa se situaba a la margen derecha del Najerilla en la falda septentrional de la sierra del Serradero, gozando de buena ventilación y clima saludable aunque frío.

En cuanto a equipamientos, poseía 180 casas habitadas y 53 solares de edificios derruidos (algunos reparados para familias pobres), un hospital con rentas modestas, escuela de primeras letras para ambos sexos (dotada con 3.700 reales, a la que asistían 127 niños y 30 niñas), iglesia parroquial de San Salvador con cura de nombramiento real y ordinario y 3 beneficiados, y 4 ermitas con culto público dedicadas a Ntra. Sra. del Patrocinio, San Juan de Letrán, Santa Marina y Santa Teodosia. Las dos primeras ermitas contaban con 3 capellanes cada una, presentados por sus respectivos patronos.

El término limítaba con Ledesma, Torrecilla de Cameros, Anguiano y Matute. Junto al pueblo discurría el Arroyo de Pedroso, cuyas aguas regaban más de 30 fanegas de tierra e impulsaban un molino harinero. Para aprovechamiento de estas aguas, existía un cubo de piedra labrada muy dura de antigua construcción.

PED · ART · 00045

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siglos XIX-XX

Fiestas y tradiciones de Pedroso

Pedroso posee un calendario festivo profundamente vinculado a las devociones marianas y a la exaltación de sus productos locales. Las festividades patronales tienen lugar el 15 y 16 de agosto, dedicadas a la Virgen y San Roque.…

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Pedroso posee un calendario festivo profundamente vinculado a las devociones marianas y a la exaltación de sus productos locales. Las festividades patronales tienen lugar el 15 y 16 de agosto, dedicadas a la Virgen y San Roque. Junto a estas, destaca una festividad histórica en honor a la Virgen del Patrocinio, que originalmente se celebraba el segundo sábado de noviembre como jornada de "acción de gracias". Con el paso del tiempo, estas celebraciones fueron trasladadas al 8 de septiembre, y desde hace unos años se festeja el segundo sábado de ese mes. Una procesión complementaria tiene lugar el segundo sábado de mayo, cuando la Virgen del Patrocinio es trasladada desde su ermita a la iglesia parroquial para ser llevada nuevamente a la ermita durante las fiestas de gracias.

Aprovechando la tradición ancestral de la Virgen del Patrocinio, desde hace años se ha establecido la Fiesta de la Nuez, celebrada el segundo domingo de noviembre, que se ha convertido en la jornada más significativa para dar a conocer los productos típicos de la villa. Durante esta festividad, los visitantes pueden degustar una amplia variedad de productos gastronómicos locales: caparrones, chuletones de ternera, cordero asado, pimientos rellenos, sopas de ajo, torrejas y bollos, así como salazones y embutidos que incluyen chorizo, salchichón, jamón y panceta, productos que gozaron de gran fama a principios del siglo XX. La oferta se completa con licores caseros elaborados con cocón, pacharán o maguillas. La feria cuenta con aproximadamente 20 puestos de alimentos típicos de la zona, exposiciones en la iglesia y se ameniza con danzas populares del grupo denominado 'Virgen del Patrocinio'. El éxito y la afluencia de esta feria crecen año tras año, atrayendo visitantes al municipio para degustar la nuez de Pedroso, el producto más característico de la localidad.

Pedroso ha realizado una labor importante de recuperación de sus tradiciones y actividades típicas desaparecidas. Destaca especialmente la recuperación de las viejas danzas que en épocas pasadas ejecutaban los mozos, ataviados con trajes antiguos, al son de gaitas. Otra tradición recuperada es El Mayo, consistente en un árbol de unos 20 metros de altura, generalmente haya, que se clava en el centro de la villa el primer día de mayo. Una vez concluido el mes, se retiraba para subastarlo; con los ingresos obtenidos, los mozos preparaban una merienda. Complementan el panorama festivo otras costumbres como la quema del judas el Domingo de Pascua, las cencerradas y las serenatas, que mantienen viva la memoria colectiva de las prácticas tradicionales del pueblo.

En el ámbito de la artesanía local, merecen atención la fabricación de escobas de berezo, confeccionadas según los métodos antiguos, y la destreza de las mujeres de Pedroso en actividades textiles como el tejido y el ganchillo.

PED · ART · 00055

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1874-1938

La emigración de Pedroso a América (1874-1938): Causas y destinos principales

Entre aproximadamente 1874 y 1938, Pedroso (La Rioja) experimentó una emigración masiva hacia América del Sur, que transformó profundamente la demografía y la estructura social del municipio. Argentina se consolidó como el…

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Entre aproximadamente 1874 y 1938, Pedroso (La Rioja) experimentó una emigración masiva hacia América del Sur, que transformó profundamente la demografía y la estructura social del municipio. Argentina se consolidó como el destino preferente, especialmente Buenos Aires, aunque también se documentó presencia notable de emigrantes pedrosanos en Mar del Plata y San Nicolás. Junto a estos enclaves argentinos, la emigración alcanzó otros territorios americanos: Uruguay, particularmente Trinidad-Flores; México, especialmente Quintana Roo; Chile, con presencia en Santiago; Cuba, principalmente La Habana; y Brasil, con registros en São Paulo.

La emigración fue motivada fundamentalmente por razones económicas, que encontraron en América oportunidades de enriquecimiento y mejora social. Sin embargo, durante la segunda década del siglo XX se añadió otra causa imperiosa: la necesidad de evadir el servicio militar obligatorio. Numerosos emigrantes fueron declarados prófugos de reclutamiento por la Comisión Mixta de Reclutamiento —principalmente entre 1912 y 1933— o la Junta de Clasificación y Revisión, lo que convirtió la emigración en una salida desesperada para muchas familias jóvenes.

En destino, los pedrosanos demostraron gran capacidad de iniciativa empresarial. Muchos se establecieron como comerciantes u hombres de negocios: Martín Navarro Matute participó en la tienda "Los Gallegos" en Mar del Plata, mientras que Lucas Navarro Montes formó parte de la empresa "Los Navarros". Otros lograron movilidad social mediante la educación superior, como el caso notable de Pablo Pérez del Cerro Barrenengoa, quien concluyó la carrera de abogado en Buenos Aires en 1914. Casos excepcionales como el de Ruperto Prado Pérez, quien emigró a Quintana Roo en 1910, se convirtieron en impulsores destacados de industrias regionales, como la producción de chicle, y contrajeron matrimonio con la población local, en este caso con Virginia Fuentes.

Algunos emigrantes alcanzaron prominencia social en sus comunidades de destino. Sotero Torrea Pérez, durante su estancia temporal en La Habana en 1908, financió incluso los fuegos artificiales de las fiestas de su pueblo natal, demostrando el orgullo y los vínculos afectivos que muchos mantenían con Pedroso. Del mismo modo, Antonia Ruiz Blasco, residente en Buenos Aires, figuraba aún en el padrón de 1930 de Arnedo, lo que refleja la permeabilidad administrativa de estos flujos migratorios.

La documentación disponible revela que muchos emigrantes mantuvieron vínculos legales y familiares con Pedroso incluso tras instalarse en América. Realizaron escrituras de mandato desde el destino —como Ambrosio Hernández Sáez en 1885— para gestionar sus asuntos en la localidad. Asimismo, se casaron según la ley española incluso después de emigrar, como Calixto Turza Alesón, quien contrajo matrimonio en Uruguay el 7 de mayo de 1887. En algunos casos, familias completas emigraban juntas: los hermanos Antonio, Isabel y Manuel Turza Alesón marcharon con sus padres a Trinidad y Flores en Uruguay, mientras que Pedro Turza Novoa emigró con su mujer Jacoba Alesón Bernádez y sus tres hijos —Antonio, Manuel e Isabel—, realizando una estancia temporal en Logroño en 1901.

La documentación muestra también el retorno temporal de emigrantes, constatable en los padrones municipales de 1900, 1909 y 1915, así como la presencia de emigrantes de la siguiente generación nacida en América: Ángela Ventosinos Ruiz, hija de Antonia Ruiz Blasco, nació en Argentina en 1920. El destino final de muchos emigrantes fue la permanencia en América: Pilar Sierra Zaldívar falleció en Buenos Aires en 1995, y Bertoldo Velasco Larios, hijo de Juan y Baldomera, falleció en São Paulo el 2 de enero de 1993. Otros casos documentados incluyen a Pedro Antonio Sáenz Lombilla, fallecido en La Habana antes de 1838, quien fue uno de los pioneros en esta cadena migratoria que caracterizó a Pedroso durante casi siete décadas.

Fuentes de esta historia

  1. Padrón de emigración de Pedroso (La Rioja)

PED · ART · 00062

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Siglo XX

3 historias

1912-1933

Prófugos de reclutamiento: La evasión del servicio militar como motor de emigración (1912-1933)

Durante las primeras tres décadas del siglo XX, la necesidad de evadir el servicio militar obligatorio español se convirtió en un factor decisivo para la emigración desde Pedroso. Entre 1912 y 1933, más de 40 varones fueron…

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Durante las primeras tres décadas del siglo XX, la necesidad de evadir el servicio militar obligatorio español se convirtió en un factor decisivo para la emigración desde Pedroso. Entre 1912 y 1933, más de 40 varones fueron declarados formalmente como prófugos de reclutamiento por la Comisión Mixta de Reclutamiento o la Junta de Clasificación y Revisión, según consta en la documentación administrativa del período.

Los registros del padrón de emigración de Pedroso revelan un patrón consistente durante estos años: jóvenes varones se marchaban a América, frecuentemente sin avisar a las autoridades locales, y cuando se convocaban los alistamientos militares eran declarados prófugos. La administración de reclutamiento del Estado español identificaba y documentaba sistemáticamente a estos evasores, manteniendo registro tanto de la declaración de prófugo como de la ruta migratoria elegida. Entre los casos documentados se encuentran Félix Pérez Pérez (hijo de Martín y Jacinta), declarado prófugo por la Comisión Mixta de Reclutamiento en 1913 y emigrado a Argentina; Ángel Ruiz Blasco (hijo de Jesús y Ramona), declarado prófugo en 1916 con destino también a Argentina; y Donato Velasco Larios (hijo de Juan y Baldomera), declarado prófugo en 1913 e igualmente emigrado a Argentina.

Algunos casos extremos llegaron al procesamiento penal por falta de concentración. Ambrosio Anguiano Hernáez fue procesado por la autoridad militar en 1922 por no presentarse al servicio activo. La mayoría de los prófugos, sin embargo, lograba cruzar el Atlántico antes de ser sancionados formalmente, aunque la declaración administrativa de prófugo impedía legalmente el regreso a España sin someterse a proceso judicial, consolidando para muchas familias pedrosanas la condición de emigrante permanente.

Este fenómeno no fue exclusivo de Pedroso, sino que se observa en toda La Rioja y España en general durante la época previa a la Primera Guerra Mundial y el conflicto de Marruecos. Los registros conservados en el padrón local revelan cómo la administración municipal mantenía seguimiento de los conflictos entre las obligaciones militares del Estado y los movimientos de población que caracterizaron la España de principios del siglo XX, documentando la tensión entre el poder estatal y las estrategias de supervivencia de una población rural en busca de oportunidades en el extranjero.

Fuentes de esta historia

  1. Padrón de emigración de Pedroso (La Rioja)

PED · ART · 00063

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finales Edad Media - mediados siglo XX

Economía medieval y moderna de Pedroso: de la manufactura textil al declive contemporáneo

Desde finales de la Edad Media, Pedroso desarrolló una economía basada en la transformación de la lana procedente de sus propios rebaños y de los pueblos vecinos en un sector manufacturero de gran envergadura. El proceso completo…

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Desde finales de la Edad Media, Pedroso desarrolló una economía basada en la transformación de la lana procedente de sus propios rebaños y de los pueblos vecinos en un sector manufacturero de gran envergadura. El proceso completo de elaboración de textiles —lavado de lanas, cardado, hilado, tintado, bataneo, tundido y perchado— se realizaba íntegramente en la villa, convirtiendo a Pedroso en un centro productor de paños, bayetas y tela de lana basta de relevancia regional. Esta especialización económica quedó ampliamente documentada en múltiples contratos que probaban la confianza que otras instituciones depositaban en la calidad de sus productos.

La importancia de Pedroso como proveedor de textiles alcanzó su máxima expresión en época moderna. Un documento de 1711 prueba que los vecinos de Pedroso se comprometían a abastecer a las tropas reales con 18.000 varas de paño blanco y turquesa, transportándolas y depositándolas en los almacenes reales. Paralelamente a la manufactura textil, la villa también desarrolló agricultura, ganadería, arriería y comercio, diversificando sus fuentes de riqueza.

Esta especialización económica convirtió a Pedroso en un pueblo próspero durante los siglos XVII y XVIII. Según el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1751, Pedroso alcanzó su máxima población con aproximadamente 1.350 habitantes, cifra que refleja su apogeo como centro manufacturero y comercial de la comarca. Fue durante este período cuando la villa se integró en la Real Sociedad Económica de La Rioja entre 1790 y 1801, participando así en los ideales ilustrados de mejora económica y social propios de las sociedades de amigos del país del siglo XVIII.

A mediados del siglo XIX, la estructura económica de Pedroso se mantenía en apariencia similar, aunque con síntomas claros de debilitamiento. La economía seguía basándose fundamentalmente en la agricultura, la ganadería y la industria textil, pero el panorama había cambiado significativamente. La producción agrícola incluía cereales como trigo, cebada, centeno y avena, junto con legumbres diversas (habas, judías, arvejas, garbanzos, comuña, alholvas y yeros) y patatas. La ganadería comprendía ganado lanar, vacuno y de cerda, mientras que la fauna silvestre proporcionaba caza de conejos y perdices, sustanciosos complementos de la dieta local.

Sin embargo, la industria textil, que había sido el motor económico durante siglos, iniciaba un proceso irreversible de declive. La mayor riqueza del pueblo provenía aún de una fábrica de paños ordinarios que empleaba 8 telares y ocupaba a 15 operarios, pero su capacidad productiva y comercial se veía reducida. El comercio principal se basaba en la exportación de paños e importación de trigo, aceite y vino en cantidad considerable, aunque estas cifras no podían compararse con el esplendor de siglos anteriores.

A partir de mediados del siglo XIX, la industria textil desapareció completamente, obligando a la comunidad a buscar alternativas económicas. Pedroso desarrolló entonces nuevas actividades derivadas del aprovechamiento del monte —la carbonería y cisquería— y de la madera, donde proliferaron talleres de fabricación de bastones, camas, sillas, mesas y lavabos de madera. La chacinería se convirtió en otra actividad relevante, permitiendo que Pedroso adquiriese fama por sus salazones y embutidos de ganado de cerda engordado con bellota, productos que dieron a la villa cierto renombre en la comarca.

Sin embargo, la desaparición de estas actividades a mediados del siglo XX, junto con el creciente reclamo que ejercía la ciudad sobre la población rural, provocó el declive demográfico que caracteriza a Pedroso en la actualidad. La transformación económica que había sostenido la prosperidad medieval, moderna y decimonónica de la villa no pudo ser compensada por iniciativas posteriores, dejando a Pedroso como testimonio de cómo la especialización productiva, aunque sea exitosa durante siglos, puede resultar vulnerable a los cambios económicos estructurales.

Fuentes de esta historia

  1. Madoz, 1849, pp. 750-751
  2. Diccionario geográfico-histórico de España (Govantes, 1846)

PED · ART · 00044

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Siglo XX-XXI

La Nuez de Pedroso: Denominación de Origen y producto característico

La Nuez de Pedroso constituye el producto más característico del municipio riojano, amparado por una Marca Colectiva gestionada por la Asociación Profesional de Productores de Nuez El Nogueral. Se trata de un fruto cultivado…

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La Nuez de Pedroso constituye el producto más característico del municipio riojano, amparado por una Marca Colectiva gestionada por la Asociación Profesional de Productores de Nuez El Nogueral. Se trata de un fruto cultivado tradicionalmente en la localidad, que ha sido objeto de Denominación de Origen Protegida y que disfruta en la actualidad de una expansión en franca aceleración gracias a los esfuerzos de promoción llevados a cabo en los últimos años.

Las características organolépticas de la Nuez de Pedroso la hacen inconfundible en el mercado. Destaca por su intenso sabor, tamaño medio y, particularmente, por su cáscara fina y lisa con tonalidades pardas variables según la variedad. El distintivo de calidad protege específicamente las nueces con cáscara de categoría Extra de la especie Juglans Regia L. cultivadas en La Rioja y comercializadas envasadas. La producción se realiza de forma manual y familiar, con plantaciones y envasadores inscritos en registros específicos que garantizan la autenticidad del producto. Las nueces se comercializan envasadas mostrando en su etiqueta el logotipo de la marca colectiva: el dibujo del fruto bajo la leyenda Nuez de Pedroso.

Desde el punto de vista nutricional, la Nuez de Pedroso presenta numerosos beneficios para la salud. Reduce los niveles de colesterol y triglicéridos en la sangre y es un producto rico en fósforo, calcio, hierro y potasio con alto aporte calórico e idealmente nutritivo para contrarrestar esfuerzos físicos. Favorece la circulación, previene enfermedades cardiovasculares y contribuye al buen funcionamiento cerebral por su alto contenido en proteínas y oligoelementos.

La feria anual de la Nuez, celebrada en noviembre, ha experimentado un éxito creciente año tras año, atrayendo a visitantes del exterior que acuden al pintoresco municipio para degustar este fruto característico. Durante estos encuentros se comercializan, junto a las nueces, otros productos típicos de la zona, reflejando la importancia de la gastronomía y la agricultura local en la economía e identidad del pueblo. La Marca Colectiva ha sido fundamental en este crecimiento, fomentando no solo el desarrollo sino la consolidación de un cultivo que ha encontrado en el comercio local y en la gastronomía regional una vía de expansión sostenida.

PED · ART · 00056

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Contexto · Wikipedia

Pedroso es un municipio de España perteneciente a la comunidad autónoma de La Rioja. Situado en la cuenca del río Najerilla, forma parte de la Rioja Alta y de la comarca del Alto Najerilla. Tiene una población de 89 habitantes.

Fuente: Wikipedia — «Pedroso (La Rioja)» · texto bajo licencia CC BY-SA 4.0 · consultado el 13 de agosto de 2026.