A partir de la Edad Contemporánea, desde principios del siglo XIX, la población de Pedroso experimentó un declive sostenido, paralelo a la contracción del hilado de paños que había sustentado su prosperidad medieval y moderna. A mediados del XIX, la villa contabilizaba 1.038 habitantes.
En el decimosegundo volumen del Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, redactado por Pascual Madoz, Pedroso aparece descrito como villa con ayuntamiento en la provincia de Logroño, a 7 leguas de la capital provincial, 3 de Nájera, 17 de Burgos y 13 de Calahorra. Geográficamente, la villa se situaba a la margen derecha del Najerilla en la falda septentrional de la sierra del Serradero, gozando de buena ventilación y clima saludable aunque frío.
En cuanto a equipamientos, poseía 180 casas habitadas y 53 solares de edificios derruidos (algunos reparados para familias pobres), un hospital con rentas modestas, escuela de primeras letras para ambos sexos (dotada con 3.700 reales, a la que asistían 127 niños y 30 niñas), iglesia parroquial de San Salvador con cura de nombramiento real y ordinario y 3 beneficiados, y 4 ermitas con culto público dedicadas a Ntra. Sra. del Patrocinio, San Juan de Letrán, Santa Marina y Santa Teodosia. Las dos primeras ermitas contaban con 3 capellanes cada una, presentados por sus respectivos patronos.
El término limítaba con Ledesma, Torrecilla de Cameros, Anguiano y Matute. Junto al pueblo discurría el Arroyo de Pedroso, cuyas aguas regaban más de 30 fanegas de tierra e impulsaban un molino harinero. Para aprovechamiento de estas aguas, existía un cubo de piedra labrada muy dura de antigua construcción.
