
El despoblado de Araviana constituye un importante testimonio de la ocupación medieval del territorio soriano y su evolución económica hasta épocas recientes. Documentado en 1339 en actas notariales del Archivo de Agreda como perteneciente al término de esa localidad, el primer registro conocido del lugar proviene de una denuncia de robo de ganado vacuno que subraya desde el origen su vocación eminentemente ganadera. La denominación de "Quintos" aplicada a la Dehesa de los Quintos de Araviana hace referencia a un reparto de tierras de época visigoda o árabe; en Araviana existían cinco quintos que, aunque administrativamente pertenecían al término de Agreda, funcionaban como pasto común para la ganadería regional.
El complejo sistema de dehesas asociadas al Valle de Araviana revela una cuidadosa explotación del territorio adaptada a sus peculiaridades geográficas. La Dehesa de Toranzo era la más extensa y húmeda de toda la zona del Moncayo, extendiéndose por la amplia ladera norte de Toranzo sin profundizar excesivamente en el Valle del Araviana. Aunque recibía isoyetas de 600-700 mm anuales, el sustrato de calizas filtrantes ocasionaba déficit hídrico que impedía el buen desarrollo de prados en algunas zonas. La Dehesa de Tablado, más reducida, podría considerarse continuación hacia el este de la de Toranzo. El pueblo de los Molino de la Cueva disponía de su pequeña dehesa en el Moncayo, mientras que incluso en la cara olvegueña del Madero existían prados más secos donde se localizaron corrales de vacas y cabañas circulares medievales.
Las aguas eran un recurso estratégico para mantener la calidad de los pastos. La Dehesa de Toranzo cubría todos los valles de su vertiente norte con pastizales frescos, regados por varios arroyos que irrigaban amplios conos aluviales antes de desembocar en el Araviana. En las vaguadas se contabilizaban alrededor de una docena de manantiales con caudales variables, entre 0,4 y 3 litros por segundo en verano, destacando la Fuente de La Mingacha, Fuente del Cochino, Fuente de la Teja, Fuente de Los Quintos de Araviana, Fuente de La Poceta, Fuente de la Torruca, Fuente del Jardín y Fuente del Señar. Las zonas más bajas se podían regar además mediante la acequia molinal, que tomaba agua del arroyo más importante que bajaba del Moncayo. En tiempos modernos, parte de las laderas de Toranzo estaban cubiertas de hayedos que fueron talados para su roturación; todavía quedaban matas de haya entre los canchales, y durante la labor en Los Quintos de Araviana se sacaban a veces tocones de estos hayedos de los campos.
Los pleitos jurisdiccionales que surgieron entre Ólvega y Agreda en 1630 sobre el uso de la Dehesa de los Quintos de Araviana ponen de manifiesto la importancia económica de estos recursos ganaderos y las tensiones que generaban. El Catastro de la Enseñada de 1752 continuaba citando a Araviana como perteneciente a Agreda, mientras que el mapa de Tomás López de 1783 aún la señalaba como despoblado. Un cuadro-mapa del siglo XVIII conservado en el Convento de la Concepción de Ágreda muestra la evolución del lugar: en él aparece dibujada la "Granja de los Dezanos" junto al Prado de Mari González, en la orilla del río Araviana; ni la torre ni el poblado figuran ya en él, señal de su desaparición para entonces, quedando la zona en explotación ganadera.
La tradición ganadera de Araviana se prolongó más allá de la desaparición del poblado. Pascal Madoz, entre 1845 y 1850, cita que en los Campos de Araviana existió una población de la que estos tomaron el nombre, arruinada en el siglo XIV. El poblado estuvo íntimamente ligado a la crianza de ganado vacuno hasta épocas recientes, practicándose una trashumancia local que llevaba ganado de localidades cercanas a pastar en verano en esta sierra. El ganado bravo de Añavieja, tras la desecación de su laguna en el siglo XIX, recorría más de 20 kilómetros atravesando la Sierra de Fuentes o del Burro para alcanzar estos pastos. En la antigüedad se traía ganado desde lugares tan lejanos como Deza, lo que evidencia la proyección regional de la Dehesa de los Quintos como recurso ganadero de primer orden.
