Durante el primer tercio del siglo XIX, el ayuntamiento de Pedroso mantiene un control efectivo sobre las actividades esenciales del pueblo, como demuestran los registros del archivo parroquial de 1827. La corporación municipal gestiona directamente los servicios de mantenimiento, sanidad, educación, seguridad y celebraciones festivas.
En materia de infraestructuras, el ayuntamiento encarga limpiezas de fuente (como la Fuente de Vado) y mantenimiento de caminos (camino de Santa Ana), pagando a los mozos 6 reales de vellón por estos trabajos.
La seguridad es una competencia importante: el ayuntamiento paga a vecinos por eliminar depredadores (328 reales en 1827 a un vecino de Santo Domingo de la Calzada por traer una piedra para la fábrica de paños destinada a aguzar tijeras de tundir), y mantiene voluntarios realistas para "velar por la tranquilidad pública" con una asignación de 22 reales.
En materia de educación y salud, el ayuntamiento contrata maestro de primeras letras con pago de 308 reales y 12 maravedís, trae periódicamente al médico de Torrecilla por 108 reales para realizar visitas generales, y encarga al cura párroco la compra de un baño de hoja de lata en Logroño por 260 reales para atender enfermedades comunes del pueblo.
Las celebraciones religiosas requieren gastos significativos: en las fiestas de la Virgen del Patrocinio y San Roque se pagan campanadas y cierre de la plaza para funciones de novillos. El día de San Blas es especialmente notable: por mandato del alcalde se compra comida para todo el pueblo, consumiéndose en 1827 un total de 26 libras de besugos, media arroba de carnero, tres cántaras de vino, pan, aceite y aceitunas, con coste total de 1.161 reales. Asimismo, se paga a los mozos 12 reales por tocar a Santa Águeda.
Otros gastos puntuales incluyen el mantenimiento del reloj (dar cuerda), extinción de incendios (como el del monte San Cristóbal con viento y frío), servicios del cirujano, e instrucción musical a niños (de enero a marzo).
A partir de 1834 aproximadamente, este modelo comienza a transformarse cuando el ayuntamiento deja de arrendar directamente los oficios de abastecimiento y comienza a vender sus edificios de propiedad donde funcionaban estos servicios, proceso probablemente vinculado a la liberalización o desamortización de la economía durante el reinado de Isabel II.
