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La memoria escrita del pueblo

Historia de Ólvega

Los lugares, las vidas y los acontecimientos que han dejado huella. Un recorrido a través de las historias y sus fuentes.

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El Castro de La Muela del Mesado: una fortaleza militar celtibérica

s. II a.C. · 7 min de lectura

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42 historias · ordenadas por época

Siglo II a. C.

2 historias

s. II a.C.

Agreda como primera fortaleza celtibérica: defensa del paso hacia Numancia

Agreda (Arekorata > Aregorada > Aregrada), perteneciente a la Confederación (celt)ibérica de Numancia, constituía la principal fortaleza defensiva de la comarca celtibérica nororiental y la más importante bastión defensivo contra…

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Agreda (Arekorata > Aregorada > Aregrada), perteneciente a la Confederación (celt)ibérica de Numancia, constituía la principal fortaleza defensiva de la comarca celtibérica nororiental y la más importante bastión defensivo contra cualquier ataque proveniente del Ebro. Su posición estratégica era excepcional: se situaba en el borde del cierre de saco o anfiteatro morfológico del Queiles, donde destaca el inexpugnable Cerro de La Muela, y la laguna que antes existía al sur servía de foso natural. Estas condiciones topográficas óptimas hacían de Agreda el verdadero primer bastión de defensa y el lugar sobre el que cargaría el peso del embate romano para hacerse con el dominio del territorio y los yacimientos de hierro del Moncayo. Detrás de Agreda estaba el castro predecesor de Augustóbriga (cuyo nombre se desconoce) y en los bordes de la cuenca del Añamaza y Queiles, los castros de Trebago, Ólvega y el de La Muela del Mesado. Este sistema defensivo escalonado constituía la estructura estratégica celtibérica de defensa de la región.

Fuentes de esta historia

  1. Eugenio Sanz Pérez
  2. Jiménez Garnica (1982)

OLV · ART · 00007

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s. II a.C.

El Castro de La Muela del Mesado: una fortaleza militar celtibérica

El Castro de La Muela del Mesado constituye una fortaleza militar celtibérica de gran relevancia arqueológica, caracterizada por su estructura defensiva acorazada con gruesas murallas de excepcional conservación. Su emplazamiento…

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El Castro de La Muela del Mesado constituye una fortaleza militar celtibérica de gran relevancia arqueológica, caracterizada por su estructura defensiva acorazada con gruesas murallas de excepcional conservación. Su emplazamiento ocupa escasamente 0,8 hectáreas, lo que indica que se trataba fundamentalmente de un puesto militar más que de un asentamiento agrícola. La posición estratégica del castro resultaba fundamental para el contexto bélico de la época: se situaba en el final del corredor morfológico del interfluvio Queiles-Añamaza, que servía de acceso más directo desde el Ebro, y en particular como defensa del paso más vulnerable de la Sierra del Madero, auténtica barrera natural a superar para cualquier conquista romana de Numancia procedente del Noreste.

Desde el punto de vista constructivo, el castro dibuja una forma elíptica con el eje mayor orientado Este-Oeste. La muralla, de estructura uniforme, presenta en su mitad oriental una longitud de unos 250 metros con 18 m de anchura media y una altura variable entre 7 y 9 m. La estructura externa conserva perfectamente un talud de 25° a 35° de ángulo de pendiente con un pie vertical de 2 m de altura. El paramento vertical superior conserva en tramos lo que parece ser un camino de ronda. La construcción está realizada con piedra caliza de mediano tamaño en forma de lajas, hincadas perpendicularmente a la pendiente del talud, relleno de material arenoso en el interior. El lado occidental presenta características defensivas distintas: un lienzo vertical de 2 a 3 m de altura sobre la base del terreno natural, con un foso perimetral de unos 80 m de longitud y 5 m de anchura aproximadamente, reforzado en el exterior por un terraplén procedente de la excavación. Esta zona constituía el lado más vulnerable de la fortaleza.

La fortaleza contó con dos puertas, una al norte y otra al sur, vigiladas por torreones, con un muro interior uniendo ambos baluartes que constituía la última defensa, dividiendo el espacio en dos planos de diferente nivel. Actualmente estos espacios se configuran como dos fincas de labor. El análisis completo del castro revela una función militar evidente: se trata de un castillo acorazado con defensas desproporcionadas para un emplazamiento de dimensiones tan pequeñas, lo que indica que el lugar tenía una validez estratégica relacionada directamente con las guerras celtibéricas.

Castro de la Muela del Mesado (3 de 4)
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La función concreta del emplazamiento era dominar el lugar de tránsito para cruzar la Sierra del Madero ante un ataque dirigido desde el Noreste, desde el Valle del Ebro. El castro debe entenderse en el contexto de la frontera entre dominios celtibéricos y romanos. La Sierra del Madero funcionaba como una muralla natural en la conquista de la Meseta desde el Ebro durante las guerras celtibéricas. Ubicado en el borde de la cuenca morfológica del Queiles y el Añamaza, el castro de La Muela del Mesado formaba parte de un sistema defensivo celtibérico junto con otros castros como el de Trebago y Ólvega, así como el predecesor de Augustóbriga. El camino que sube a la Sierra desde Muro de Agreda, pasando por el castro, se conoce hoy como el "camino romano", probablemente una ruta de carácter militar, diferente de la vía romana Augustóbriga-Numancia que cruza la sierra unos 5 km más hacia el norte.

La historia militar del castro se extiende a lo largo de varios conflictos bélicos. Estudios recientes sugieren que toda la zona de La Rinconada y Agreda, aliada de Numancia, se vio involucrada en la guerra contra los romanos, en particular en la batalla que libró Graco cerca del Moncayo en 179 aC, donde se destruyeron muchos poblados celtibéricos. El castro se mantuvo activo durante las guerras sertorianas (mediados del 81 y 76-75 aC) como destacamento militar, con acuñaciones legionarias del 32/31 aC, actuando como anejo al gran campamento romano de Augustóbriga.

Castro de la Muela del Mesado (2 de 4)
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La buena conservación del castro puede explicarse por su abandono prematuro una vez superadas las épocas de guerras, tras lo cual fue utilizado como cerramiento de ganado y campo de cultivo. Este cambio de uso, lejos de dañar la estructura, contribuyó a su preservación arqueológica hasta la actualidad, permitiendo que las investigaciones modernas puedan documentar con precisión sus características defensivas y su papel crucial en el sistema de fortificaciones celtibéricas de la región.

Los hallazgos monetales reportados en el Castro de La Muela del Mesado proporcionan una datación precisa y reveladora del papel militar de la fortaleza. Los hallazgos numismáticos, reconstruidos a través de fotografías localizadas, comprenden pequeños tesorillos y ocultamientos de monedas de plata, siendo la mayoría de ellas romanas. Estas monedas están ordenadas cronológicamente y representan exclusivamente a la República Romana, salvo un ejemplar celtibérico de cobre procedente de la ceca de Oilaunez (posiblemente Ólvega), que según varios autores es heredera de la ceca de Arekorata (que debía encontrarse próxima, posiblemente en Agreda), y otra posible moneda celta de plata.

Castro de la Muela del Mesado
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La cronología de estos hallazgos abarca desde el año 206/195 a.C. hasta el 32/31 a.C., reflejando fielmente las vicisitudes históricas de este territorio durante los siglos II y I antes de Cristo, marcados por conflictos e inestabilidad política. La mayor parte de las monedas datan del período 148-136 a.C., lo que confirma que esta zona fue escenario bélico entre romanos y celtiberos inmediatamente antes de la conquista de Numancia. Los mayores números de monedas corresponden a los años inmediatos a la conquista de Numancia, sugiriendo una ocupación romana y ulterior reconquista celtibérica de carácter temporal. Posteriormente, el castro se vio también involucrado en las guerras sertorianas (mediadas del 81 y 76-75 a.C.), y funcionó además como destacamento militar con acuñaciones legionarias del 32/31 a.C., vinculado al gran campamento romano de Augustóbriga. Precisamente en estas épocas de guerra era cuando se producían los ocultamientos de monedas, aspecto que encaja perfectamente con la función militar del castro.

Esta cronología es fundamental para entender la historia militar de la región. El control de la Sierra del Madero y del paso del interfluvio Queiles-Añamaza era estratégico para cualquier campaña romana de conquista de Numancia procedente del Noreste. El castro debía dominar el lugar de tránsito para cruzar la Sierra del Madero ante un ataque dirigido desde el Noreste, desde el Valle del Ebro, siendo el punto más bajo de la divisoria. Su emplazamiento, con defensas excepcionales desproporcionadas para una función exclusivamente económica, demuestra que fue concebido y utilizado como punto de control militar crucial en estas contiendas que marcaron el final de la independencia celtibérica. La función estratégica del emplazamiento debe relacionarse directamente con las guerras celtibéricas y la defensa de la vía de comunicación más directa entre el Ebro y la Meseta.

Castro de la Muela del Mesado (4 de 4)
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Históricamente, hacia el año 206 a.C. los romanos habían logrado controlar militarmente el valle del Ebro hasta Celse (Velilla del Ebro). Con Catón (196-195 a.C.) extendieron su control hasta el tramo bajo del río Jalón. Según Tito Livio, Catón fue el primer general romano que tuvo contacto directo con los celtiberos de la Meseta. En la campaña del 194 a 188 a.C. se adentró en las montañas del Sistema Ibérico que bordean el Ebro, se acercó a Numancia y, aunque no la conquistó, utilizó la expedición para conocer y estudiar el terreno a fin de planificar futuras campañas. Sempronio Graco fundó Gracurris (Alfaro) en el año 179 a.C., lo que podría haber servido como cabeza de puente para asaltar la Meseta por el camino más rápido y por el punto más bajo de la divisoria, que es el Puerto del Madero. Es posible que el Tratado de Graco (179 a.C.) fijara la frontera con los celtiberos por la Sierra del Madero o sus proximidades.

Una vez superadas las épocas de guerras y conquistada la zona por Roma, el lugar perdió su interés principal, lo que explica su abandono prematuro. El castro demuestra así una continuidad ocupacional como punto estratégico de control del territorio celtibérico a lo largo de más de un siglo y medio de conflictividad en la región.

Fuentes de esta historia

  1. Eugenio Sanz Pérez. Vestigios arqueológicos de guerras celtibéricas en las estribaciones de la Sierra del Madero
  2. Tito Livio
  3. Schulten (1941)
  4. Análisis arqueológico reciente
  5. Eugenio Sanz Pérez

OLV · ART · 00010

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Siglo I

1 historia

Siglo I d.C.

Desaparición de los poblados celtibéricos de Ólvega ante la conquista romana

La documentación proporciona detalles sobre la economía agrícola romana en el territorio de Ólvega. Durante el apogeo de Augustóbriga, la zona se pobló de aisladas villas o recintos agrícolas destinados a intensificar la…

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La documentación proporciona detalles sobre la economía agrícola romana en el territorio de Ólvega. Durante el apogeo de Augustóbriga, la zona se pobló de aisladas villas o recintos agrícolas destinados a intensificar la explotación de tierras cultivables, reduciendo la importancia de la ganadería que anteriormente era la actividad económica principal. Los fragmentos de cerámica terra sigillata encontrados en el término municipal de Ólvega documentan esta actividad agrícola romana. La presencia de acequias de saneamiento cruzadas por puentes romanos y la evidencia de la Laguna de Araviana, desecada en 1665 durante el apogeo de Augustóbriga, demuestran el desarrollo agrícola de esta zona que se convirtió en la más densamente poblada de la región. La moneda de plata encontrada en el Camino del Monte, un denario de época del emperador Tiberio (años 14-37 d.C.), acredita el deambular de los romanos por estas tierras.

OLV · ART · 00057

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Siglo X

4 historias

Siglo X (hechos históricos); siglo XIII (ermita); reformas XVII-XVIII; análisis moderno

Geografía histórica de la muerte de los Siete Infantes de Lara en el Valle de Araviana

La muerte de los Siete Infantes de Lara en el Valle de Araviana constituye uno de los episodios más significativos de la frontera castellano-musulmana del siglo X, cuya reconstrucción histórica ha sido posible mediante la…

Araviana
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Araviana
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La muerte de los Siete Infantes de Lara en el Valle de Araviana constituye uno de los episodios más significativos de la frontera castellano-musulmana del siglo X, cuya reconstrucción histórica ha sido posible mediante la integración de análisis arqueológico, tradición oral, documentación medieval, toponimia y geografía. La leyenda, enmarcada dentro de los cantares de hazañas de guerras cristianas, fue compuesta con el propósito de enaltecer a los Infantes como héroes y modelos para la juventud castellana. Aunque el poema épico desapareció, está altamente fundamentado en hechos históricos confirmados por evidencia material y testimonios locales preservados durante siglos.

**El contexto geográfico y militar**

El Valle de Araviana, formado entre las sierras de Madero (Alto del Regajal, 1.476 m) y Toranzo (1.620 m), constituye el escenario clave de esta emboscada medieval. El Estrecho de Araviana, donde el río del mismo nombre divide ambas sierras, presenta dos alineaciones de peñas que sobresalen de un tupido bosque de robles y pinos. Las rocas son conglomerados de la Facies Buntsandstein, pertenecientes al Permotriásico. En un punto del cauce donde se ponen en contacto dos tipos de litologías, el río forma una cascada en una poza llamada Pozo Román. Este valle, de aproximadamente dos kilómetros de longitud, fue teatro de la derrota de la cabalgada castellana según la tradición oral local.

La Sierra de Toranzo, identificada con la Sierra de Altomira mencionada en los romances, se extiende de Este a Oeste entre el Moncayo al norte y el Valle de Araviana al sur. Su cambio de nombre se atribuye probablemente a repobladores santanderinos tras la Reconquista, en referencia a una sierra homónima cántabra. La cumbre de la Sierra es el Alto de Valdecortos (1.624 m), junto a Las Peñas. Las formaciones rocosas individuales reciben nombres descriptivos como «El Balconcillo», «La Peña del Cuco», «La Peña del Águila» y «El Mirador», siendo probable que el topónimo anterior fuera «Alto del Mirador» o similar, posteriormente sustituido por uno relacionado con el evento histórico.

**El sistema defensivo fronterizo musulmán**

La zona estaba integrada en el sistema defensivo musulmán de frontera (siglos X-XII) que protegía la zona oriental soriana contra las razzias castellanas. Este sistema constaba de castillos principales, como Peñalcázar, y una red de torres medianas y grandes repartidas por pueblos menores para refugio de población. Se distribuían en cinco sectores separados por alineaciones montañosas, siendo Agreda la plaza principal septentrional, mientras que Noviercas y Peñalcázar hacían cabeza en el sector sur, separado por la sierra del Madero-Toranzo-Tablado. Las atalayas, de 15 a 18 metros de altura con entradas a media altura y en ocasiones pozos de abastecimiento, funcionaban como red auxiliar de vigilancia visual del territorio mediante un código de señales con fuego y humo diurno o luminarias nocturnas. Esta disposición, heredada de la época celtibérica y romana, respondía tanto a necesidades agrícolas y ganaderas de la zona cerealista y de ganado lanar como a imperativos defensivos.

En la cumbre de las Peñas de los Siete Infantes, a 1.560 m, se identificaron las ruinas de una atalaya medieval musulmana de considerables dimensiones (1.500-2.000 m³ de piedras) con forma cilíndrica o troncocónica y un hoyo central visible entre los derrubios, indicativo de una construcción de más de diez metros de altura con fortificación perimetral. Ubicado a casi 1.600 metros de altitud con unos 400 metros de prominencia visual sobre las llanuras circundantes, su emplazamiento permitía dominar un campo visual de 20 a 25 km. hacia el sur, alcanzando la zona de Ágreda, y establecía conexión casi perfecta entre las torres cercanas de Torrambil y Araviana. El lugar reunía condiciones ideales de defensa y habitabilidad estival: su inexpugnabilidad natural, la presencia de cavidades y abrigos al pie de peñas orientados a solana para refugio del personal militar, la fuente de Escuernabueyes con agua y pastos para animales, hacían de él puesto óptimo para campañas veraniegas. Era imposible su habitación invernal por ventisqueros y frío extremo. El acceso a caballo era factible en verano mediante la llamada Senda de los Infantes, que conectaba Araviana con Torrambil.

**La Torre de Torrambil y sus antecedentes**

La Torre de Torrambil (o Torre de Araviana), mencionada en documentos medievales con variantes como Torrem Ambrel, Tordambrielle, Tordambril, Torreambrid y Torrambril, toma su nombre del valí fronterizo Amril ben-Timlet, gobernador de la frontera del Campo de Gomara y el Jalón medio, que murió en 972. El nombre significa literalmente «La Torre de Amril». Sus hijos gobernaron la torre paterna y otras fortalezas como Noviercas, Peñalcázar, Ateca, Deza y Ribarroya. La existencia del poblado y castillo queda acreditada por documentos del archivo de la Colegiata de Soria de 1293 y 1367. Un Privilegio del Rey Sancho IV de 5 de marzo de 1293 concede a Santa María de Torreambriel «doce yuntas de heredada año vez, en el término de La Torre. Estas doce yuntas están entre mismo lugar desde el castillo», demostrando tanto la existencia del poblado como de una fortificación defensiva.

Cerca de Torrambil se constatan restos romanos y asentamientos hispano-visigodos. Es probable que por aquí pasara un camino romano de orden secundario que uniría la vía de Augostroviga con la zona de Noviercas, y que los Infantes pudieron utilizar a su paso por el Estrecho junto con un cordel ganadero. El río Araviana fue también llamado Torrambil, topónimo ahora en desuso. En 1339 un documento notarial de Agreda menciona «un molino en la Fos de Tordanbriel», caracterizado como molino de represa debido al escaso caudal del río, cuyos afluentes se filtran en sumideros para alimentar el manantial de Vozmediano. A efectos militares, el río Araviana no presentó —ni presenta— dificultad alguna para el paso a pie o a caballo, incluso en crecidas.

La Torre de Torrambil, ubicada en la entrada meridional del Estrecho de Araviana sobre un cerro pelado de 1.150 m., presenta cimientos muy erosionados de una torre rectangular, así como restos de un castro celtibérico anterior. En la ladera solana abundan escorias de hierro. Se reportó el hallazgo de una entrada de túnel con arcada de piedras labradas en la orilla del río Araviana, aparentemente una toma de agua secreta para la fortaleza, aunque no fue localizada posteriormente. Pruebas materiales documentan uso militar medieval posterior: Dionisio Jiménez, de Ólvega, halló casualmente un alfanje en uno de los abrigos-refugio. Una peña cerca de Escuernabueyes conserva 3 ó 4 agujeros tallados en la roca destinados a atar caballos, donde estuvieron las argollas de bronce (hoy desaparecidas) que la tradición local atribuía a la montura de Los Infantes.

**El itinerario de la expedición**

La mesnada de los Siete Infantes fue organizada por Garci Fernández, hijo del conde Fernán González, en ausencia del generalísimo Gálib, probablemente hacia 970-990. La expedición partió de Salas en septiembre cubriendo aproximadamente 140 kilómetros hacia Numancia por el valle del río Ebrillos. La toponimia que aparece en los romances tradicionales (Salas, La Pata del Diablo, Palacios de la Sierra, Vilviestre, Canicosa, Fuente de los Infantes, Camino del Tiro de los Infantes, Río Febro o Ebrillos) marca el itinerario del ejército cristiano. En Numancia la mesnada se dividió, dirigiéndose después hacia Araviana. El objetivo de la expedición era capturar el Castillo de Araviana, no el de Torrambil como sugería la historiografía anterior, ya que la tradición oral localiza la batalla en los Campos del Valle de Araviana.

La Sierra de Cabrejas, con su vertiente norteña configurando una muralla natural, marcaba antiguamente una frontera; aún hoy se la conoce en pueblos cercanos como la 'Cuerda de los Cristianos'. Los expedicionarios seguían caminos y cordeles ganaderos hacia la Sierra del Almuerzo, rozando la frontera del Reino de Pamplona con territorio musulmán sin comprometer a los navarros. La Sierra del Almuerzo, situada al pie de la ladera septentrional, fue elegida como punto de descanso previo a la lucha por sus fuentes, arroyo y pradera para los caballos, así como por estar oculta desde el territorio enemigo situado al sur. El nombre Almuerzo significa 'sierra de pastos', siendo todas sus vertientes septentrionales dehesas que sirven para pasto del ganado. La tradición asocia a esta sierra la invocación a la Virgen antes de la batalla; desde entonces recibe también el nombre de Sierra de los Siete Infantes. En su cima hay una piedra de origen prehistórico vinculada al paso de los caballeros cristianos.

El Santuario dedicado a la Virgen del Almuerzo es una ermita del siglo XVIII, aunque su origen pudo ser anterior; la Concordia de esta advocación agrupa a 34 pueblos serranos. Un antiguo poblado en Santa María del Almuerzo aparece citado en el Padrón de Soria de Alfonso X (1270). Tras descansar en el Almuerzo, quedaban más de 25 kilómetros hasta Araviana. La mesnada pasó por Cortos, Calderuela y Omeñaca, marchando luego hacia oriente por el camino más corto hacia los Campos de Araviana, ruta discreta que bordea la llanura cerealista del alto Rituerto.

Según tradición local de pueblos como Cortos, Canos y Narros, los Siete Infantes pasaron por la cumbre de la Sierra del Almuerzo dirigiéndose después hacia los Campos de Araviana. En Omeñaca cumplieron según la leyenda el encargo de la Virgen de oír misa, atravesando con sus caballos las siete arcadas del pórtico de su iglesia románica. Aunque esta última acción pudiera haber sido generada por la fantasía local, como señala la tradición oral más crítica, la ruta general sí es históricamente plausible.

El Campo de Palomares, mencionado en romances («Por Campo de Palomares vio venir muy gran compaña»), cuenta con tradición oral de paso en Hinojosa del Campo. Existe un paraje y corral de Palomares en Noviercas que podría corresponder al mencionado en los romances; la etimología puede proceder de fósiles terebrátulas del Jurásico (llamados «palomitas» localmente) o simplemente de ser tierra de trigo y palomas. Antes de llegar al Estrecho de Araviana, pegado a la Sierra del Madero, está el «Puntal de la Batalla», que también presenta fósiles similares.

**La emboscada y la batalla**

La mesnada de los Siete Infantes marchó hacia oriente por el camino más discreto: el borde norte de la llanura cerealista del alto Rituerto, tras la alineación del Madero, evitando ser vistos desde las torres de La Pica y Castellanos. Cruzaron la vega del Rituerto aprovechando posiblemente la vía romana de Numancia a Augustobriga, buscando no ser detectados desde las torres de Agreda. Los castellanos eligieron esta ruta porque el valle del Rituerto es cerrado, con serrijones bajos que los protegían, y porque estaban en el ángulo muerto del Mirador de Toranzo.

A pesar de la cuidada aproximación, los musulmanes estaban sobre aviso y los seguían desde las proximidades del Estrecho. La emboscada se produjo cuando la mesnada cruzaba el Estrecho de Araviana, poco más aguas arriba de Torrambil, en un lugar ideal para la trampa. El ejército cristiano fue emboscado mediante un movimiento de tenaza entre Torrambil y el castillo de Araviana, mientras intentaban penetrar dificultosamente en el estrecho Valle de Araviana. Según la tradición oral reflejada en el cuadro de la ermita de Los Remedios, los expedicionarios seguían el cordel de ganado llamado «de Los Infantes» que pasaba por las proximidades de la ermita de Los Remedios y el Pozo Román. Los guerreros musulmanes aparecieron de ambos lados, especialmente desde las peñas de la «Cuerda del Moro», provenientes del castillo de Araviana. La lucha fue en campo cerrado en el fondo de la «Fos de Torranbiel» (según documento antiguo), con fuerzas cristianas dispersándose, cruzando el río casi seco varias veces, subiendo a laderas y peleando tanto a caballo como a pie.

Diezmado el ejército cristiano, según la Crónica General, los Infantes subieron a un otero. La tradición oral de Ólvega y La Cueva identifica este otero con La Torrecilla, donde dicen que no todos los Infantes lograron llegar al cerro de la Batalla. Según esa misma tradición, uno de los Infantes murió en el Simón (junto a San Bartolomé, en la Hoya de la Revilla) donde fue decapitado. El grueso de la batalla tuvo lugar en las faldas de la Sierra de Toranzo, en los Campos de Araviana, donde se han encontrado puntas de lanza. Los Siete Infantes murieron al pie de los cerros llamados La Batalla y La Torrecilla, con la dispersión de múltiples puntos de muerte sugiriendo el desorden total del ejército expedicionario en un área de dos o tres kilómetros a la redonda. Fueron posteriormente enterrados donde hoy se encuentra la Ermita de Los Remedios.

**La tradición oral como fuente histórica**

La tradición oral ha demostrado ser una herramienta historiográfica valiosa para reconstruir estos hechos, aunque requiere interpretación crítica. Aunque la lejanía temporal y la literatura posterior pueden haber contaminado los relatos transmitidos de generación en generación, la región de Castilla ha conferido históricamente considerable valor a la palabra oral, frecuentemente considerada más confiable que el testimonio de escribas. Elpidio Lavilla de Ólvega, informante de 1981, confirmó la existencia de la «Senda de los Siete Infantes» que termina en el cerro de la Batalla, aunque posteriormente continúa como cordel ganadero sin ese nombre. La senda, que parte de un otero con restos de castillo y poblado, se prolonga más de un kilómetro por la divisoria de la Sierra de Toranzo, flanqueada por el Alto de Valdecortos (1.624 m) y Toranzo (1.620 m), pasa por las Peñas de los Siete Infantes (1.540 m) y desciende hacia la ermita de la Virgen de los Remedios (1.150 m).

La tradición oral ha permitido el descubrimiento de torres vigías y de señalización óptica de época medieval, estructuras que no suelen quedar bien documentadas en crónicas o dejar restos visibles. Sin embargo, es necesario interpretar esta tradición en su justa medida: es más fuerte en los lugares de estancia y acción principal (Sierra del Almuerzo, emboscada en Araviana) que en simples parajes de paso. Hay que distinguir entre lo esencial de los hechos históricos y los detalles accesorios que pudieron ser generados por la fantasía local.

La zona estaba habitada en época medieval, por lo que la población fue testigo directo de los hechos impactantes que luego trasmitió oralmente. La presencia de una población morisca relativamente importante en esta región hasta su expulsión en el siglo XVII (1610) pudo haber contribuido a mantener viva la tradición oral durante siglos. Llama la atención que los pobladores actuales de la comarca afirmen con rotundidad que la senda partía de un otero desconocido (cuyas ruinas de castillo ignoran) pero sigan su trazado con certeza, lo que vincula arqueología y tradición oral en la confirmación del evento medieval.

**La Ermita de Nuestra Señora de Los Remedios**

Una vez reconquistada la tierra un siglo después (hacia el siglo XIII), se erigió la ermita de Nuestra Señora de Torrambil en el lugar donde supuestamente enterraron a los soldados y caballeros cristianos. La Ermita de Nuestra Señora de los Remedios se emplaza en el Estrecho de Araviana, en la margen izquierda del río, elevada sobre su cauce. Denominada así desde al menos 1783, fue anteriormente llamada Ermita de Nuestra Señora de Torrambil. El templo es de estilo clásico, resultado de una reforma en el siglo XVII (1680-1700) realizada sobre un edificio anterior más antiguo, probablemente románico. Estas reformas coincidieron con la bonanza económica de la Mesta y el extenso pastoreo lanero de la comarca.

Toda la decoración de la ermita hace referencia a los Siete Infantes: en la cúpula del altar mayor se representan los bustos de los siete caballeros. Existe una capilla dedicada a los Siete Infantes, titulada también de la Magdalena, que contiene una pila bautismal. Según testimonio de la mujer de Félix Revilla, cabrero que vivió aquí en el siglo XX, había un cuarto sin entrada cerca de la espadaña donde siempre se ha dicho que estaban enterrados los soldados de la cabalgada cristiana. La ermita tuvo antiguamente cementerio. Los habitantes de la Ermita de Los Remedios siempre se refirieron a Torrambil como «La Torre».

De especial valor histórico fue un cuadro antiguo y de gran tamaño que se conservaba en el Santuario, de la misma época que la reforma de la ermita (siglo XVII-XVIII), que representaba la muerte de los Siete Infantes de Lara cerca de este lugar. Era probablemente la única ermita que conservaba una obra de esta temática, al parecer fechada. Desgraciadamente, esta pintura fue sustraída durante el abandono que sufrió el templo en los años setenta del siglo XX. La imagen de la Virgen, de estilo románico-gótico, fue robada en 1975. Aunque la fortaleza de Araviana data del siglo X, mantuvo funcionalidad defensiva en épocas posteriores, protegiendo la frontera entre Castilla y Aragón y controlando el paso por el collado de Borobia. Su valor militar se actualizó incluso tras el legendario episodio del siglo X, defendiendo el territorio fronterizo hasta que la unión de ambos reinos la tornó militarmente innecesaria. Las piedras de la torre se reaprovecharían posteriormente en construcciones de poblados y corrales de la zona, lo que explica su desaparición del registro oral y su ausencia en mapas del siglo XVIII.

**El legado histórico tardío**

En el siglo XIX, las Peñas de los Siete Infantes sirvieron de refugio a la partida de bandoleros de «El Chupina», capitán natural de Noviercas, que asaltaba diligencias y pueblos, como el célebre robo de Beratón de 1874. Entre sus miembros figuraba «El Rubio», amante de Casta (también de Noviercas), esposa del poeta Gustavo Adolfo Bécquer. La Guardia Civil capturó a estos bandidos en el sitio.

**Conclusión metodológica**

La reconstrucción de estos hechos ha sido posible mediante la integración de múltiples fuentes: análisis arqueológico sistemático, tradición oral de los últimos habitantes de la comarca, documentos gráficos conservados por sus antepasados, documentación medieval del archivo de la Colegiata de Soria, análisis geomorfológico detallado del territorio y toponimia. Esta metodología multidisciplinar ha permitido identificar elementos geográficos específicos como la Torre de Araviana en la loma de La Batalla, la atalaya de la Peña de los Siete Infantes en la cumbre de la Sierra de Toranzo, la Torre Torrambil y la Senda de Los Infantes, que forman un círculo de fortificaciones y comunicaciones militares. El trabajo de campo realizado durante muchos años ha consolidado una reconstrucción histórica que, aunque fundamentada en hechos verificables, respeta el carácter legendario y la dimensión épica que este evento adquirió en la memoria colectiva de Castilla.

Pérez, E. S. (2016). Geografía histórica de la muerte de los Siete Infantes de Lara. La Torre y atalaya de Araviana. Celtiberia, 66(110), 125-168.

Fuentes de esta historia

  1. Celtiberia, año LXVI, n° 110, (2016), pp. 125 a 167. ISSN: 0528-3647
  2. Florentino ZAMORA LUCAS, 'Batallas de Deza y de Almenar en el año 974', Celtiberia, núm. 22, (1961), pp. 259-265
  3. Florentino ZAMORA LUCAS, 'Noticias lejanas de la Torre de Amril', Celtiberia, núm. 9, (1961), p. 22
  4. Manuel PEÑA GARCÍA, Ólvega: Historia-Arte-Folklore, Ayuntamiento de Ólvega (Soria), 1982
  5. Eduardo CARRIÓN MATAMOROS, 'La Zona Oriental Soriana en la Alta Edad media y la Leyenda de los Siete Infantes de Lara: la leyenda y la Historia', Celtiberia, núm. 90, (1996), pp. 49-136
  6. Eduardo CARRIÓN MATAMOROS, 'La zona oriental soriana en la Alta Edad Media: estructuras de población y sistema de defensas', Celtiberia, núm. 92, (1998), pp. 55-124
  7. Eugenio SANZ, 'El Castillo de Araviana (Ólvega, Soria) y la muerte de los Siete Infantes de Lara'. Revista de Soria núm. 41, pp.77-80, 2003
  8. L. P. DOMÍNGUEZ HERNÁNDEZ, 'Aportación al estudio de las torres y atalayas de la provincia de Soria en los siglos X y XI', Artigrama, 1, (1984), pp. 402-404
  9. L. CABALLERO y A. MATEO-SAGASTA, 'Atalayas musulmanas en la provincia de Soria', Arevacon, 14, (1988), pp. 9-15
  10. Cartas del párroco de Suellacabras dirigidas a López (1783)
  11. Archivo de la Colegiata de Soria (documentos de 1293 y 1367)
  12. Privilegio del Rey Sancho IV de 5 de marzo de 1293
  13. Documento notarial de Agreda de 1339
  14. Clemente Sáenz Ridruejo, Historia Medieval (1985)
  15. Manuel Hurtado Quero, Fuentes Medievales Sorianas (2001)
  16. G. Cabrerizo, Historia de la Ermita del Remedio (1990)
  17. Archivo I.I. Colegial de Soria (Carta Ejecutoria sobre la ermita)
  18. Eugenio Sanz Pérez
  19. Peña García, Cuadernos Agredeños nº 3
  20. Gil Crespo (2014)
  21. Lázaro Carrascosa (2007)
  22. Domínguez Hernández (1984-1985)
  23. Lorenzo Celorrio (1994, 2003)
  24. Martínez Tercero (1979)
  25. Gaya Ñuño (1932)
  26. S. Lázaro Carrascosa, Revista de Soria n° 56 (2007)
  27. Menéndez-Pidal (tradición recogida)
  28. Romances históricos
  29. Eugenio Sanz Pérez; Menéndez-Pidal (1934); Menéndez-Pidal y Sanz (2014)
  30. Ignacio Menéndez Pidal
  31. Crónica General
  32. Fragmento 12 de documento historiográfico sobre Ólvega

OLV · ART · 00031

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siglo X - siglo XVII

La Torre de Araviana: fortaleza medieval sobre el Cerro de la Batalla

El Valle de Araviana se configura como una depresión bien definida en la cabecera del río homónimo, circunscrita entre el Moncayo al norte y la alineación de las Sierras de Tablado, Toranzo y Madero al sur. De la Sierra de…

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El Valle de Araviana se configura como una depresión bien definida en la cabecera del río homónimo, circunscrita entre el Moncayo al norte y la alineación de las Sierras de Tablado, Toranzo y Madero al sur. De la Sierra de Toranzo, que alcanza los 1.620 metros de altitud, sale un espolón montañoso que penetra en el valle y termina en un otero a 1.355 metros, separado del cuerpo principal por un suave collado casi imperceptible. Este otero, conocido como Cerro de la Batalla y constituido por cuarcitas ordovícicas, representa el punto dominador más destacado del Valle, y su emplazamiento pertenece a la vertiente norte de la Sierra de Toranzo, razón por la cual los romances mencionan «Sierra de Araviana».

Sobre el Cerro de la Batalla se encuentran las ruinas de una torre totalmente derruida, descubierta por Eugenio Sanz Pérez en 2002 durante un reconocimiento geológico. Los muros de los cimientos sobresalen entre 1 y 1,5 metros del suelo natural, revelando una planta rectangular de aproximadamente 20 por 12 metros, con muros de 2 a 2,5 metros de espesor. Se adivinan huecos de escaleras de acceso a pisos superiores. Entre las ruinas se halló una punta de lanza de sección triangular, probablemente Bajo Medieval. En los Quintos de Araviana y el Quinto de los Calonge también se encontraron armas de hierro medievales durante labores de roturación en los años noventa. Su planta rectangular corresponde a la tipología de las fortalezas musulmanas de la frontera oriental soriana del siglo X. Sus grandes dimensiones, casi un pequeño castillo, superan en tamaño a la gran torre de Noviercas, que mide 18 metros de altura con dimensiones de 12 por 8 metros, señalando la importancia estratégica de lo que protegía.

Durante los siglos X a XII, la torre musulmana de Araviana estuvo alejada de los pasos militares principales, por lo que su razón de ser se debía fundamentalmente a la custodia y protección de una zona económicamente privilegiada dedicada a la ganadería. La torre ofrecía protección a la Dehesa de Araviana, la más importante de la zona para ganado vacuno, bueyes y caballos de guerra, esenciales en las contiendas militales medievales. La zona funcionaba como agostadero o pastoreo de verano para Agreda y Noviercas, sistema que se mantuvo por inercia hasta la época moderna. El Valle de Araviana era el único que recibía del Moncayo corrientes de agua de caudal apreciable en verano, permitiendo mover numerosos molinos concentrados en el valle mediante la llamada acequia molinal. En el siglo XIX existían más de ocho molinos harineros alimentados por estas aguas. La torre no solo tenía importancia ganadera; el territorio también poseía riqueza de extracción y fundición de hierro heredada de celtiberos y romanos, incluyendo la explotación del Molino de Almagre y fundiciones en San Bartolomé.

A pesar de dominar la Sierra y el Valle de Araviana, su aislamiento entre el Moncayo y Toranzo la hacía vulnerable a ataques sorpresa por el Estrecho de Araviana o el Collado de Borobia sin un sistema de alarmas adecuado. Por ello, formaba parte de una red defensiva más amplia: hacia el ENE, dominando el abrupto valle del Isuela, se hallaba la torre de Baratón, mencionada como «Castillo de Veratón» en un documento notarial de 1339; al sur, la gran atalaya de Las Peñas de los Infantes cubría sus espaldas; al oriente, la atalaya de La Torrecilla conectaba con Torrambil a través del conducto topográfico del Estrecho de Araviana. Este sistema de vigilancia resultaba inútil en días de bruma o niebla, frecuentes en el final de verano.

La torre se halla en medio de un despoblado medieval situado en la culminante del cerro y su ladera sur, actualmente cubierto de pradera, donde se reconocen con dificultad alineaciones de paredes y hoyos de habitáculos derruidos. Una pequeña fuente a media ladera garantizó el abastecimiento a esta población. A su altura, de más de 1.300 metros, solo la superaba Beratón a 1.400 metros. El emplazamiento, expuesto a fríos vientos del norte, parece responder a una función militar de servicio a la torre más que a un poblado propiamente dicho. Las piedras recicladas de la torre sirvieron en su día de cantera para construcción del poblado y de grandes y antiguos corrales de vacas situados junto a la torre. Se ha hallado una moneda de vellón de Felipe IV (1621-1665) en el despoblado, indicativo de actividad aún en el siglo XVII. La fortificación, aunque no aparece citada en crónicas medievales, constituye un testimonio arqueológico de la importancia estratégica y económica de esta región fronteriza entre Castilla y Aragón, cuya posición fue confirmada por posteriores batallas entre castellanos y aragoneses producidas en sus proximidades.

Pérez, E. S. (2016). Geografía histórica de la muerte de los Siete Infantes de Lara. La Torre y atalaya de Araviana. Celtiberia, 66(110), 125-168.

Fuentes de esta historia

  1. Documento notarial de 1339 (nota 37)
  2. Eugenio Sanz Pérez, reconocimiento geológico 2002
  3. Agustín Rubio Sémper, Fuentes Medievales Sorianas: Agreda-II, Soria, Ediciones de la Diputación Provincial, 2001 (Actas notariales nº 30 y 442)
  4. Documento notarial de 1339 citado en Archivo de Agreda
  5. E. Sanz Pérez, Geografía histórica..., pp. 153-154

OLV · ART · 00028

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Siglo X

Pesebres de roca de El Peñón: vestigios de funcionalidad militar y pastoril

En la cota más baja del conjunto de peñas de los Siete Infantes se alza una formación geológica de tamaño medio denominada El Peñón, constituida por conglomerado con venas de cuarzo intruidas, conectada al resto del sistema…

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En la cota más baja del conjunto de peñas de los Siete Infantes se alza una formación geológica de tamaño medio denominada El Peñón, constituida por conglomerado con venas de cuarzo intruidas, conectada al resto del sistema defensivo por la Senda de los Infantes. Sus paredes contienen dos estructuras talladas en roca identificadas como pesebres de piedra: uno pequeño e aislado en la pared norte, y otro alargado al noroeste que ha aprovechado una formación natural de erosión tipo tafoni o pseudganama, evidentemente reelaborada por labor humana. Un tercer elemento presente en el afloramiento es un abrigo-refugio situado en otra cara de la peña, que habría complementado las funcionalidades del lugar.

Estas cornisas pétreas naturales fueron ampliadas y talladas deliberadamente en forma de pesebres, constituyendo estructuras que mezclan aprovechamiento geológico y trabajo humano. Según la tradición oral recogida por Menéndez-Pidal —casi perdida en el momento de su documentación—, las oquedades estaban destinadas a servir como pesebres para caballos, aunque su funcionalidad exacta permanece incierta. La morfología de estas estructuras sugiere que funcionaban simultáneamente como estanterías o espacios de almacenamiento en un puesto de vigilancia reducido e intermedio, componente de un sistema defensivo más amplio.

Este puesto habría conectado la atalaya superior con la torre de Torrambil, formando parte de una red de comunicaciones encargada de alertar ante los ataques de los castellanos. El sistema de comunicación se realizaba mediante señales ópticas y mediante correos que se desplazaban a caballo o a pie, permitiendo la transmisión rápida de información entre los diferentes puntos fortificados. La funcionalidad militar de estas estructuras resultaría compatible tanto con usos defensivos del alto medieval como con su posterior aprovechamiento pastoril durante períodos posteriores, cuando la región dejó de tener valor estratégico primordial.

Menéndez-Pidal también documentó durante su investigación la existencia de una mesa de piedra similar a la hallada en la Sierra del Almuerzo, aunque esta referencia no ha podido ser confirmada arqueológicamente en tiempos posteriores, permaneciendo como testimonio de la tradición oral transmitida sobre este enclave singular de la región soriana.

Fuentes de esta historia

  1. Menéndez-Pidal (tradición oral)
  2. Menéndez-Pidal (nota 34 y 35)

OLV · ART · 00026

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Siglo X-XVIII

Toponomia medieval y moderna del Valle de Araviana y la Sierra de Toranzo

El Valle de Araviana y la Sierra de Toranzo constituían una unidad económica y defensiva bien definida durante los periodos de frontera entre reinos medievales. Un cuadro-mapa del siglo XVIII conservado en el Convento de la…

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El Valle de Araviana y la Sierra de Toranzo constituían una unidad económica y defensiva bien definida durante los periodos de frontera entre reinos medievales. Un cuadro-mapa del siglo XVIII conservado en el Convento de la Concepción de Ágreda registra una serie de topónimos en la Sierra de Toranzo que permiten reconstruir el paisaje histórico de la zona. De oeste a este, se documentan: El Berdugal en la Sierra del Madero, el Estrecho de Araviana, Valdemingacha (que corresponde a la cara sur y oeste de Toranzo, donde están Bardera de La Mingacha y el manantial de Valdemingacha; en la cara norte, el primer barranco se conoce como Mingacha), Los Henares (topónimo de probable origen árabe significando agua turbia, como el río Henares; existe una fuente llamada del Señar), Valdeherreros (cerca de un horno de fundición), La Pared, La Poveda, las Nombriuelas, La Revollosa, Los Hortalejos y el Collado de Borobia. En el Valle de Araviana se distinguen el Prado de Mari González (denominación que se conserva actualmente) y la Granja de los Dezanos, ahora llamada de Los Quintos de Araviana. También se cita un lugar de origen árabe: Los Ulagares, comparable a la ermita de Castilruiz.

Respecto a la etimología de Araviana, aunque se han buscado derivaciones celtibéricas, la hipótesis más probable es que signifique simplemente "de los árabes", reflejando la ocupación medieval musulmana de la zona. El poblado de los Quintos ha sido siempre identificado con Araviana, dando nombre tanto al río como al valle, o viceversa. La fuente que mana en el corral actual de Los Quintos, llamada también Fuente de Araviana, confirmaba esta asociación. Consecuentemente, la Torre de Araviana, aunque quizá tuviera un nombre árabe distinto, debe su denominación a este origen común.

La Senda de los Siete Infantes constituye un elemento geográfico y memorial de gran importancia en esta región. Identificada como camino peatonal de servidumbre y también de caballerías (aunque no de carro), es un tramo estival que remonta con fuerte pendiente la Sierra de Toranzo y se prolonga por su divisoria cimera más de un kilómetro, rodeando la Hoya del Barranco del Moso de Borobia. Flanquean la ruta el Alto de Valdecortos (1.624 m) y Toranzo (1.620 m). Tras pasar por las Peñas de los Siete Infantes (1.540 m), desciende a la ermita de la Virgen de los Remedios (1.150 m) buscando el puente sobre el río Araviana, donde se une con dos cordeles ganaderos, aunque antes se desvía hacia el Cerro de la Torre (Torrambil). La senda se aprecia bien en fotografía aérea de los años cincuenta del siglo XX. El cordel de ganado que venía del sur, cruzando el campo de Noviercas, fue probablemente el que siguieron los Infantes en el tramo correspondiente al Estrecho y al comienzo del Valle de Araviana. Es la senda de pastores nombrada por Menéndez-Pidal (1934) y concretada por Menéndez-Pidal y Sanz (2014). Este cordel pasa por encima de la Virgen de los Remedios y del Pozo Román, siguiendo hacia arriba hasta el término de Beratón, aunque solo lleva el nombre 'de Los Infantes' desde el Estrecho hasta el Cerro de la Batalla.

En el Valle de Araviana, nada más entrar desde el Estrecho, se alza al noroeste un cerro calcáreo pelado de forma cónica (1.334 m), conocido como la Torrecilla por la existencia de una atalaya cilíndrica actualmente en ruinas, cuyo plano de base ha podido levantarse. Torrambil comunicaba con las torres del sector más cercano (Ólvega, El Castillazo y Salas). Este despoblado fue fundado por Alfonso I y donado a la sede de Tarazona primero, y luego a la de Tulebras en 1157; contaba con un puente sobre el Keyles llamado Torre Salas. Seguido de la Torrecilla hacia occidente estaba el Monte Hacho, análogo al de Ceuta, desde donde se hacían señales de fuego y donde ha perdurado la tradición de encender hogueras el día de San Juan. Al pie de la Torrecilla, en el Valle de Araviana, se extiende un plano labrado en semicírculo llamado Hoya de la Revilla, donde la tradición local sitúa la muerte de uno de los Infantes. Este conjunto de elementos topográficos, defensivos y memoriales conformaba un paisaje altamente significativo en la historia medieval de la zona.

Fuentes de esta historia

  1. Cuadro-mapa del siglo XVIII, Convento de la Concepción de Ágreda
  2. Tomás López, Mapa geográfico de la provincia de Soria (1783)
  3. Toponomia 1:25.000 (referencia cartográfica moderna)
  4. E. Sanz Pérez, Geografía histórica..., pp. 153-154
  5. Eugenio Sanz Pérez; Menéndez-Pidal (1934); Menéndez-Pidal y Sanz (2014)

OLV · ART · 00030

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Siglo XII

6 historias

1119-1260

Reconquista cristiana, integración territorial y ordenamiento medieval de Ólvega (1119-1260)

La historia medieval de Ólvega comienza con la Reconquista cristiana. En el año 1119, el rey aragonés Alfonso I el Batallador reconquista la zona de Ólvega para la causa cristiana, iniciando así la andadura del pueblo bajo…

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La historia medieval de Ólvega comienza con la Reconquista cristiana. En el año 1119, el rey aragonés Alfonso I el Batallador reconquista la zona de Ólvega para la causa cristiana, iniciando así la andadura del pueblo bajo dominio cristiano. Durante los primeros años, Ólvega formó parte del reino de Aragón, hasta que en 1134 pasa definitivamente al reino de Castilla con la llegada de Alfonso VII el Emperador. Este cambio de adscripción territorial supuso un reordenamiento administrativo fundamental para el futuro del municipio.

Con su incorporación al reino castellano, Ólvega se integró en la Diócesis de Tarazona, a la cual perteneció durante más de ocho siglos, hasta el año 1956. Esta pertenencia eclesiástica proporcionó una estructura religiosa y organizativa que vertebró la vida local durante toda la Edad Media y la Edad Moderna.

El ordenamiento jurídico medieval de Ólvega se consolidó en 1260, cuando el rey Alfonso X el Sabio concedió a la Villa de Ágreda y su Tierra un fuero propio que regularía su gobierno durante toda la Edad Media. Al ser aldea de la Comunidad de Villa y Tierra de Ágreda, Ólvega disfrutó también de los derechos y privilegios derivados de este fuero, configurando así su estatus jurídico y administrativo medieval. Esta posición dentro de la estructura de villa y tierra le permitió participar en las instituciones locales y beneficiarse de las franquicias propias de esta organización feudal característica de Castilla.

OLV · ART · 00017

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1135-siglo XVI

Etimología y evolución del topónimo Olvega

El topónimo Olvega posee una historia documentada desde 1135, cuando aparece mencionado en una donación de Alfonso VII el Emperador al Obispo de Sigüenza. En la práctica totalidad de los documentos medievales, el nombre figura…

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El topónimo Olvega posee una historia documentada desde 1135, cuando aparece mencionado en una donación de Alfonso VII el Emperador al Obispo de Sigüenza. En la práctica totalidad de los documentos medievales, el nombre figura como 'Olbega', grafía que se mantiene de manera consistente hasta el siglo XVI, momento en el que también se registra la forma 'Oblega'. La transformación a 'Olvega' constituye una exigencia del uso moderno, aunque las variantes antiguas persisten en la documentación histórica.

La etimología del nombre ha resultado problemática y ha suscitado interpretaciones muy diversas entre los historiadores. Varios autores competentes señalan un posible origen en el sustrato lingüístico prerromano. Una primera hipótesis propone una raíz vasca: considerando que 'ola' y 'olea' en vascuence significan 'herrería', y teniendo en cuenta la existencia de ricos yacimientos de mineral de hierro de muy antigua explotación en Olvega, el nombre podría proceder de 'Olaveaga' (con el significado de herrería baja o herrería del alto), que al pasar al castellano se habría contraído a 'Olvega' mediante supresión de la vocal repetida. Esta raíz ha dado nombre a varios pueblos de Guipúzcoa, lo que refuerza la plausibilidad de esta interpretación.

Una segunda hipótesis, según el documento más fundamentada, vincula Olvega con la desaparición de Augustóbriga romana —conocida también como Muro de Agreda— hacia principios del siglo V. Conforme a esta interpretación, Olvega sería la heredera del nombre de Augustóbriga. Esta última es una palabra compuesta de 'Augusto' y 'Obriga', siendo 'Obriga' una terminación genérica celtibérica que significa 'ciudad' (Briga u Obriga). Según esta teoría, un pequeño núcleo de gentes procedentes de Augustóbriga habría elegido el nuevo asentamiento de Ólvega tras la desaparición de la ciudad romana, denominándose a sí mismos 'obriguenses' y llamando a su poblado 'Obriga'.

La transformación filológica de Obriga a Olvega sigue patrones bien documentados en la historia del español medieval y antiguo. El proceso evolucionó en varias etapas sucesivas: en primer lugar, se produjo el cambio de 'r' por 'l' en grupos interiores (Obriga → Obliga); posteriormente, una metátesis de sonidos, frecuente con las líquidas (Obliga → Olbiga); a continuación, la alternancia de vocales protónicas y postónicas, donde la 'i' inacentuada alternó con la 'e', siendo esta última más abierta y de pronunciación más fácil, factor que contribuyó a su preeminencia. Esta transformación vocálica se vio reforzada además por la asimilación a la palabra 'vega' (Olbiga → Olbega). Finalmente, los grupos consonánticos 'lv' y 'rb' evolucionaron hacia 'lv' y 'rv'. En el latín vulgar, especialmente el de España, estos grupos tendían a evolucionar con predilección hacia estas nuevas formas. El español antiguo, cuando aún distinguía gráficamente la 'b' de la 'v', seguía esta misma tendencia hacia la 'v', como consta claramente en la alternancia de 'Olbegam' y 'Olvegam' durante el siglo XII, documentada en la escritura medieval que refleja la transición en curso hacia la forma definitiva del topónimo.

Fuentes de esta historia

  1. Madoz, Diccionario Geográfico (1845)
  2. M. Blasco Jiménez, Nomenclátor Histórico, Geográfico... de Soria (1909)
  3. Donación de Alfonso VII (1135)
  4. Sentencia del Cardenal Guido (1136)
  5. Documento sobre hallazgo de minas de hierro (19 de octubre de 1589)
  6. Diccionario Enciclopédico, Editorial Espasa-Calpe
  7. Nicolás Rabal, Soria
  8. Rafael García de Diego
  9. E. Jimeno (tesis doctoral)
  10. Documentación medieval del siglo XII

OLV · ART · 00003

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siglo XII-XIII

Construcción de ermitas románicas (siglo XII-XIII)

En el siglo XII aparece por primera vez escrito el nombre de Olbegam en la documentación. En este mismo período comienza la construcción de ermitas románicas. La ermita de San Marcos y la de San Bartolomé son del siglo XII.…

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En el siglo XII aparece por primera vez escrito el nombre de Olbegam en la documentación. En este mismo período comienza la construcción de ermitas románicas. La ermita de San Marcos y la de San Bartolomé son del siglo XII. Posteriormente, la ermita de la Virgen de Olmacedo y la de los Mártires pertenecen al siglo XIII. Estos edificios constituyen el patrimonio religioso románico más antiguo del municipio.

OLV · ART · 00012

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siglo XII-XIII (construcción); siglo XIV (menciones); 1783 (desaparición)

El despoblado de San Bartolomé en la Hoya de la Revilla

En la Hoya de la Revilla o muy próximo a ella se encuentra el despoblado de San Bartolomé, también conocido como del Santo, Culdegallinas, Araviana y Corrales del Santo. Del asentamiento medieval apenas subsiste una ermita…

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En la Hoya de la Revilla o muy próximo a ella se encuentra el despoblado de San Bartolomé, también conocido como del Santo, Culdegallinas, Araviana y Corrales del Santo. Del asentamiento medieval apenas subsiste una ermita románica. El documento señala que no tiene función defensiva ni hay torre que lo acompañe.

Según la interpretación historiográfica, la iglesia románica se construyó probablemente después de la Reconquista por Alfonso I el Batallador, seguramente bajo Alfonso VII el Emperador. El nombre Culdegallinas es típico de la Reconquista, impuesto por gentes ajenas sin raíces en la comarca que se asentaron en poblados marginales. Estos repobladores bautizaban los lugares con nombres relacionados con lo más característico del paraje (como Muro de Agreda por la muralla romana y celtibera, Pozalmuro, Aldealpozo) o con animales (Matapiojos, Valdeasnos, Matalebreras, Conejares). La tradición oral local sitúa en la Hoya de la Revilla el lugar donde murió uno de los Siete Infantes, mientras que el resto parece que perecieron en el Cerro de Batalla o sus proximidades. En las dolinas del paraje, conocidas como El Simazo, se cree que algunos moros se escondieron durante los enfrentamientos.

En el siglo XIV el despoblado se cita profusamente en las actas notariales de Ágreda. Parece que en 1783 ya estaba completamente despoblado.

Fuentes de esta historia

  1. Actas notariales de Ágreda
  2. Peña

OLV · ART · 00033

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Siglos XII-XV (evidencias tardías hasta 1890)

Evidencias de ocupación medieval y tradición oral: alfanjes, argollas y toponomia

El fragmento documental recoge múltiples evidencias materiales de ocupación medieval e identificación legendaria del emplazamiento ólveguense, complementadas por testimonios de tradición oral que han preservado la memoria de…

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El fragmento documental recoge múltiples evidencias materiales de ocupación medieval e identificación legendaria del emplazamiento ólveguense, complementadas por testimonios de tradición oral que han preservado la memoria de estos sucesos a lo largo de los siglos. Estas evidencias se distribuyen entre varios núcleos y geografías del territorio, vinculados todos ellos a la memoria de los Siete Infantes de Lara y a la vida militar medieval de la región.

Entre los hallazgos más directos se encuentra el alfanje casualmente descubierto por Dionisio Jiménez, vecino de Ólvega, en uno de los abrigos-refugio situados al pie de las peñas, objeto que testimonia inequívocamente la presencia militar en estas eminencias. Junto a la fuente de Escuernabueyes existe una peña con tres o cuatro agujeros excavados deliberadamente en la roca, utilizados históricamente para el amarre de caballos. En esa misma peña estuvieron las argollas de bronce —actualmente desaparecidas— que la tradición comarcal vinculaba específicamente a los caballos de Los Siete Infantes, conservando así un recuerdo material de una memoria legendaria de gran arraigo local.

Los Cerros de la Batalla, según testimonio de vecinos de Beratón, Ólvega, La Cueva y Borovia, constituyen emplazamientos de especial significación. Existen dos cerros con ese nombre separados algo más de dos kilómetros en línea recta. Uno se sitúa en las estribaciones de la cara norte de la Sierra de Toranzo, donde se ubica la Torre de Araviana a 1.355 metros de altitud; el otro es una suave elevación cuasicónica con pendientes de 10° a 15° y 1.283 metros de altitud, ubicado en el amplio collado que separa la Sierra de Toranzo de la de Tablado. Aunque este segundo cerro carece de restos de fortificación visible, la gente de Beratón ha hallado al labrar puntas de lanza y puñales en sus tierras. En el Cerro donde está emplazada la Torre de Araviana, cerro donde algunos dicen que murieron los Siete Infantes, también se han recogido puntas de lanzas similares a la encontrada en la torre durante los trabajos de investigación, lo que sugiere una continuidad de ocupación militar a lo largo de distintos períodos.

La onomástica del territorio refleja asimismo esta memoria medieval arraigada en la tradición. El nombre "Sierra de Altomira" registra la función de Alto con Mirador, corroborando que la tradición oral ha preservado con fidelidad la identidad histórica y funcional del emplazamiento. El geógrafo Palacios, en su descripción de 1890 de la provincia de Soria, haciendo eco de los habitantes de La Cueva, citaba el Cerro de la Batalla como lugar donde murieron los Siete Infantes, aunque no lo localizaba con precisión. Posteriormente a la incursión de los Siete Infantes en el Valle de Araviana, dos batallas referenciadas en crónicas entre castellanos y aragoneses quedaron registradas en el mismo cerro de la torre o en sus proximidades, en la frontera de ambos reinos, demostrando que estos parajes fueron escenarios de conflictividad recurrente durante la Edad Media.

Pérez, E. S. (2016). Geografía histórica de la muerte de los Siete Infantes de Lara. La Torre y atalaya de Araviana. Celtiberia, 66(110), 125-168.

Fuentes de esta historia

  1. Tradición comarcal
  2. E. Sanz Pérez, Geografía histórica..., p. 154

OLV · ART · 00027

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Siglo XII (ermita); tradición viva hasta hoy

San Roque, San Bartolomé, San Cristóbal y San Marcos: ciclo de romerías y celebraciones menores de Ólvega

San Roque, San Bartolomé, San Cristóbal y San Marcos: ciclo de romerías y celebraciones menores de Ólvega Categoría: Tradiciones y etnografía Época: Ermita de San Marcos, siglo XII; costumbre de San Roque documentada desde 1917;…

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San Roque, San Bartolomé, San Cristóbal y San Marcos: ciclo de romerías y celebraciones menores de Ólvega

Categoría: Tradiciones y etnografía Época: Ermita de San Marcos, siglo XII; costumbre de San Roque documentada desde 1917; tradición viva hasta hoy

Más allá de sus fiestas mayores, Ólvega organiza buena parte de su calendario festivo en torno a un grupo de santos que marcan el paso de las estaciones y renuevan, año tras año, los mismos gestos comunitarios.

San Roque es el protector de la villa, y su festividad, el 14 de agosto, mezcla la devoción religiosa con la vida en la plaza. Desde 1917 se reparten peras entre los niños que limpian el camino de la procesión, costumbre que antes consistía en repartir fruta de temporada; hoy la distribución de peras se mantiene aunque ya no sea necesario limpiar el camino. Las fechas de esta celebración están entrelazadas con las de la Virgen de Agosto: la víspera de San Roque hay baile y comidas especiales en la plaza, y el 24 de agosto, festividad de San Bartolomé, se sube de nuevo la imagen desde la iglesia, con baile en la ermita y subasta de las ofrendas donadas.

San Bartolomé, sin embargo, no se festeja propiamente en su onomástica: su celebración principal cae el segundo domingo después de la subida de la Virgen de Olmacedo a su ermita. Antiguamente se cantaban letanías rotativas entre su ermita, la de San Roque y la de la Soledad. Además, en mayo se celebra una romería con misa y comida campestre en la ermita de San Bartolomé, en el valle de Araviana.

San Cristóbal, patrón de los conductores, se venera en julio con la participación destacada de camioneros, herederos del antiguo oficio de carreteros. La fiesta arranca el sábado con charanga por las calles, sigue con misa solemne y procesión hasta la Placeta del Moncayo, donde se bendicen los vehículos y se reparten estampas del santo, y culmina con la comida del gremio y una verbena popular en la Plaza España.

La romería de San Marcos es una de las celebraciones menores más antiguas y significativas de Ólvega. Se celebra el 25 de abril, aunque según otra referencia el día exacto es el domingo más cercano a esa fecha, y congrega a centenares de olvegueños en el paraje conocido como Campiserrado (también recogido como Campicerrado). La tradición oral sostiene, en ambas versiones consultadas, que si algún año no se celebrase la misa en la ermita, ésta pasaría a pertenecer al término de Ágreda, una creencia que subraya la importancia de no dejar caer la festividad.

Antiguamente la jornada era mucho más modesta: se llegaba a pie o en carros desde el pueblo, y todo se reducía a compartir la culeca —un pan de hogaza con chorizo y huevo duro— en la pradera, aprovechando también para inspeccionar el estado de los campos. La culeca se amasaba en el horno el día del amasado semanal, con ingredientes que variaban según lo que hubiera en cada casa: más o menos chorizo, y un huevo duro en el centro si las gallinas habían sido generosas esa semana. El camino a la ermita se hacía por grupos de amistad, con una hora larga de trayecto en la que las conversaciones y las historias y leyendas transmitidas por las abuelas hacían que el tiempo pasara deprisa.

Con los años la fiesta fue ganando en actividades sin perder su raíz. Hoy la jornada arranca con fogatas que empiezan a humear desde primera hora; tras la misa en honor del santo se prepara un rancho comunitario, y por la mañana se disputa un cross popular junto a competiciones por cuadrillas. Por la tarde llegan los partidos de fútbol y los juegos tradicionales, como «el juego de la abuela» y las «chapas», este último legalizado únicamente esos dos días al año. Los gaiteros amenizaban la tarde tras la merienda, y al caer el sol comenzaba un desfile de coches mientras algunos grupos de vecinos mantenían sus hogueras encendidas, lo que permitía una cena ligera y una breve velada junto al fuego antes de que el paraje recuperara su calma.

La misa de la romería era de rogativas, con letanías, y durante la comida de la culeca los hombres se pasaban las botas de vino de mano en mano; la sobremesa solía animarse hasta el punto de mantear a quien pillaran descuidado. El regreso a Ólvega se hacía por la vía del ferrocarril, atravesando el largo túnel de la Muela en fila india por seguridad, y si en ese tramo llegaba a pasar un tren, el suceso se convertía en el acontecimiento memorable de la jornada.

La ermita de San Marcos conserva una puerta románica del siglo XII. En su interior hay una mesa de piedra para la celebración eucarística, la imagen del santo y, en la primera escalera de acceso al coro, una piedra redonda de buen tamaño a la que, según la tradición burlona del lugar, bastaba pegar el oído para oír «cerner las monjas de Ágreda»: una broma que se repetía cada año a costa de los novatos.

El entorno de Campiserrado, ligado a esta romería, contaba antiguamente con servicios mínimos: la fuente de Fuencañón, la propia iglesia de San Marcos y el llamado Castillazo, un castillo militar situado entre La Muela y San Marcos que servía de refugio a los pobladores del lugar y, tal vez, también a los olvegueños en caso de ataque. La tradición oral habla además de una cadena de oro enterrada en el camino que unía el Castillazo con la ermita, un misterio nunca resuelto que alimentaba la imaginación de quienes hacían ese trayecto en día de fiesta.

OLV · ART · 00060

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Siglo XIII

1 historia

c. 1300 (primer ejemplar documentado)

Campanología soriana: historia, técnica y patrimonio sonoro

Las campanas de la provincia de Soria constituyen un patrimonio arqueológico y sonoro de gran valor histórico. Según especialistas, las voces de bronce de estas campanas funcionan como instrumento musical que interrumpe el…

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Las campanas de la provincia de Soria constituyen un patrimonio arqueológico y sonoro de gran valor histórico. Según especialistas, las voces de bronce de estas campanas funcionan como instrumento musical que interrumpe el silencio cotidiano de las parroquias con sus sonidos para avisar, convocar y marcar el paso del tiempo. Han sido durante siglos el principal medio de comunicación en los pueblos, el más seguro y eficaz. La campanología soriana remonta sus orígenes hasta la baja Edad Media, aunque hipótesis recientes sugieren antecedentes varios siglos atrás. El ejemplar más vetusto conocido es fechable en torno a 1300, marcando el ante quem de la investigación. Las primeras campanas documentadas se denominan «góticas» y coinciden con el período artístico del mismo nombre. El desarrollo socioeconómico del siglo XVI favoreció la extensión y uso de las campanas, multiplicando la demanda y promoviendo el auge de artesanos especializados, sobre todo de origen cantabro que dominaban la técnica de fundición broncinera.

Fuentes de esta historia

  1. José Ignacio Palacios Sanz, 'Campanas en la provincia Soria'
  2. MOLLA i ALCANIZ, S. A. (2001)

OLV · ART · 00009

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Siglo XIV

2 historias

siglo XIV-XIX

El despoblado de Araviana y la Dehesa de los Quintos: usos ganaderos y pleitos jurisdiccionales

El despoblado de Araviana constituye un importante testimonio de la ocupación medieval del territorio soriano y su evolución económica hasta épocas recientes. Documentado en 1339 en actas notariales del Archivo de Agreda como…

Araviana
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El despoblado de Araviana constituye un importante testimonio de la ocupación medieval del territorio soriano y su evolución económica hasta épocas recientes. Documentado en 1339 en actas notariales del Archivo de Agreda como perteneciente al término de esa localidad, el primer registro conocido del lugar proviene de una denuncia de robo de ganado vacuno que subraya desde el origen su vocación eminentemente ganadera. La denominación de "Quintos" aplicada a la Dehesa de los Quintos de Araviana hace referencia a un reparto de tierras de época visigoda o árabe; en Araviana existían cinco quintos que, aunque administrativamente pertenecían al término de Agreda, funcionaban como pasto común para la ganadería regional.

El complejo sistema de dehesas asociadas al Valle de Araviana revela una cuidadosa explotación del territorio adaptada a sus peculiaridades geográficas. La Dehesa de Toranzo era la más extensa y húmeda de toda la zona del Moncayo, extendiéndose por la amplia ladera norte de Toranzo sin profundizar excesivamente en el Valle del Araviana. Aunque recibía isoyetas de 600-700 mm anuales, el sustrato de calizas filtrantes ocasionaba déficit hídrico que impedía el buen desarrollo de prados en algunas zonas. La Dehesa de Tablado, más reducida, podría considerarse continuación hacia el este de la de Toranzo. El pueblo de los Molino de la Cueva disponía de su pequeña dehesa en el Moncayo, mientras que incluso en la cara olvegueña del Madero existían prados más secos donde se localizaron corrales de vacas y cabañas circulares medievales.

Las aguas eran un recurso estratégico para mantener la calidad de los pastos. La Dehesa de Toranzo cubría todos los valles de su vertiente norte con pastizales frescos, regados por varios arroyos que irrigaban amplios conos aluviales antes de desembocar en el Araviana. En las vaguadas se contabilizaban alrededor de una docena de manantiales con caudales variables, entre 0,4 y 3 litros por segundo en verano, destacando la Fuente de La Mingacha, Fuente del Cochino, Fuente de la Teja, Fuente de Los Quintos de Araviana, Fuente de La Poceta, Fuente de la Torruca, Fuente del Jardín y Fuente del Señar. Las zonas más bajas se podían regar además mediante la acequia molinal, que tomaba agua del arroyo más importante que bajaba del Moncayo. En tiempos modernos, parte de las laderas de Toranzo estaban cubiertas de hayedos que fueron talados para su roturación; todavía quedaban matas de haya entre los canchales, y durante la labor en Los Quintos de Araviana se sacaban a veces tocones de estos hayedos de los campos.

Los pleitos jurisdiccionales que surgieron entre Ólvega y Agreda en 1630 sobre el uso de la Dehesa de los Quintos de Araviana ponen de manifiesto la importancia económica de estos recursos ganaderos y las tensiones que generaban. El Catastro de la Enseñada de 1752 continuaba citando a Araviana como perteneciente a Agreda, mientras que el mapa de Tomás López de 1783 aún la señalaba como despoblado. Un cuadro-mapa del siglo XVIII conservado en el Convento de la Concepción de Ágreda muestra la evolución del lugar: en él aparece dibujada la "Granja de los Dezanos" junto al Prado de Mari González, en la orilla del río Araviana; ni la torre ni el poblado figuran ya en él, señal de su desaparición para entonces, quedando la zona en explotación ganadera.

La tradición ganadera de Araviana se prolongó más allá de la desaparición del poblado. Pascal Madoz, entre 1845 y 1850, cita que en los Campos de Araviana existió una población de la que estos tomaron el nombre, arruinada en el siglo XIV. El poblado estuvo íntimamente ligado a la crianza de ganado vacuno hasta épocas recientes, practicándose una trashumancia local que llevaba ganado de localidades cercanas a pastar en verano en esta sierra. El ganado bravo de Añavieja, tras la desecación de su laguna en el siglo XIX, recorría más de 20 kilómetros atravesando la Sierra de Fuentes o del Burro para alcanzar estos pastos. En la antigüedad se traía ganado desde lugares tan lejanos como Deza, lo que evidencia la proyección regional de la Dehesa de los Quintos como recurso ganadero de primer orden.

Fuentes de esta historia

  1. Archivo de Agreda, actas notariales (1339)
  2. Catastro de la Enseñada (1752)
  3. Tomás López, Mapa geográfico de la provincia de Soria (1783)
  4. Cuadro-mapa del siglo XVIII, Convento de la Concepción de Ágreda
  5. Pascual Madoz, Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de Castilla y León (1845-1850)
  6. E. Sanz Pérez, Geografía histórica..., pp. 153-154

OLV · ART · 00029

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1359 y 1429

Batallas de Araviana: conflictos castellano-aragoneses en la frontera (1359 y 1429)

El documento registra dos encuentros bélicos posteriores entre castellanos y aragoneses que tuvieron lugar en la zona de la Torre de Araviana, aprovechando su valor estratégico como fortaleza fronteriza. La primera batalla,…

Araviana
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El documento registra dos encuentros bélicos posteriores entre castellanos y aragoneses que tuvieron lugar en la zona de la Torre de Araviana, aprovechando su valor estratégico como fortaleza fronteriza. La primera batalla, referenciada por Zurita y las Crónicas de los reyes de Castilla, se inscriben en la Guerra de los dos Pedros (1356-1367). El 22 de septiembre de 1359, los aragoneses derrotaron a los castellanos en lo que se denominó Batalla de Araviana. Los mandos aragoneses fueron Enrique el Bastardo y don Tello, acompañados por don Pedro de Luna, don Martínez de Luna y otros caballeros ricos hombres aragoneses, que penetraron en Agreda con 800 de a caballo y llegaron a los Campos de Araviana. La defensa castellana, capitaneada por don Juan Fernández de Hinestrosa y don Fernando de Castro con mil quinientos jinetes, fue derrotada, quedando el territorio en poder de Aragón. Algunos autores señalan que el poblado de Araviana desapareció en este encuentro. La segunda batalla ocurrió a mediados de noviembre de 1429, con intervención del Marqués de Santillana, capitán frontero del ejército castellano en Agreda. Ambos conflictos aprovecharon la ubicación estratégica de la fortaleza de Araviana en la frontera de los dos reinos.

Fuentes de esta historia

  1. Zurita, Anales de la Corona de Aragón; Crónicas de los reyes de Castilla; Peña

OLV · ART · 00032

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Siglo XV

1 historia

1474

El episodio de 1474: 'Segunda Numancia Soriana'

El año de 1474 marca un acontecimiento traumático que daría a Ólvega el sobrenombre de 'Segunda Numancia Soriana', hecho recordado en una pintura mural y leyenda en la ermita de la Virgen de los Mártires. El trasfondo fue la…

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El año de 1474 marca un acontecimiento traumático que daría a Ólvega el sobrenombre de 'Segunda Numancia Soriana', hecho recordado en una pintura mural y leyenda en la ermita de la Virgen de los Mártires.

El trasfondo fue la política de donaciones de Enrique IV: la villa de Ágreda, con sus aldeas (incluida Ólvega), fue objeto de dos intentos de donación a sendos señores, ambos frustrados por el levantamiento de los habitantes contra la disposición. En una tercera donación, aunque posteriormente revocada por el rey, el conde de Medinaceli intentó tomar posesión. Aunque la lápida mural de la ermita de los Mártires habla de 'Agartón de la Cerda', según la Crónica de los Reyes de Castilla se trataba en realidad de Don Luis de la Cerda, un hijo suyo, quinto conde de Medinaceli.

Olvega se negó a obedecer al noble. Ante esta resistencia, el conde descargó toda su ira poniendo fuego a las puertas de una torre donde el pueblo se había hecho fuerte. Las llamas penetraron en el interior, declarándose un incendio tan voraz que todos perecieron abrasados. El conde abandonó esta 'Segunda Numancia' sin lograr la victoria. Los olvegueños que allí murieron fueron enterrados en una ermita que pasó a llamarse de los Mártires.

Este hecho se representa en el escudo de Ólvega con una torre almenada en llamas.

OLV · ART · 00013

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Siglo XVI

2 historias

siglo XVI

Apogeo renacentista del siglo XVI

El siglo XVI fue una época de pujanza y prosperidad para Ólvega, reflejada en importantes realizaciones constructivas y el surgimiento de personajes notables. Se construyó una buena parte de la Iglesia de Santa María la Mayor, se…

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El siglo XVI fue una época de pujanza y prosperidad para Ólvega, reflejada en importantes realizaciones constructivas y el surgimiento de personajes notables. Se construyó una buena parte de la Iglesia de Santa María la Mayor, se realizó su retablo mayor, se levantó el palacio renacentista de los Salcedo-Morales y se edificó el antiguo ayuntamiento.

Entre los personajes destacados de la época figura el doctor Don Juan Díez Morales de Salcedo, inquisidor de Granada y Valladolid, y beneficiado de la villa, que falleció en 1598. Su sobrino fue Don Diego Real de Salcedo, caballero de la Orden de Santiago y miembro del Consejo Real de las Órdenes. Ambos están enterrados en la iglesia, en los dos arcosolios del presbiterio.

Otro personaje notable fue el Obispo de Medina-Sidonia, don Diego de Pereda y Morales, nacido en Ólvega en 1561 y fallecido en Mérida en 1637.

OLV · ART · 00014

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1556

Carta de Privilegio de Carlos V (1556): constitución de Ólvega como Villa de Realengo

El logro más significativo del siglo XVI para Ólvega fue la obtención de la carta de privilegio otorgada por Carlos V, que concedía a la aldea su exención jurisdiccional de la Villa de Ágreda y le otorgaba el título de 'Villa de…

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El logro más significativo del siglo XVI para Ólvega fue la obtención de la carta de privilegio otorgada por Carlos V, que concedía a la aldea su exención jurisdiccional de la Villa de Ágreda y le otorgaba el título de 'Villa de Realengo', con 'todos los derechos, insignias, libertades, preeminencias y prerrogativas correspondiente a ello'. Este documento, fechado en Valladolid el 16 de Marzo de 1556, supuso la independencia administrativa de Ólvega respecto a Ágreda y su elevación de rango como entidad municipal.

OLV · ART · 00015

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Siglo XVII

3 historias

Siglos XVII-XX

Fiestas y Gastronomía

La memoria festiva y gastronómica de Ólvega forma un calendario que recorre todo el año, en el que cada celebración trae consigo sus propios sabores, sus cofradías, sus leyendas y sus gestos heredados de generación en generación.…

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La memoria festiva y gastronómica de Ólvega forma un calendario que recorre todo el año, en el que cada celebración trae consigo sus propios sabores, sus cofradías, sus leyendas y sus gestos heredados de generación en generación.

El ciclo se abre el tres de febrero con San Blas, cuando se celebra la bendición de los rollos o roscos. El rollo, hecho con huevos, harina, azúcar, leche, aceite y levadura, se lleva a misa —también los niños acuden con el suyo, adornado— y el párroco lo bendice salpicándolo con agua que, según la creencia popular, le otorga la virtud de curar los males de garganta. No en vano el refrán recuerda que «por San Blas, la cigüeña verás».

Con la llegada de la primavera, el 25 de abril o el domingo más cercano a esa fecha, se celebra la Romería de San Marcos, una de las fiestas de mayor arraigo. Cientos de olvegueños y visitantes se reúnen en la pradera del paraje de Campiserrado, donde se alza la ermita del santo, para pasar un día de campo en familia o en cuadrilla. Allí se degusta la culeca, una especie de torta salada hecha con masa de pan trabajada con manteca y rellena de chorizo, huevo duro, lomo o torreznillo —ingredientes que antaño eran comunes en todas las casas y, además, fáciles de transportar el día de la romería—. Junto a ella se preparan grandes cantidades de rancho, el menú tradicional cocinado al aire libre a base de carne con patatas, grasas y verduras, al que hoy se suelen añadir también conejo, tomate, bacalao o caracoles. Antiguamente, la gente de Ólvega acudía a pie o en carro hasta este lugar; la fiesta se limitaba entonces a comer la culeca en la pradera y después «ir a ver cómo estaban los campos». Existe además una tradición que asegura que si algún año dejara de celebrarse la misa de San Marcos en su ermita, esta pasaría a pertenecer al término de Ágreda. En la actualidad, desde primera hora de la mañana se encienden las fogatas, se va a misa y se prepara el rancho, mientras la jornada se llena de competiciones —el cross popular, partidos de fútbol por cuadrillas, el juego de la abuela o las chapas, legalizadas solo dos días al año—, meriendas amenizadas por gaiteros y, al caer la tarde, el desfile de coches; algún grupo de olvegueños mantiene su hoguera encendida hasta bien entrada la noche. El recuerdo de esta romería está también envuelto en mitos y leyendas transmitidos entre los más jóvenes: la merienda infantil se reducía a la culeca hecha en el horno el día del amasado semanal, con más o menos chorizo y, si las gallinas lo habían puesto, un huevo duro en el centro; el camino hacia Campiserrado se hacía en grupos de amigas comentando historias que las abuelas habían contado, entre ellas la de una cadena de oro que, según se aseguraba, estaba enterrada en algún punto del camino entre el paraje conocido como «El Castillazo» —un antiguo refugio, de trazas de castillo militar, situado entre La Muela y San Marcos— y la ermita, aunque nadie supiera precisar el lugar exacto. En Campiserrado hubo antaño un poblado con sus propios servicios: la fuente de Fuencañón, la iglesia de San Marcos —a cuyas campanas, se dice, las robaron los vecinos de Ágreda para colocarlas en la iglesia de San Juan— y el propio Castillazo. La ermita, de puerta románica del siglo XII, guarda una curiosa broma que se repite cada año con los novatos: se les dice que, pegando el oído a una piedra redonda situada junto a la escalera del coro, pueden oírse cerner a las monjas de Ágreda, broma que suele terminar en un coscorrón. La misa de la romería era de rogativas, con sus correspondientes letanías, y durante la comida los hombres se pasaban las botas de vino mientras la sobremesa, animada, incluía el tradicional manteo de algún incauto. La vuelta al pueblo solía hacerse por la vía del tren, atravesando el largo túnel de La Muela, con el cuidado de caminar en fila india por el peligro que suponía la vía, y el paso de algún tren era entonces todo un acontecimiento.

Los productos del cerdo tienen también su protagonismo gastronómico en Ólvega, especialmente el chorizo, cuya curación se ve favorecida por el clima frío y seco de la zona. En su honor se celebra «El Día del Chorizo», el fin de semana anterior a las Fiestas de la Virgen de Olmacedo —según otra referencia, este día coincide con el sábado anterior a las comuniones—, cuando los vecinos suben hasta la ermita de la Virgen para recoger un chusco de pan y un tallo de chorizo repartidos por el Ayuntamiento y los mayordomos. La costumbre tiene su origen en los niños que antiguamente iban a limpiar de piedras el camino por el que al día siguiente sería llevada la Virgen hasta el pueblo; como agradecimiento por el trabajo, se les obsequiaba con esta merienda de pan y chorizo. De la matanza también proceden el picadillo —carne picada de cerdo preparada como la del chorizo pero sin embuchar— y el célebre torrezno o torrenillo, una tira de panceta adobada y frita, de corteza crujiente, imprescindible en el almuerzo olvegueño.

Las Fiestas del Cristo aportan sus propios manjares: durante estos días las peñas elaboran el vino de terrizo, con vino, azúcar y melocotón, que se ofrece a cuantos se acercan a los terrizos. Las fiestas culminan con la Comida de Hermandad, en la que los quintos reparten alubias blancas y carne de toro estofado, un menú cocinado en plena calle para un gran número de comensales. A estos sabores se suman, ya fuera del calendario festivo estricto, las setas —sobre todo las de cardo y los níscalos, muy presentes en los menús y tapas de los establecimientos del pueblo en temporada— y la caza, que ofrece carne de jabalí, ciervo o corzo.

Las Fiestas del Cristo tienen su origen documentado a finales del siglo XIX, cuando tras la cosecha se celebraba la fiesta del Santísimo Cristo de la Cruz a Cuestas como acto de acción de gracias. Días después era costumbre realizar la «allegada», una recogida de donativos y trigo llevada a cabo con caballos engalanados y conducida por el Ayuntamiento, los mayordomos de la Vera Cruz, alguaciles y guardias del municipio. Se desconoce la fecha exacta en que estas fiestas adquirieron carácter patronal, pero su esencia —actos religiosos, volteo de campanas, toros, terrizos, buen humor y alegría— ha perdurado hasta hoy. Actualmente, la víspera, en la tarde del 13 de septiembre, se celebra el pregón a cargo de una persona querida por los olvegueños, acto en el que también se corona a la Reina y las Damas de las fiestas, tradición recuperada hace algunos años. El chupinazo congrega a todos los vecinos en la Plaza de España e inaugura oficialmente las fiestas; después, todo el pueblo —charanga, peñas, quintos, corporación municipal, Reina y Damas, gigantes y cabezudos— recorre los terrizos, donde destaca el colorido de las peñas con sus blusones, chalecos, pañuelos, fajines y pancartas. La jornada continúa con baile y, de madrugada, los gaiteros recorren las calles hasta el amanecer, cuando tiene lugar la primera diana floreada, que despierta a los rezagados con moscatel y pastas antes del primer encierro con vaquillas; estos actos matinales se repiten cada día de fiesta. La mañana del 14 trae la procesión, acompañada de la Banda de Música, y la solemne Misa Mayor en honor al Santísimo Cristo de la Cruz a Cuestas. Por las tardes se suceden exposiciones, espectáculos taurinos distintos cada día —rejones, lidia, la jornada de los quintos, recortadores—, el encierro vespertino, bailes, charanga, verbena y los terrizos abiertos a todo el mundo. El último día, tras cuatro jornadas de festejos, llega la Comida de Hermandad, en la que más de dos mil comensales se reúnen en la Plaza de España y calles adyacentes para compartir judías y toro guisado, regados con vino, y rematar con fruta, café, helado y copa; antiguamente solo asistían mozos y casados, pero con el tiempo las mujeres se han incorporado a este acto. Tras el aplauso a los cocineros y a los quintos que han servido la comida —quintos del año siguiente que ya sienten la emoción del relevo— quedan aún la charanga, los bailes y la entrega de premios, hasta que a medianoche llega la despedida definitiva con bengalas: la Plaza de España se convierte en una estrella luminosa donde vecinos y forasteros, entrelazando las manos, entonan el «Pobre de mí, ya falta menos para que lleguen las próximas fiestas».

Las fiestas de mayor arraigo y devoción, sin embargo, son las de la Virgen de Olmacedo. Comienzan con el ya mencionado Día del Chorizo y continúan al día siguiente con la misa en la ermita, a la que se sube en procesión desde la iglesia de Santa María la Mayor, con los participantes ataviados con el traje regional para la ofrenda floral. Tras la misa, la Virgen es llevada a hombros por los feligreses hasta el pueblo, donde permanece nueve días, es testigo de la primera comunión de los niños y el martes regresa de nuevo a su ermita, jornada que constituye propiamente la Fiesta de la Virgen de Olmacedo. Desde la Plaza de España, junto con la corporación y la Banda Municipal, se baja hasta la iglesia el ramo de la Virgen, portado bailando entre cánticos por las señoras que lo han vestido; tras la misa se sube en procesión hasta la ermita, donde se subastan los regalos donados por quienes desean hacer una ofrenda a la patrona. Durante los cuatro días de fiesta se suceden verbenas y ferias, se reúne la familia y los pequeños reciben la primera comunión, en medio del agradecimiento de los olvegueños hacia su Virgen por haberse quedado entre ellos. Porque, entre retazos de historia y leyenda, se cuenta que los monjes de Fitero veneraban en la ermita de Ólvega a la Virgen de Calatrava y que, al marcharse, quisieron llevársela consigo, pero Ella regresó y apareció posada en un olmo, de donde procede su nombre. En el siglo XII, los monjes cistercienses que habitaban un monasterio a los pies de la sierra del Madero abandonaron la entonces llamada villa de Alauva —hoy Ólvega— para trasladarse a Fitero. Sus habitantes profesaban gran devoción a la Virgen de Calatrava, su patrona, y el día en que los frailes partieron, en la festividad de la Ascensión, formando una caravana de carros tirados por bueyes y caballos, las gentes salieron al camino a despedirse, más de la Virgen que de los propios monjes: se dice que lloraron las mozas que solían acudir a su trono a confiarle sus pesares e ilusiones, y también dos pastorcillos, Juanico y Pedro, que acostumbraban a visitar el altar cuando el ganado dormía la siesta para contarle sus preocupaciones, como la ovejuela perdida o el temor de que algún corderillo cayera víctima de los lobos que aullaban por las crestas de los montes. Aquel día, un hermano lego les aseguró que los frailes volverían pronto si rezaban mucho, sin que los niños repararan en que la Virgen viajaba ya, sentada en un trono sobre los aparejos de un caballo blanco, con la caravana que se perdía en la lejanía. Al descubrir el altar vacío y arrodillarse a rezar, un relámpago y un trueno les hicieron alzar la vista justo antes de salir corriendo hacia sus rebaños; fue entonces cuando la vieron, resplandeciente, posada sobre las ramas de un olmo centenario. La Virgen no quiso marcharse a Fitero: se quedó entre sus hijos de Ólvega, y desde entonces se la conoce como la Virgen de Olmacedo.

En agosto, desde 1982, se celebran el primer fin de semana del mes las Fiestas de la Juventud, organizadas por la asociación La Juve con la colaboración económica de todo el pueblo y presididas por su mascota, el Bulinga. El viernes se anima con un concierto de grupos jóvenes en el último de los chiringuitos, y el sábado, tras el pregón a cargo de dos jóvenes de la localidad, quedan inauguradas oficialmente las fiestas. A lo largo del intenso fin de semana no falta la actividad: verbenas, charangas, gaiteros, el reparto de dos mil bocadillos, chocolatada, migas y juegos, en una celebración que ha calado no solo entre los olvegueños sino en toda la comarca.

San Roque fue tiempo atrás protector de la villa. El 14 de agosto, para conmemorar su festividad, se repartía una pera a los niños que iban a limpiar el camino de la procesión, costumbre implantada en 1917 en sustitución del reparto de fruta del tiempo que se hacía hasta entonces; hoy la tradición del reparto perdura, aunque ya no sea necesario limpiar el camino. Coincidiendo con la Virgen de Agosto se bajaba a San Roque desde su ermita hasta la iglesia, jornada de buena mesa y baile en la plaza; al día siguiente, festividad del santo patrón, se repetían el baile y algún guiso extraordinario, y el día 24, onomástica de San Bartolomé, se subía de nuevo a San Roque a la iglesia, con baile y subasta de las ofrendas donadas en su ermita.

San Bartolomé, sin embargo, no se celebra el día de su onomástica sino el segundo domingo tras la subida de la Virgen de Olmacedo a su ermita, jornada en la que era costumbre cantar unas letanías que, rotando cada año, se decían en su ermita, en San Roque y en la Soledad. En mayo, coincidiendo con su onomástica, se celebra además una romería con misa y comida campestre en la ermita que el santo tiene en el valle de la Araviana.

En julio, con la llegada del verano, los camioneros veneran a San Cristóbal, patrón de los conductores, oficio heredado de los antiguos carreteros. La fiesta arranca el sábado por la mañana con charanga por las calles, solemne misa y procesión hasta la Placeta del Moncayo, donde se bendicen los vehículos y se reparte una estampa del santo; camioneros y demás miembros del gremio organizan después una comida, y por la noche una verbena abierta a todo el pueblo anima la Plaza de España.

La Semana Santa de Ólvega tiene en las procesiones su momento más destacado, con el paso solemne de imágenes como la Oración del Huerto, la Flagelación o la Columna, el Ecce Homo o Cristo de la Caña con la Cruz a Cuestas, el Cristo de la Agonía, el Sepulcro y la Virgen de la Soledad. La organizan la Cofradía de la Santa Vera Cruz, la Cofradía de Penitentes, la Cofradía de Romanos, la Banda de Cornetas y Tambores de Ólvega y la Banda Municipal. El día anterior al Domingo de Ramos, los mayordomos de la Vera Cruz visten los pasos en la ermita de la Soledad, y los alfileres que han pasado por las ropas de las imágenes se bendicen y reparten entre los niños, con la creencia popular de que la herida producida por uno de ellos no se infecta. El Domingo de Ramos por la mañana tiene lugar la Procesión de la Palma y la Bendición de los Ramos, desde la Plaza de España hasta la iglesia, con la participación de las cofradías de Penitentes y de la Vera Cruz; ese mismo día, en la ermita de los Mártires, se realizan las inscripciones en la Cofradía de la Vera Cruz, tanto de los niños nacidos ese año como de cualquiera que desee incorporarse. Por la tarde, los pasos salen en procesión desde la ermita de la Soledad hasta la Parroquia de Santa María la Mayor, donde se cantan Los Lamentos. El Jueves Santo se celebra el lavatorio de los pies a doce penitentes y tiene lugar la procesión más larga, que recorre las calles más céntricas del pueblo. El Viernes Santo por la mañana se celebra la Procesión de las Siete Palabras, en la que salen la Virgen de la Soledad y el Cristo de la Agonía con siete paradas, y por la tarde la Procesión del Santo Entierro, en la que participan todos los pasos y se representa, en un momento emotivo del recorrido, el entierro de Jesús: el capitán de los romanos «echa la losa», sellando simbólicamente el Sepulcro, antes de que los pasos regresen a la ermita de la Soledad. Dos ermitas cobran especial protagonismo en estos días: la de la Virgen de los Mártires, templo del siglo XIII situado en el corazón del casco urbano, donde penitentes, romanos y banda se reúnen antes de cada procesión junto al sacerdote y los mayordomos de la Vera Cruz; y la de la Soledad, en la calle homónima, levantada en el siglo XVII bajo el auspicio de la Cofradía de la Vera Cruz, donde se guardan los pasos durante el año y de donde parten en la primera procesión de Domingo de Ramos para regresar en la última de Viernes Santo. Durante los propios días de Semana Santa, las imágenes se custodian en la Parroquia de Santa María la Mayor.

La Cofradía de la Santa Vera Cruz es una de las más antiguas de la localidad: se conocen sus estatutos de 1709, aunque el historiador Manuel Peña García considera que su fundación pudo ser anterior, sin que hasta el momento se conozca la fecha exacta. Mantiene hoy buena parte de sus finalidades originales, como la asistencia y el acompañamiento en los entierros y la participación en la Semana Santa. Desde 1979 la integran los quintos que cumplen cincuenta años, junto a sus consortes, que además salen en la Procesión del Santo Cristo el 14 de septiembre y en la Procesión del Abuelo, el lunes siguiente a las Fiestas de la Virgen de Olmacedo, en mayo. En las procesiones de Semana Santa, los hombres visten capa castellana negra y portan una vela larga y gruesa, mientras las mujeres, detrás, lucen riguroso luto con la característica peineta y mantilla; tres cofrades portan las cruces de la procesión. El día tres de mayo se celebra el «cambio de capas», acto en el que se nombran los nuevos mayordomos, que se harán cargo de la actividad de la cofradía durante el año siguiente, de mayo a mayo.

La Cofradía de Penitentes vistió túnica negra hasta 1966; desde entonces luce capa, guantes y cordón blancos, con túnica y capirote morados. Los nazarenos —los niños de la cofradía— visten túnica morada con esclavina, guantes y cordón blancos. El Preboste, que encabeza las procesiones, porta una cruz verde y viste túnica, guantes y capirote blancos con capa y cordón morados; tras él desfilan los nazarenos y después los penitentes que portan las imágenes, escoltados por los soldados romanos.

La Cofradía de Romanos, ataviada con coraza, casco, escudo y lanza, acompaña y escolta a los penitentes durante las procesiones y se encarga además de custodiar el monumento en la iglesia desde el Jueves hasta el Viernes Santo.

Como colofón gastronómico de estos días, junto con las torrijas es tradición tomar la limonada, un vino preparado con vino tinto, limón, canela y azúcar, que cierra el recorrido de un calendario festivo en el que cada celebración de Ólvega —desde el rollo de San Blas hasta la limonada de Semana Santa— guarda su propio sabor, su propia historia y, en más de un caso, su propia leyenda.

OLV · ART · 00059

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Siglo XVII-XVIII (cuadro); años 1930-1940 (borramiento de murales); años 1970 (pérdida del cuadro)

Iconografía religiosa perdida del Valle de Araviana: el cuadro de los Siete Infantes

Una ermita del Estrecho de Araviana (probablemente la Ermita de la Virgen de Nuestra Señora de los Remedios) conservaba un cuadro de temática religiosa relacionada con los Siete Infantes, probablemente fechado y de la misma época…

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Una ermita del Estrecho de Araviana (probablemente la Ermita de la Virgen de Nuestra Señora de los Remedios) conservaba un cuadro de temática religiosa relacionada con los Siete Infantes, probablemente fechado y de la misma época que la ermita (siglos XVII-XVIII). El cuadro fue sustraído durante el abandono que sufrió el templo en los años setenta del siglo XX. La obra sintetizaba de forma gráfica la tradición local heredada sobre el combate y derrota de la cabalgada castellana. En él se identificaban muy bien los parajes de la zona: caballeros luchando por el Valle de Araviana con lanzas y arcos de flechas, el río, la Sierra de Toranzo (pero no el Moncayo), la Cuerda del Moro y Las Peñas de Los Siete Infantes con guerreros peleando. El autor parecía estar viendo el paisaje desde arriba, desde el sureste, desde la sierra del Madero. Además de este cuadro, las paredes de la entrada al templo estaban decoradas a ambos lados con alegorías a las luchas de Los Siete Infantes, guerreros, paisaje de montañas, caballos, santos y palomas, como era costumbre en iglesias dedicadas a mártires de antiguos cristianos. Estas pinturas murales eran anteriores a las del cuadro y se taparon o borraron hacia los años treinta o cuarenta del siglo XX. Probablemente fue pintado por algún artista poco conocido sin gran valor artístico aparente, pero de notable valor documental para la transmisión de la tradición local. Fuente: Eugenio Sanz Pérez, documento académico.

Pérez, E. S. (2016). Geografía histórica de la muerte de los Siete Infantes de Lara. La Torre y atalaya de Araviana. Celtiberia, 66(110), 125-168.

Fuentes de esta historia

  1. Eugenio Sanz Pérez

OLV · ART · 00025

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1695-1964

La minería en Ólvega: del almagre colonial a la explotación de hierro moderna

La historia económica de Ólvega se encuentra estrechamente ligada a la explotación de recursos mineros durante varios siglos, desde la extracción de almagre en época moderna hasta la minería de hierro del siglo XX. En el último…

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La historia económica de Ólvega se encuentra estrechamente ligada a la explotación de recursos mineros durante varios siglos, desde la extracción de almagre en época moderna hasta la minería de hierro del siglo XX.

En el último cuarto del siglo XVII, la explotación de almagre se convirtió en una actividad relevante para la villa. Por orden de Carlos II, en 1695 se dictó una provisión mediante la cual se obligaba a los propietarios particulares de la mina a "dejar libre uso y aprovechamiento de ella a dicha Villa de Ólvega, para que pueda sacar y beneficiarla para almagre". Esta orden real permitió que el municipio asumiera el control de la explotación y transformara el proceso productivo. A partir de entonces funcionó el conocido Molino de Almagre por cuenta de la Villa, establecimiento que "molía a represa y era de muela", convirtiéndose en una importante fuente de ingresos para el municipio durante siglos.

La minería adquirió una nueva dimensión a principios del siglo XX, cuando se inició la explotación industrial de hierro. En 1902 una compañía belga comenzó los trabajos de extracción, implementando un ferrocarril de vía estrecha que conectaba Ólvega con Castejón de Navarra para el transporte del mineral. Esta empresa empleaba inicialmente a setenta obreros, proporcionando empleo y estabilidad económica que se convertiría en la base del sustento del pueblo durante décadas.

La actividad minera experimentó un nuevo impulso en 1954 con la puesta en explotación de la mina Petra III, que llegó a emplear a doscientos treinta obreros trabajando en dos turnos consecutivos. Sin embargo, esta segunda fase de desarrollo minero se vio comprometida por decisiones empresariales poco previsoras. La circunstancia de que la propiedad de la mina estuviese en litigio propició que la compañía explotadora priorizase la extracción máxima e inmediata sobre la viabilidad futura de la explotación. Esta estrategia explotadora tuvo consecuencias que se manifestaron rápidamente: en 1964 apenas trabajaban setenta obreros en las minas, cifra que evidenciaba el colapso de la actividad. Poco después, la explotación minera fue abandonada completamente, cerrando así un capítulo importante en la historia económica de Ólvega.

OLV · ART · 00016

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Siglo XIX

6 historias

1816

Confirmación de privilegios por Fernando VII (1816)

Fernando VII fue el último monarca que firmó la 'confirmación a la villa de Ólvega de un privilegio de exención de la jurisdicción de la villa de Ágreda', revalidando los derechos otorgados siglo y medio antes. Este documento fue…

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Fernando VII fue el último monarca que firmó la 'confirmación a la villa de Ólvega de un privilegio de exención de la jurisdicción de la villa de Ágreda', revalidando los derechos otorgados siglo y medio antes. Este documento fue dado en Madrid el 8 de Agosto de 1816, en plena época de restauración fernandina.

OLV · ART · 00018

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siglo XIX

Inventario catastral de baldíos en Araviana: Quintos de Hortalejos y Rebollosa

La documentación registra dos parcelas baldías situadas en el término de Ólvega, en el despoblado de Araviana, a unos 8-9 kilómetros al este de la población. El Quinto de Hortalejos (número 2272 del inventario) comprende 294…

Araviana
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La documentación registra dos parcelas baldías situadas en el término de Ólvega, en el despoblado de Araviana, a unos 8-9 kilómetros al este de la población. El Quinto de Hortalejos (número 2272 del inventario) comprende 294 hectáreas, 28 áreas y 70 centiáreas, equivalentes a 457 fanegas de marco nacional. Presenta suelo de tercera calidad con abundantes pastos, siendo roturada una mitad de la parcela. Lindaba al norte con un cordel de ganados trashumantes; al sur y este con término de Borobia; y al oeste con el Quinto denominado Rebollosa. Fue capitalizada por renta anual de 120 pesetas en 2700 pesetas y tasada en 3000 pesetas. El Quinto de la Rebollosa (número 2273) medía 90 hectáreas, 15 áreas y 30 centiáreas (140 fanegas de marco nacional), con suelo accidentado, mitad de tercera calidad con pastos y mitad roturación posible. Lindaba al norte con cordel trashumante; al sur con término de Borobia; al este con el Quinto de Hortalejos; y al oeste con propiedad de Félix Córdoba. Se capitalizó por renta anual de 40 pesetas en 900 pesetas y se tasó en 1000 pesetas. Ambas parcelas fueron deslindadas por el práctico Marcelino Barrera y tasadas por el Agrimensor de Hacienda Zacarías Benito Rodríguez, quien emitió el tipo de tasación. Ambas llevaban cláusulas de respeto a servidumbres públicas y particulares, prohibiendo al comprador reclamación sobre fincas privadas enclavadas en el baldío.

Fuentes de esta historia

  1. Aula de estudios agredeños

OLV · ART · 00047

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1862

Gustavo Adolfo Bécquer en Soria: inspiración romántica del Moncayo y la Ruta Becqueriana

La obra del escritor romántico Gustavo Adolfo Bécquer no puede entenderse sin la influencia profunda del paisaje y las gentes del Moncayo, la Rinconada y buena parte de la provincia de Soria. Sus Cartas desde mi celda y sus…

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La obra del escritor romántico Gustavo Adolfo Bécquer no puede entenderse sin la influencia profunda del paisaje y las gentes del Moncayo, la Rinconada y buena parte de la provincia de Soria. Sus Cartas desde mi celda y sus Leyendas son fruto de un encuentro explosivo que permitió al poeta extraer toda la fuerza literaria de su convulsa espiritualidad. El sensible y tormentoso poeta descubrió en estas comarcas las gentes, el costumbrismo y los escenarios adecuados para contar sus historias, hallando en ellas la magia, la belleza, el misterio y la fuerza de un paisaje ideal para retroceder a una estética y a valores de siglos atrás, lejos de una modernidad española del siglo XIX que le agobiaba.

Los hermanos sevillanos Gustavo Adolfo Bécquer y Valeriano Bécquer llegaron a la localidad de Trasmoz en 1862, en el somontano del Moncayo, en busca de un lugar donde Gustavo pudiera recuperar una salud siempre delicada. Valeriano, además de pintor, compartió la estancia en la zona y plasmó sus experiencias en pinturas y grabados que otorgaron proyección nacional y protagonismo al Moncayo y a Soria. El poeta vivió también en Noviercas con Casta Esteban, soriana natural de Torrubia, con quien se casó. El matrimonio tuvo tres hijos pero vivió una tormentosa relación plagada de dudas sobre una posible infidelidad. Paradójicamente, el poeta del amor no tuvo suerte en sus relaciones sentimentales, aunque sus Rimas consiguieron transmitir tanta sensibilidad y pasiones contradictorias. Bécquer murió de tuberculosis muy joven, a los 34 años de edad.

El legado de Bécquer en la región se mantiene vivo a través de diversos espacios de memoria. En Noviercas existe un centro de interpretación sobre las atalayas medievales de vigilancia, un museo dedicado a Gustavo Adolfo Bécquer y Casta Esteban, e incluso puede visitarse la casa en la que vivieron. En la cercana población de Torrubia se encuentra la casa-museo de Casta Esteban, que conserva la ambientación de cómo era una vivienda de una familia de clase media en el medio rural soriano del siglo XIX.

La inspiración becqueriana se diseminó por un amplio territorio que configuró lo que hoy se conoce como la Ruta Becqueriana, un itinerario literario que abarca el Moncayo y la provincia de Soria. La ruta comienza o termina en Soria o Trasmoz, con Beratón a la mitad del camino. El recorrido atraviesa los principales lugares que inspiraron al poeta romántico y su hermano pintor. Vera de Moncayo posee restos de un castillo del siglo XIV, la iglesia de Natividad del siglo XVI con torre mudéjar-renacentista y un importante retablo de la escuela renacentista aragonesa, así como el yacimiento celtíbero de Oruña y los vinos de denominación del Campo de Borja. A un kilómetro de Vera está el monasterio cisterciense de Veruela, donde residieron temporalmente los Bécquer y donde Gustavo se inspiró para sus Cartas desde mi celda.

Desde Vera se continúa a Trasmoz, villa que alberga un castillo con la torre del homenaje restaurada y musealizada, y una casa-museo de las brujas que evidencia las sensaciones mágicas del entorno que cautivó al poeta. El tercer pueblo del triángulo becqueriano del Moncayo aragonés es Litago, situado a 6 kilómetros de Vera. La aventura becqueriana continúa hacia la provincia de Soria, pasando por la zona recreativa del Parque Natural de la Dehesa del Moncayo y la localidad soriana de Vozmediano, que cuenta con castillo y el nacimiento del río Queiles. De Vozmediano se desciende a Ágreda, conocida como Villa de las Tres Culturas, pueblo con interesante patrimonio cultural. La ruta bordea el Moncayo hacia la industrial villa de Ólvega, para continuar encarando el puerto del Carrascal.

Antes de alcanzar el puerto está Beratón, el último pueblo soriano y el más alto de la provincia, a casi 1.400 metros de altitud, asentado a los pies del Moncayo con vista espectacular del barranco del río Isuela. El viaje becqueriano se retoma hacia Noviercas, en el valle del Araviana. Para terminar el itinerario, se continúa hacia la villa de Gómara, donde está ambientada la leyenda La promesa; sigue por Almenar, donde Bécquer situó la leyenda de los Ojos verdes; y culmina en la capital soriana, donde El rayo de luna y El Monte de las Ánimas están localizadas. La ruta descansa finalmente en las riberas del Duero de Soria, cerrando un círculo que abraza los paisajes y las emociones que alimentaron la pluma del romántico poeta sevillano.

Fuentes de esta historia

  1. Ruta Bécqueriana 2020 - Ayuntamiento de Beratón

OLV · ART · 00049

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1900-2019

Desarrollo urbanístico y construcción por décadas (1900-2019)

El desarrollo urbanístico de Ólvega según datos catastrales actualizados a octubre de 2019 muestra una distribución de superficie construida por décadas. El período 1900-1909 representa el 8,15% del total y ocupa el puesto 181º…

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El desarrollo urbanístico de Ólvega según datos catastrales actualizados a octubre de 2019 muestra una distribución de superficie construida por décadas. El período 1900-1909 representa el 8,15% del total y ocupa el puesto 181º provincial y 7.171º nacional. La mayor intensidad constructiva se registra en 2000-2009 con el 26,58% de la superficie total (4º puesto provincial, 1.062º nacional), seguido por 1970-1979 con 12,76% (3º puesto provincial, 710º nacional) y 2010-2019 con 15,94% (2º puesto provincial, 318º nacional). El casco histórico anterior a 1900 se identifica en negro en los mapas de edad edificatoria. Esta información refleja dos ciclos constructivos principales: el de los años 70 del siglo XX y el período 2000-2019, con menor actividad en las décadas intermedias.

OLV · ART · 00051

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1900-2024

Evolución demográfica de Ólvega (1900-2024)

Según los datos del INE publicados a 1 de enero de 2024, Ólvega cuenta con 3.838 habitantes, 56 más que en 2023. La evolución poblacional desde 1900 muestra una población inicial de 1.688 habitantes en 1900, alcanzando un máximo…

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Según los datos del INE publicados a 1 de enero de 2024, Ólvega cuenta con 3.838 habitantes, 56 más que en 2023. La evolución poblacional desde 1900 muestra una población inicial de 1.688 habitantes en 1900, alcanzando un máximo de 3.861 en 2012, seguido de un descenso hasta 2019 (3.656 habitantes) y una recuperación posterior. La densidad de población actual es de 38,86 habitantes por km². Los datos año a año desde 2024 hasta 1986 muestran fluctuaciones generales, con incremento neto en los últimos tres años tras una tendencia decreciente entre 2012 y 2019.

OLV · ART · 00037

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1900-1941

Modernización urbana e infraestructuras del siglo XX (1900-1950)

La primera mitad del siglo XX trajo consigo la realización de importantes obras que transformaron Ólvega: la instalación del alumbrado público en las calles, la construcción del frontón, la habilitación del cementerio actual y…

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La primera mitad del siglo XX trajo consigo la realización de importantes obras que transformaron Ólvega: la instalación del alumbrado público en las calles, la construcción del frontón, la habilitación del cementerio actual y las antiguas escuelas. En 1941 se inauguró el ferrocarril Soria-Castejón, que mejoró las conexiones de la villa con otras poblaciones de la región.

OLV · ART · 00019

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Siglo XX

5 historias

1940-1960

Materiales y hallazgos arqueológicos del Castro de La Muela

El yacimiento del Castro de La Muela ha proporcionado una variedad significativa de materiales que revelan su importancia como emplazamiento militar. Se han recogido numerosos fragmentos de cerámica de tipo celtibérico, cocida a…

Castro de la Muela del Mesado (2 de 4)
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Castro de la Muela del Mesado (2 de 4)
Castro de la Muela del Mesado (2 de 4)mmvillarVer fotografía ↗

El yacimiento del Castro de La Muela ha proporcionado una variedad significativa de materiales que revelan su importancia como emplazamiento militar. Se han recogido numerosos fragmentos de cerámica de tipo celtibérico, cocida a fuego, siendo relativamente abundantes las bolas de cerámica y los proyectiles de piedra esféricos para onda. Destaca especialmente la abundancia de escoria de hierro, más densa que el propio mineral, indicando actividad metalúrgica o reparación de armamento en el lugar. Se tiene noticia del desenterramiento de un casco y armamento cuando se realizaron las obras de la carretera de Ólvega a Soria, que pasa por las proximidades del castro.

Algunos fragmentos cerámicos presentan decoraciones notables: rayas negras u ondulaciones, y se ha encontrado un fragmento con un grafiti. Las monedas constituyen otro hallazgo muy importante, formando pequeños tesorrillos y ocultamientos de monedas de plata, romanas en su mayor parte, correspondientes todas a la República Romana, con excepción de una celtibérica de cobre y otra posible de origen celta en plata. Todos estos materiales, procedentes de excavaciones realizadas entre 1940 y 1960, testimonian la intensidad de la ocupación militar del sitio.

Fuentes de esta historia

  1. Eugenio Sanz Pérez. Vestigios arqueológicos de guerras celtibéricas en las estribaciones de la Sierra del Madero

OLV · ART · 00005

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1946 en adelante

Industrias chacineras e industrialización (años 1940-1950)

El verdadero despegue industrial de Ólvega llegó en los años centrales del siglo XX con la instalación en 1946 de las industrias chacineras Industrias Revilla y Embutidos Moncayo (esta última actualmente desaparecida). Estas…

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El verdadero despegue industrial de Ólvega llegó en los años centrales del siglo XX con la instalación en 1946 de las industrias chacineras Industrias Revilla y Embutidos Moncayo (esta última actualmente desaparecida). Estas empresas revitalizaron la economía local tras la crisis de la minería. Al crecimiento económico derivado de estas instalaciones siguió una transformación y mejora generalizada de toda la villa en instalaciones, servicios y equipamientos, configurando la Ólvega contemporánea.

OLV · ART · 00022

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Desde 1982

Fiestas de la Juventud: celebración comunitaria desde 1982

Desde el año 1982 se celebran en el primer fin de semana de agosto las Fiestas de la Juventud, organizadas por la asociación 'La Juve' con colaboración económica del pueblo. La mascota de la fiesta es el 'Bulinga'. La celebración…

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Desde el año 1982 se celebran en el primer fin de semana de agosto las Fiestas de la Juventud, organizadas por la asociación 'La Juve' con colaboración económica del pueblo. La mascota de la fiesta es el 'Bulinga'. La celebración se inaugura oficialmente el sábado con un pregón a cargo de dos jóvenes locales; el viernes anterior se organiza un concierto de grupos jóvenes para animar los chiringuitos.

El intenso fin de semana incluye verbenas, charangas, gaiteros, distribución de 2000 bocadillos, chocolatada, migas y diversos juegos. Las festividades han tenido una acogida notable no solo entre los olvegueños sino en toda la comarca y sus alrededores.

OLV · ART · 00061

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Tradición histórica continuada; Fiestas de la Juventud desde 1982

La gastronomía tradicional de Ólvega: platos vinculados a las fiestas patronales

Las festividades locales integran prácticas culinarias muy enraizadas. Durante la Romería de San Marcos (domingo más cercano al 25 de abril) se reúnen centenares de olvegueños en la pradera de Campicerrado alrededor de la ermita…

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Las festividades locales integran prácticas culinarias muy enraizadas. Durante la Romería de San Marcos (domingo más cercano al 25 de abril) se reúnen centenares de olvegueños en la pradera de Campicerrado alrededor de la ermita de San Marcos. El plato emblemático es la 'culeca' (preparada tradicionalmente), que se acompaña con abundantes ranchos y chuletadas cocinadas en fogatas que impregnan el lugar de un aroma inconfundible. Antigüamente, la celebración consistía únicamente en comer la culeca y después revisar el estado de los campos, pero en tiempos recientes se ha ampliado con juegos, competiciones (cross popular por la mañana, partidos de fútbol por cuadrillas, juegos tradicionales como 'la abuela' y 'las chapas').

En las Fiestas de la Juventud (celebradas desde 1982 el primer fin de semana de agosto), se distribuyen dos mil bocadillos, se sirve chocolatada y migas entre otras viandas.

Para San Roque (14 de agosto) es tradición desde 1917 la distribución de fruta entre los niños; la celebración incluye comidas especiales y bailes en la plaza. En las jornadas alrededor de la Virgen de Agosto y San Roque se preparaban guisos extraordinarios.

OLV · ART · 00063

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1996-2023

Crecimiento natural y dinámica vital (1996-2023)

Los registros de crecimiento natural (diferencia entre nacimientos y defunciones) del municipio de Ólvega muestran una tendencia estructuralmente negativa desde 1996, indicativa de envejecimiento y baja natalidad. En 2023, el…

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Los registros de crecimiento natural (diferencia entre nacimientos y defunciones) del municipio de Ólvega muestran una tendencia estructuralmente negativa desde 1996, indicativa de envejecimiento y baja natalidad. En 2023, el crecimiento fue de -10 (24 nacimientos frente a 34 defunciones). En 2022 fue de -18 (22 nacimientos, 40 defunciones), y en 2021 de -24 (16 nacimientos, 40 defunciones).

Analizando la serie completa 1996-2023, solo siete años registran crecimiento natural positivo: 2017 (+6), 2010 (+12), 2014 (+4), 2009 (+4), 2005 (+21), 2003 (+8), 2001 (+3), 2000 (+10), 1999 (+5), 2013 (+1), 2008 (+1), 2004 (+1), 1997 (+15). El pico máximo positivo fue en 2005 (+21) y el mínimo en 2021 (-24). La trayectoria general desde 2015 es particularmente negativa, con solo 2017 como excepción.

La evolución de matrimonios (1996-2023) muestra volatilidad. El máximo histórico se registró en 1998 (25 matrimonios), seguido por 2007 (16) y 2000 (17). Desde 2012, los matrimonios se estabilizan entre 5 y 13 anuales, con picos en 2017 y 2021 (13 cada año). En 2023 se registraron 6 matrimonios.

OLV · ART · 00055

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Siglo XXI

2 historias

2024

Estructura demográfica y pirámide de población (2024)

La pirámide de población de Ólvega en 2024 muestra una estructura envejecida característica de municipios rurales españoles. La edad media de los habitantes es de 44,53 años, aumentando 1,01 años respecto a 2019 (43,52 años). La…

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La pirámide de población de Ólvega en 2024 muestra una estructura envejecida característica de municipios rurales españoles. La edad media de los habitantes es de 44,53 años, aumentando 1,01 años respecto a 2019 (43,52 años).

La distribución por grupos de edad revela: menores de 18 años (562 habitantes, 258 hombres y 304 mujeres, 14,7% del total), población entre 18 y 65 años (2.566 habitantes, 1.437 hombres y 1.129 mujeres, 67,1%), y mayores de 65 años (698 habitantes, 330 hombres y 368 mujeres, 18,2%). El grupo más poblado es el de 45-50 años (390 habitantes), seguido por 40-45 años (297) y 50-55 años (334).

La población total de Ólvega es de 3.826 habitantes (2.025 hombres y 1.801 mujeres). Los grupos de menor número son los menores de 5 años (128), de 5-10 años (149) y de 70-75 años (151), indicando baja natalidad y envejecimiento progresivo.

OLV · ART · 00054

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2026

Quintos de Araviana

Quintos de Araviana (extraído de Aula de estudios agredeños) Un baldío denominado Quinto de Hortalejos Numero 2272 del inventario. == Un baldío denominado Quinto de Hortalejos, sito en termino de Ólvega en el despoblado de…

Araviana
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Quintos de Araviana (extraído de Aula de estudios agredeños)

Un baldío denominado Quinto de Hortalejos Numero 2272 del inventario. == Un baldío denominado Quinto de Hortalejos, sito en termino de Ólvega en el despoblado de Arabiana distante de la población unos 9 kilómetros a la región Este: su suelo de tercera calidad, con abundantes pastos, susceptible de ser roturado una mitad, que linda N. cordel de ganados trashumantes; S. y E. termino de Borobia, y O. quinto denominado Rebollosa: mide 294 hectáreas, 28 áreas y 70 centiáreas, equivalentes a 457 fanegas de marco nacional. Se ha fijado en Ólvega anuncio para la subasta de esta finca, que ha sido capitalizada por la renta anual de 120 pesetas graduada por los peritos, en 2700 pesetas, deslindada por el practico Marcelino Barrera, y tasada por el Agrimensor de Hacienda D. Zacarías Benito Rodriguez, de las anteriores en 3000 pesetas, tipo. Notas.- 1ª.- El comprador de este Baldío no tendrá derecho sobre las fincas que legítimamente pertenezcan a dominio particular enclavadas dentro del mismo. 2ª.- Dicho comprador respetará las servidumbres públicas y particulares con el ancho legal, siempre que no sean viciosas y cuyo uso se haga para las segundas sin ningún aprovechamiento del predio.

Un baldío denominado Quinto de la Rebollosa Numero 2273 del inventario. = Otro baldío denominado Quinto de la Rebollosa, sito en el mismo termino y de igual procedencia que el anterior, en el despoblado de Arabiana, distante de la población unos 8 kilómetros a la región Este, de suelo accidentado una mitad de tercera calidad con abundantes pastos, susceptible la otra mitad de ser roturado, que linda N. cordel de ganados trashumantes; S. termino de Borobia; Este quinto titulado Hortalejos, y O. propiedad de D. Félix Córdoba: mide 90 hectáreas, 15 áreas y 30 centiáreas, equivalentes a 140 fanegas de marco nacional. Se ha fijado en Ólvega anuncio para la subasta de esta finca, que ha sido capitalizada por la renta anual de 40 pesetas graduada por los peritos, en 900 pesetas, deslindada y tasada por el práctico Marcelino Barrera, tasada por el Agrimensor de Hacienda D. Zacarías Benito Rodriguez en 1000 pesetas, tipo. Notas.- 1ª.- El comprador de este Baldío no tendrá derecho sobre las fincas que legítimamente pertenezcan a dominio particular enclavadas dentro del mismo. 2ª.- Dicho comprador respetará las servidumbres públicas y particulares con el ancho legal, siempre que no sean viciosas y cuyo uso se haga para las segundas sin ningún aprovechamiento del predio.

Además de los anteriores, se incluyen los términos "Quinto de las Hombrihuelas", "Quinto de la Pared", y "Quinto de la Majada".

En los mapas topográficos actuales, aparecen "Quinto de Araviana", "Quinto de Picaleña", "Quinto de la Señorita", y "Quintos de Tordesalas".

OLV · ART · 00048

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Otras épocas y sin fecha

7 historias

Sin fechar

Cofradía de la Santa Vera Cruz de Ólvega: Historia, sede y culto

La Cofradía de la Santa Vera Cruz de Ólvega es una hermandad penitencial fundada en el siglo XVI, dedicada a la Pasión de Cristo. Su sede canónica y social se ubica en la Ermita de Nuestra Señora de la Soledad, en la calle Paso…

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La Cofradía de la Santa Vera Cruz de Ólvega es una hermandad penitencial fundada en el siglo XVI, dedicada a la Pasión de Cristo. Su sede canónica y social se ubica en la Ermita de Nuestra Señora de la Soledad, en la calle Paso la Serna, 9 de Ólvega (Soria). La cofradía organiza procesiones durante la Semana Santa: Procesión de Ramos el Domingo de Ramos, Procesión del Jueves Santo y Procesión del Viernes Santo. Su imaginería incluye representaciones de la Pasión como la Oración del Huerto, Jesús Atado a la Columna, Ecce Homo, Jesús con la Cruz a Cuestas, Cristo de la Agonía, el Sepulcro y la Virgen de la Soledad.

OLV · ART · 00046

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Sin fechar

Geografía estratégica de la comarca: orografía, defensas naturales y rutas de penetración romana

El territorio en torno a Ólvega se sitúa en la divisoria entre el Duero (cabeceras del Tera, Merdancho y Rituerto) y el Ebro (cabeceras del Cidacos, Linares, Alhama, Añamaza, Queiles, Isuela y Manubles). La zona occidental a…

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El territorio en torno a Ólvega se sitúa en la divisoria entre el Duero (cabeceras del Tera, Merdancho y Rituerto) y el Ebro (cabeceras del Cidacos, Linares, Alhama, Añamaza, Queiles, Isuela y Manubles). La zona occidental a Montes Claros (Sierra de Alba) y sur de la Sierra de Hayedo constituye un laberinto montañoso de relieves abruptos con caracteres de inaccesibilidad. Los ríos no funcionan como rutas de comunicación, sino como fosos naturales con barrancos estrechos y sin plazas intermedias continuas. El valle del Añamaza, desde 5 km debajo de Dévanos hasta el pie del despoblado de Conejares (antigua Augustóbriga), se resolvía en un rosario de lagunas interconectadas, constituyendo un auténtico foso natural con agua de difícil atravesía.

Sin embargo, existía un corredor morfológico crucial: una rama de alturas y relieves medianos que servía de acceso más directo desde el Ebro, tanto desde Tarazona por el borde de la vertiente izquierda del barranco del Queiles, como desde Graccurris por el valle de La Nava. Este corredor es precisamente el que aprovecharon posteriormente los trazados de las carreteras nacionales y el ferrocarril Soria-Castejón.

Desde el valle plano de La Nava que sube desde Valverde, así como desde las rampas y cerros miocenos de Tarazona, se alcanza un espacioso cuello de botella de unos 5 km de anchura limitado entre la zanja lacustre de Devanos y el barranco del Queiles. Este cuello de botella da acceso a La Rinconada, paso previo para subir al valle del Rituerto, antesala de Numancia. Una vez superado, quedaba por atravesar la Sierra del Madero, último gran obstáculo orográfico. Tras él, el camino a Numancia quedaba despejado, sin alineaciones montañosas de entidad, y donde el enemigo dificilmente podría atrincherarse. Amplias penillanuras con montes-isla (La Pica, Tajahuerce, El Tiñoso) se extendían después hasta Numancia.

Fuentes de esta historia

  1. Eugenio Sanz Pérez

OLV · ART · 00006

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Importancia económica de la comarca: ganadería, comercio y recursos minerales

La comarca en torno a Ólvega gozaba de una importancia económica considerable desde la antigüedad, fundamentada en un equilibrio de factores geográficos, ganaderos y comerciales que la posicionaron como región estratégica del…

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La comarca en torno a Ólvega gozaba de una importancia económica considerable desde la antigüedad, fundamentada en un equilibrio de factores geográficos, ganaderos y comerciales que la posicionaron como región estratégica del interior peninsular. El carácter lacustre de la zona, integrado por un complejo de seis o siete lagunas seguidas unas de otras en una longitud de unos 6 km, siendo la de Añavieja la más grande, facilitaba la existencia de extensas zonas húmedas que proporcionaban pastos verdes durante todo el año para el ganado. Estudios geomorfológicos con dataciones de C-14 confirman que estas lagunas fueron plenamente funcionales durante la época romana, rellenándose posteriormente de sedimentos. De esta riqueza lacustre solo permaneció la laguna de Añavieja, que fue desecada artificialmente en el siglo XIX. La laguna de Agreda, de 2 a 3 km de longitud, y la de Valdejeiña ampliaban este potencial ganadero regional. La etimología prerromana de topónimos como Devanos (Deva) y Añavieja (Ana), ambos referidos al agua, subraya la importancia histórica que estos sistemas lacustres tuvieron en la estructura económica de la zona.

La comarca funcionaba asimismo como ruta comercial de intercambio de mercancías entre el valle del Ebro —productor de aceite, vino y fruta— y la Meseta, que aportaba principalmente cereales. Este tránsito de productos agrícolas de alto valor convirtió a la región en corredor económico de primer orden. A esta función mercantil se sumaban valiosos recursos naturales propios: yacimientos de hierro en el Moncayo, bosques extensos y dehesas que incrementaban su valor estratégico. Estos recursos naturales, junto con las posibilidades ganaderas derivadas de las zonas húmedas, configuraban una economía diversificada donde la producción local y el comercio de paso se complementaban, posicionando a la comarca de Ólvega como zona de importancia estratégica y económica durante siglos.

Fuentes de esta historia

  1. Eugenio Sanz Pérez
  2. López Orba (1977)
  3. Sanz y otros (en preparación)
  4. Eugenio Sanz Pérez (análisis del Castro de La Muela del Mesado)

OLV · ART · 00008

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Masa de agua subterránea de la Araviana - Vozmediano (071)

Masa de agua subterránea de la Araviana - Vozmediano (071) Confederación Hidrográfica del Ebro, Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, Gobierno de España 1.- LOCALIZACIÓN Y LÍMITES Se sitúa en las estribaciones…

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Masa de agua subterránea de la Araviana - Vozmediano (071) Confederación Hidrográfica del Ebro, Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, Gobierno de España

1.- LOCALIZACIÓN Y LÍMITES Se sitúa en las estribaciones occidentales y meridionales de la Sierra del Moncayo, y comprende la cuenca del río Val (afluente del Queiles). Cuenta con 113 km² de extensión en la provincia de Soria. Su límite S se dispone sobre la divisoria hidrográfica entre las cuencas del Ebro y Duero, y hacia el N se extiende hasta la localidad de Ágreda.

La falla de Castilruiz define el límite N y NE. Hacia el E se continúa sobre los afloramientos Purbeck-Weald de forma que incluya los ojos del Queiles y el nacedero de Vozmediano. Por el E y el S, el límite se establece en la divisoria del Ebro-Araviana, sobre la sierra del Moncayo, y hacia el NO por la divisoria Añamaza-Cailes.

2.- CARACTERÍSTICAS GEOLÓGICAS Está constituida por una banda de afloramientos mesozoicos, del Jurásico y Cretácico inferior, que orlan las estribaciones nor-occidentales del macizo triásico del Moncayo. Su estructura está definida por grandes pliegues en dirección NNO-SSE a NO-SE, afectados por fracturación y cambios laterales de facies que complican su geometría. Hacia el S, estas estructuras chocan con la falla del Tablado, de gran salto, que pone en contacto materiales Mesozoicos y Paleozoicos. El nivel impermeable de base está formado por materiales Keuper, y hacia el NO se confina bajo potentes series mixtas de las facies Purbeck-Weald bajo los que se supone continúa hacia la cuenca del Ebro.

3.- ACUÍFEROS Los materiales mesozoicos que constituyen el acuífero más relevante incluyen : dolomías del Muschelkalk (10 m), carbonatos del Rethiense-Sinemuriense (hasta 1.100 m), 1.300 m de carbonatos del Dogger-Malm y Grupo Oncala de las facies Purbeck-Weald (70 m). Todas estas formaciones constituyen un solo acuífero que en este sector se ha venido denominando “de Vozmediano”, dado que en esta localizad Soriana vierte casi todos sus recursos. Se trata de un acuífero cárstico, de carácter libre, permeable por fisuración y disolución. Las formaciones calcáreas que constituyen este acuífero se prolongan más allá de la divisoria del Ebro por el sector SE, para alcanzar la cabecera del Araviana, ya en la cuenca del Duero, hasta donde se prolonga su área de recarga. Otros acuíferos de menor interés incluyen los aluviales del Val y glacis asociados a los relieves del Moncayo .

4.- PARÁMETROS HIDRODINÁMICOS No se dispone de información acerca de ensayos de bombeo en este ámbito. Los análisis efectuados en los hidrogramas del manantial de Vozmediano muestran una acusada regularidad en sus drenajes, en la que además de las características de sus parámetros hidrodinámicos, interviene su gran capacidad, la retención nival en el Moncayo y, posiblemente, la regulación a través de los materiales de media permeabilidad que revisten del Poje del Araviana, en la zona de recarga del Duero, retardando y regulando la infiltración de los recursos superficiales de este sector. Estos análisis muestran un coeficiente de agotamiento del manantial de 0,03 días-1.

5.- PIEZOMETRÍA Y DIRECCIONES DE FLUJO La dirección de flujo regional en el ámbito de la masa de agua subterránea es hacia el NE, para drenar por el manantial de Vozmediano.

6.- ÁREAS DE RECARGA Y DESCARGA Las áreas de recarga están constituidas por las áreas de afloramientos de materiales carbonatados, extendiéndose a aquellas poco permeables de la sierra del Moncayo cuyas escorrentías superficiales se infiltran al alcanzar la orla mesozoica que bordea el macizo. La zona de recarga excede los límites de la masa de agua subterránea, dado que alcanzan la cabecera de la cuenca del Araviana, en la cuenca del Duero. En esta zona existen gran cantidad de formas cársticas (sumideros puntuales, simas, dolinas, etc) que facilitan la recarga en la zona del polje del Araviana. El trasvase subterráneo del Duero al Ebro se ha cifrado en unos 20 hm³/año. El Macizo del Moncayo, por su altitud y situación, constituye una importante zona generadora de recursos, que drenan casi en su totalidad hacia la cuenca del Ebro. La escorrentía superficial del macizo es muy relevante debido a la poca permeabilidad de sus afloramientos. Una parte importante de las precipitaciones son nivales, conservándose durante todo el invierno y parte de la primavera en las zonas altas, lo que representa una regulación natural de recursos significativa. Buena parte de estos recursos se infiltran al pie de las sierras, cuando las escorrentías superficiales del Moncayo llegan al contacto con materiales permeables y alimentan subterráneamente a los acuíferos. En el río Queiles se sitúan dos zonas de descarga significativas. En las proximidades del núcleo de Ágreda se emplazan las conocidas como Ojillos de Cailes , localizadas en el contacto del Jurásico marino con la base del Grupo Tera; suponen una aportación media en torno a 50 l/s. En Vozmediano se emplaza otra importante surgencia asociada al Jurásico inferior y medio, con un caudal medio del orden de 1115 l/s.

7.- HIDROQUIMICA El agua muestreada en el manantial de Vozmediano muestra un grado de mineralización medio, con valores de conductividad eléctrica entre 250 y 750 mS/cm. Los valores de dureza entre 200 y 1000 mg/L de CaCO3, indican que es un agua muy dura. Por su facies hidroquímica, el agua se es de tipo bicarbonatada cálcica. No se detectan indicios de contaminación.

8.- DIAGNOSIS DEL ESTADO No se reconocen presiones significativas sobre esta masa de agua subterránea. Los dos únicos núcleos de población con relevancia: Ágreda y Ólvega, vierten aguas sin depurar al Queiles. No obstante se trata de áreas de descarga de aguas subterráneas, por que lo la masa de agua es en estos lugares poco vulnerable a la contaminación. La presión agrícola tampoco es importante. Se trata fundamtentalmente de cultivos en secano que no se localizan sobre las zonas de recarga. Apenas se realiza extracción de aguas subterráneas. No se considera en riesgo.

OLV · ART · 00058

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Ocupación celtibérica de Ólvega

Antes de la presencia romana, el territorio de Ólvega fue ocupado por pueblos celtibéricos, como lo demuestra la presencia de varios castros identificados en la zona. Entre ellos destacan el castro de la Muela o del Mesado y el…

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Antes de la presencia romana, el territorio de Ólvega fue ocupado por pueblos celtibéricos, como lo demuestra la presencia de varios castros identificados en la zona. Entre ellos destacan el castro de la Muela o del Mesado y el castro del Castillejo o Castillazo de Araviana, que constituyen evidencia de la ocupación y organización territorial celtibérica en la comarca.

OLV · ART · 00021

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Origen y etimología de Ólvega

El topónimo de Ólvega tiene varias interpretaciones plausibles. Una teoría lo asocia al vascuence 'ola-veaga', que significaría 'herrería baja' o 'herrería del alto', hipótesis reforzada por la existencia de minerales de hierro…

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El topónimo de Ólvega tiene varias interpretaciones plausibles. Una teoría lo asocia al vascuence 'ola-veaga', que significaría 'herrería baja' o 'herrería del alto', hipótesis reforzada por la existencia de minerales de hierro en el término. Otra explicación sugiere que procede de la evolución gramatical del sufijo céltico –briga o –obriga, que genéricamente designa ciudad, núcleo, poblado o fortificación.

Según la tradición local, el origen del asentamiento se remonta a los habitantes de la ciudad romana de Augustóbriga, situada en la localidad de Muro a siete kilómetros de distancia. Esta ciudad fue abandonada a comienzos del siglo V d.C. tras ser arrasada por los pueblos bárbaros. Sus habitantes, obligados a buscar otro lugar para vivir, se asentarían en las inmediaciones de la ermita de los Mártires de Ólvega, zona algo elevada y más fácil de ser defendida. De esta forma se explicaría tanto el origen del pueblo como la fijación de su nombre.

OLV · ART · 00011

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Contexto · Wikipedia

Ólvega es un municipio de España perteneciente a la provincia de Soria, en la comunidad autónoma de Castilla y León. Tiene una población de 3782 habitantes e incluye, además de la localidad homónima, el núcleo de Muro. Pertenece a la comarca del Moncayo, de la que es cabeza junto con Ágreda.

Fuente: Wikipedia — «Ólvega» · texto bajo licencia CC BY-SA 4.0 · consultado el 4 de septiembre de 2026.

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