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La memoria escrita del pueblo

Historia de Ólvega

Los lugares, las vidas y los acontecimientos que han dejado huella. Un recorrido a través de las historias y sus fuentes.

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7 historias de 42

Siglo II a. C.

1 historia

s. II a.C.

El Castro de La Muela del Mesado: una fortaleza militar celtibérica

El Castro de La Muela del Mesado constituye una fortaleza militar celtibérica de gran relevancia arqueológica, caracterizada por su estructura defensiva acorazada con gruesas murallas de excepcional conservación. Su emplazamiento…

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El Castro de La Muela del Mesado constituye una fortaleza militar celtibérica de gran relevancia arqueológica, caracterizada por su estructura defensiva acorazada con gruesas murallas de excepcional conservación. Su emplazamiento ocupa escasamente 0,8 hectáreas, lo que indica que se trataba fundamentalmente de un puesto militar más que de un asentamiento agrícola. La posición estratégica del castro resultaba fundamental para el contexto bélico de la época: se situaba en el final del corredor morfológico del interfluvio Queiles-Añamaza, que servía de acceso más directo desde el Ebro, y en particular como defensa del paso más vulnerable de la Sierra del Madero, auténtica barrera natural a superar para cualquier conquista romana de Numancia procedente del Noreste.

Desde el punto de vista constructivo, el castro dibuja una forma elíptica con el eje mayor orientado Este-Oeste. La muralla, de estructura uniforme, presenta en su mitad oriental una longitud de unos 250 metros con 18 m de anchura media y una altura variable entre 7 y 9 m. La estructura externa conserva perfectamente un talud de 25° a 35° de ángulo de pendiente con un pie vertical de 2 m de altura. El paramento vertical superior conserva en tramos lo que parece ser un camino de ronda. La construcción está realizada con piedra caliza de mediano tamaño en forma de lajas, hincadas perpendicularmente a la pendiente del talud, relleno de material arenoso en el interior. El lado occidental presenta características defensivas distintas: un lienzo vertical de 2 a 3 m de altura sobre la base del terreno natural, con un foso perimetral de unos 80 m de longitud y 5 m de anchura aproximadamente, reforzado en el exterior por un terraplén procedente de la excavación. Esta zona constituía el lado más vulnerable de la fortaleza.

La fortaleza contó con dos puertas, una al norte y otra al sur, vigiladas por torreones, con un muro interior uniendo ambos baluartes que constituía la última defensa, dividiendo el espacio en dos planos de diferente nivel. Actualmente estos espacios se configuran como dos fincas de labor. El análisis completo del castro revela una función militar evidente: se trata de un castillo acorazado con defensas desproporcionadas para un emplazamiento de dimensiones tan pequeñas, lo que indica que el lugar tenía una validez estratégica relacionada directamente con las guerras celtibéricas.

Castro de la Muela del Mesado (3 de 4)
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La función concreta del emplazamiento era dominar el lugar de tránsito para cruzar la Sierra del Madero ante un ataque dirigido desde el Noreste, desde el Valle del Ebro. El castro debe entenderse en el contexto de la frontera entre dominios celtibéricos y romanos. La Sierra del Madero funcionaba como una muralla natural en la conquista de la Meseta desde el Ebro durante las guerras celtibéricas. Ubicado en el borde de la cuenca morfológica del Queiles y el Añamaza, el castro de La Muela del Mesado formaba parte de un sistema defensivo celtibérico junto con otros castros como el de Trebago y Ólvega, así como el predecesor de Augustóbriga. El camino que sube a la Sierra desde Muro de Agreda, pasando por el castro, se conoce hoy como el "camino romano", probablemente una ruta de carácter militar, diferente de la vía romana Augustóbriga-Numancia que cruza la sierra unos 5 km más hacia el norte.

La historia militar del castro se extiende a lo largo de varios conflictos bélicos. Estudios recientes sugieren que toda la zona de La Rinconada y Agreda, aliada de Numancia, se vio involucrada en la guerra contra los romanos, en particular en la batalla que libró Graco cerca del Moncayo en 179 aC, donde se destruyeron muchos poblados celtibéricos. El castro se mantuvo activo durante las guerras sertorianas (mediados del 81 y 76-75 aC) como destacamento militar, con acuñaciones legionarias del 32/31 aC, actuando como anejo al gran campamento romano de Augustóbriga.

Castro de la Muela del Mesado (2 de 4)
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La buena conservación del castro puede explicarse por su abandono prematuro una vez superadas las épocas de guerras, tras lo cual fue utilizado como cerramiento de ganado y campo de cultivo. Este cambio de uso, lejos de dañar la estructura, contribuyó a su preservación arqueológica hasta la actualidad, permitiendo que las investigaciones modernas puedan documentar con precisión sus características defensivas y su papel crucial en el sistema de fortificaciones celtibéricas de la región.

Los hallazgos monetales reportados en el Castro de La Muela del Mesado proporcionan una datación precisa y reveladora del papel militar de la fortaleza. Los hallazgos numismáticos, reconstruidos a través de fotografías localizadas, comprenden pequeños tesorillos y ocultamientos de monedas de plata, siendo la mayoría de ellas romanas. Estas monedas están ordenadas cronológicamente y representan exclusivamente a la República Romana, salvo un ejemplar celtibérico de cobre procedente de la ceca de Oilaunez (posiblemente Ólvega), que según varios autores es heredera de la ceca de Arekorata (que debía encontrarse próxima, posiblemente en Agreda), y otra posible moneda celta de plata.

Castro de la Muela del Mesado
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La cronología de estos hallazgos abarca desde el año 206/195 a.C. hasta el 32/31 a.C., reflejando fielmente las vicisitudes históricas de este territorio durante los siglos II y I antes de Cristo, marcados por conflictos e inestabilidad política. La mayor parte de las monedas datan del período 148-136 a.C., lo que confirma que esta zona fue escenario bélico entre romanos y celtiberos inmediatamente antes de la conquista de Numancia. Los mayores números de monedas corresponden a los años inmediatos a la conquista de Numancia, sugiriendo una ocupación romana y ulterior reconquista celtibérica de carácter temporal. Posteriormente, el castro se vio también involucrado en las guerras sertorianas (mediadas del 81 y 76-75 a.C.), y funcionó además como destacamento militar con acuñaciones legionarias del 32/31 a.C., vinculado al gran campamento romano de Augustóbriga. Precisamente en estas épocas de guerra era cuando se producían los ocultamientos de monedas, aspecto que encaja perfectamente con la función militar del castro.

Esta cronología es fundamental para entender la historia militar de la región. El control de la Sierra del Madero y del paso del interfluvio Queiles-Añamaza era estratégico para cualquier campaña romana de conquista de Numancia procedente del Noreste. El castro debía dominar el lugar de tránsito para cruzar la Sierra del Madero ante un ataque dirigido desde el Noreste, desde el Valle del Ebro, siendo el punto más bajo de la divisoria. Su emplazamiento, con defensas excepcionales desproporcionadas para una función exclusivamente económica, demuestra que fue concebido y utilizado como punto de control militar crucial en estas contiendas que marcaron el final de la independencia celtibérica. La función estratégica del emplazamiento debe relacionarse directamente con las guerras celtibéricas y la defensa de la vía de comunicación más directa entre el Ebro y la Meseta.

Castro de la Muela del Mesado (4 de 4)
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Históricamente, hacia el año 206 a.C. los romanos habían logrado controlar militarmente el valle del Ebro hasta Celse (Velilla del Ebro). Con Catón (196-195 a.C.) extendieron su control hasta el tramo bajo del río Jalón. Según Tito Livio, Catón fue el primer general romano que tuvo contacto directo con los celtiberos de la Meseta. En la campaña del 194 a 188 a.C. se adentró en las montañas del Sistema Ibérico que bordean el Ebro, se acercó a Numancia y, aunque no la conquistó, utilizó la expedición para conocer y estudiar el terreno a fin de planificar futuras campañas. Sempronio Graco fundó Gracurris (Alfaro) en el año 179 a.C., lo que podría haber servido como cabeza de puente para asaltar la Meseta por el camino más rápido y por el punto más bajo de la divisoria, que es el Puerto del Madero. Es posible que el Tratado de Graco (179 a.C.) fijara la frontera con los celtiberos por la Sierra del Madero o sus proximidades.

Una vez superadas las épocas de guerras y conquistada la zona por Roma, el lugar perdió su interés principal, lo que explica su abandono prematuro. El castro demuestra así una continuidad ocupacional como punto estratégico de control del territorio celtibérico a lo largo de más de un siglo y medio de conflictividad en la región.

Fuentes de esta historia

  1. Eugenio Sanz Pérez. Vestigios arqueológicos de guerras celtibéricas en las estribaciones de la Sierra del Madero
  2. Tito Livio
  3. Schulten (1941)
  4. Análisis arqueológico reciente
  5. Eugenio Sanz Pérez

OLV · ART · 00010

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Siglo X

1 historia

Siglo X

Pesebres de roca de El Peñón: vestigios de funcionalidad militar y pastoril

En la cota más baja del conjunto de peñas de los Siete Infantes se alza una formación geológica de tamaño medio denominada El Peñón, constituida por conglomerado con venas de cuarzo intruidas, conectada al resto del sistema…

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En la cota más baja del conjunto de peñas de los Siete Infantes se alza una formación geológica de tamaño medio denominada El Peñón, constituida por conglomerado con venas de cuarzo intruidas, conectada al resto del sistema defensivo por la Senda de los Infantes. Sus paredes contienen dos estructuras talladas en roca identificadas como pesebres de piedra: uno pequeño e aislado en la pared norte, y otro alargado al noroeste que ha aprovechado una formación natural de erosión tipo tafoni o pseudganama, evidentemente reelaborada por labor humana. Un tercer elemento presente en el afloramiento es un abrigo-refugio situado en otra cara de la peña, que habría complementado las funcionalidades del lugar.

Estas cornisas pétreas naturales fueron ampliadas y talladas deliberadamente en forma de pesebres, constituyendo estructuras que mezclan aprovechamiento geológico y trabajo humano. Según la tradición oral recogida por Menéndez-Pidal —casi perdida en el momento de su documentación—, las oquedades estaban destinadas a servir como pesebres para caballos, aunque su funcionalidad exacta permanece incierta. La morfología de estas estructuras sugiere que funcionaban simultáneamente como estanterías o espacios de almacenamiento en un puesto de vigilancia reducido e intermedio, componente de un sistema defensivo más amplio.

Este puesto habría conectado la atalaya superior con la torre de Torrambil, formando parte de una red de comunicaciones encargada de alertar ante los ataques de los castellanos. El sistema de comunicación se realizaba mediante señales ópticas y mediante correos que se desplazaban a caballo o a pie, permitiendo la transmisión rápida de información entre los diferentes puntos fortificados. La funcionalidad militar de estas estructuras resultaría compatible tanto con usos defensivos del alto medieval como con su posterior aprovechamiento pastoril durante períodos posteriores, cuando la región dejó de tener valor estratégico primordial.

Menéndez-Pidal también documentó durante su investigación la existencia de una mesa de piedra similar a la hallada en la Sierra del Almuerzo, aunque esta referencia no ha podido ser confirmada arqueológicamente en tiempos posteriores, permaneciendo como testimonio de la tradición oral transmitida sobre este enclave singular de la región soriana.

Fuentes de esta historia

  1. Menéndez-Pidal (tradición oral)
  2. Menéndez-Pidal (nota 34 y 35)

OLV · ART · 00026

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Siglo XII

2 historias

siglo XII-XIII

Construcción de ermitas románicas (siglo XII-XIII)

En el siglo XII aparece por primera vez escrito el nombre de Olbegam en la documentación. En este mismo período comienza la construcción de ermitas románicas. La ermita de San Marcos y la de San Bartolomé son del siglo XII.…

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En el siglo XII aparece por primera vez escrito el nombre de Olbegam en la documentación. En este mismo período comienza la construcción de ermitas románicas. La ermita de San Marcos y la de San Bartolomé son del siglo XII. Posteriormente, la ermita de la Virgen de Olmacedo y la de los Mártires pertenecen al siglo XIII. Estos edificios constituyen el patrimonio religioso románico más antiguo del municipio.

OLV · ART · 00012

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Siglos XII-XV (evidencias tardías hasta 1890)

Evidencias de ocupación medieval y tradición oral: alfanjes, argollas y toponomia

El fragmento documental recoge múltiples evidencias materiales de ocupación medieval e identificación legendaria del emplazamiento ólveguense, complementadas por testimonios de tradición oral que han preservado la memoria de…

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El fragmento documental recoge múltiples evidencias materiales de ocupación medieval e identificación legendaria del emplazamiento ólveguense, complementadas por testimonios de tradición oral que han preservado la memoria de estos sucesos a lo largo de los siglos. Estas evidencias se distribuyen entre varios núcleos y geografías del territorio, vinculados todos ellos a la memoria de los Siete Infantes de Lara y a la vida militar medieval de la región.

Entre los hallazgos más directos se encuentra el alfanje casualmente descubierto por Dionisio Jiménez, vecino de Ólvega, en uno de los abrigos-refugio situados al pie de las peñas, objeto que testimonia inequívocamente la presencia militar en estas eminencias. Junto a la fuente de Escuernabueyes existe una peña con tres o cuatro agujeros excavados deliberadamente en la roca, utilizados históricamente para el amarre de caballos. En esa misma peña estuvieron las argollas de bronce —actualmente desaparecidas— que la tradición comarcal vinculaba específicamente a los caballos de Los Siete Infantes, conservando así un recuerdo material de una memoria legendaria de gran arraigo local.

Los Cerros de la Batalla, según testimonio de vecinos de Beratón, Ólvega, La Cueva y Borovia, constituyen emplazamientos de especial significación. Existen dos cerros con ese nombre separados algo más de dos kilómetros en línea recta. Uno se sitúa en las estribaciones de la cara norte de la Sierra de Toranzo, donde se ubica la Torre de Araviana a 1.355 metros de altitud; el otro es una suave elevación cuasicónica con pendientes de 10° a 15° y 1.283 metros de altitud, ubicado en el amplio collado que separa la Sierra de Toranzo de la de Tablado. Aunque este segundo cerro carece de restos de fortificación visible, la gente de Beratón ha hallado al labrar puntas de lanza y puñales en sus tierras. En el Cerro donde está emplazada la Torre de Araviana, cerro donde algunos dicen que murieron los Siete Infantes, también se han recogido puntas de lanzas similares a la encontrada en la torre durante los trabajos de investigación, lo que sugiere una continuidad de ocupación militar a lo largo de distintos períodos.

La onomástica del territorio refleja asimismo esta memoria medieval arraigada en la tradición. El nombre "Sierra de Altomira" registra la función de Alto con Mirador, corroborando que la tradición oral ha preservado con fidelidad la identidad histórica y funcional del emplazamiento. El geógrafo Palacios, en su descripción de 1890 de la provincia de Soria, haciendo eco de los habitantes de La Cueva, citaba el Cerro de la Batalla como lugar donde murieron los Siete Infantes, aunque no lo localizaba con precisión. Posteriormente a la incursión de los Siete Infantes en el Valle de Araviana, dos batallas referenciadas en crónicas entre castellanos y aragoneses quedaron registradas en el mismo cerro de la torre o en sus proximidades, en la frontera de ambos reinos, demostrando que estos parajes fueron escenarios de conflictividad recurrente durante la Edad Media.

Pérez, E. S. (2016). Geografía histórica de la muerte de los Siete Infantes de Lara. La Torre y atalaya de Araviana. Celtiberia, 66(110), 125-168.

Fuentes de esta historia

  1. Tradición comarcal
  2. E. Sanz Pérez, Geografía histórica..., p. 154

OLV · ART · 00027

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Siglo XIII

1 historia

c. 1300 (primer ejemplar documentado)

Campanología soriana: historia, técnica y patrimonio sonoro

Las campanas de la provincia de Soria constituyen un patrimonio arqueológico y sonoro de gran valor histórico. Según especialistas, las voces de bronce de estas campanas funcionan como instrumento musical que interrumpe el…

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Las campanas de la provincia de Soria constituyen un patrimonio arqueológico y sonoro de gran valor histórico. Según especialistas, las voces de bronce de estas campanas funcionan como instrumento musical que interrumpe el silencio cotidiano de las parroquias con sus sonidos para avisar, convocar y marcar el paso del tiempo. Han sido durante siglos el principal medio de comunicación en los pueblos, el más seguro y eficaz. La campanología soriana remonta sus orígenes hasta la baja Edad Media, aunque hipótesis recientes sugieren antecedentes varios siglos atrás. El ejemplar más vetusto conocido es fechable en torno a 1300, marcando el ante quem de la investigación. Las primeras campanas documentadas se denominan «góticas» y coinciden con el período artístico del mismo nombre. El desarrollo socioeconómico del siglo XVI favoreció la extensión y uso de las campanas, multiplicando la demanda y promoviendo el auge de artesanos especializados, sobre todo de origen cantabro que dominaban la técnica de fundición broncinera.

Fuentes de esta historia

  1. José Ignacio Palacios Sanz, 'Campanas en la provincia Soria'
  2. MOLLA i ALCANIZ, S. A. (2001)

OLV · ART · 00009

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Siglo XVII

1 historia

Siglo XVII-XVIII (cuadro); años 1930-1940 (borramiento de murales); años 1970 (pérdida del cuadro)

Iconografía religiosa perdida del Valle de Araviana: el cuadro de los Siete Infantes

Una ermita del Estrecho de Araviana (probablemente la Ermita de la Virgen de Nuestra Señora de los Remedios) conservaba un cuadro de temática religiosa relacionada con los Siete Infantes, probablemente fechado y de la misma época…

Araviana
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Araviana
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Una ermita del Estrecho de Araviana (probablemente la Ermita de la Virgen de Nuestra Señora de los Remedios) conservaba un cuadro de temática religiosa relacionada con los Siete Infantes, probablemente fechado y de la misma época que la ermita (siglos XVII-XVIII). El cuadro fue sustraído durante el abandono que sufrió el templo en los años setenta del siglo XX. La obra sintetizaba de forma gráfica la tradición local heredada sobre el combate y derrota de la cabalgada castellana. En él se identificaban muy bien los parajes de la zona: caballeros luchando por el Valle de Araviana con lanzas y arcos de flechas, el río, la Sierra de Toranzo (pero no el Moncayo), la Cuerda del Moro y Las Peñas de Los Siete Infantes con guerreros peleando. El autor parecía estar viendo el paisaje desde arriba, desde el sureste, desde la sierra del Madero. Además de este cuadro, las paredes de la entrada al templo estaban decoradas a ambos lados con alegorías a las luchas de Los Siete Infantes, guerreros, paisaje de montañas, caballos, santos y palomas, como era costumbre en iglesias dedicadas a mártires de antiguos cristianos. Estas pinturas murales eran anteriores a las del cuadro y se taparon o borraron hacia los años treinta o cuarenta del siglo XX. Probablemente fue pintado por algún artista poco conocido sin gran valor artístico aparente, pero de notable valor documental para la transmisión de la tradición local. Fuente: Eugenio Sanz Pérez, documento académico.

Pérez, E. S. (2016). Geografía histórica de la muerte de los Siete Infantes de Lara. La Torre y atalaya de Araviana. Celtiberia, 66(110), 125-168.

Fuentes de esta historia

  1. Eugenio Sanz Pérez

OLV · ART · 00025

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Siglo XX

1 historia

1940-1960

Materiales y hallazgos arqueológicos del Castro de La Muela

El yacimiento del Castro de La Muela ha proporcionado una variedad significativa de materiales que revelan su importancia como emplazamiento militar. Se han recogido numerosos fragmentos de cerámica de tipo celtibérico, cocida a…

Castro de la Muela del Mesado (2 de 4)
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Castro de la Muela del Mesado (2 de 4)
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El yacimiento del Castro de La Muela ha proporcionado una variedad significativa de materiales que revelan su importancia como emplazamiento militar. Se han recogido numerosos fragmentos de cerámica de tipo celtibérico, cocida a fuego, siendo relativamente abundantes las bolas de cerámica y los proyectiles de piedra esféricos para onda. Destaca especialmente la abundancia de escoria de hierro, más densa que el propio mineral, indicando actividad metalúrgica o reparación de armamento en el lugar. Se tiene noticia del desenterramiento de un casco y armamento cuando se realizaron las obras de la carretera de Ólvega a Soria, que pasa por las proximidades del castro.

Algunos fragmentos cerámicos presentan decoraciones notables: rayas negras u ondulaciones, y se ha encontrado un fragmento con un grafiti. Las monedas constituyen otro hallazgo muy importante, formando pequeños tesorrillos y ocultamientos de monedas de plata, romanas en su mayor parte, correspondientes todas a la República Romana, con excepción de una celtibérica de cobre y otra posible de origen celta en plata. Todos estos materiales, procedentes de excavaciones realizadas entre 1940 y 1960, testimonian la intensidad de la ocupación militar del sitio.

Fuentes de esta historia

  1. Eugenio Sanz Pérez. Vestigios arqueológicos de guerras celtibéricas en las estribaciones de la Sierra del Madero

OLV · ART · 00005

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Contexto · Wikipedia

Ólvega es un municipio de España perteneciente a la provincia de Soria, en la comunidad autónoma de Castilla y León. Tiene una población de 3782 habitantes e incluye, además de la localidad homónima, el núcleo de Muro. Pertenece a la comarca del Moncayo, de la que es cabeza junto con Ágreda.

Fuente: Wikipedia — «Ólvega» · texto bajo licencia CC BY-SA 4.0 · consultado el 4 de septiembre de 2026.

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