Siglo XII (ermita); tradición viva hasta hoy
San Roque, San Bartolomé, San Cristóbal y San Marcos: ciclo de romerías y celebraciones menores de Ólvega
San Roque, San Bartolomé, San Cristóbal y San Marcos: ciclo de romerías y celebraciones menores de Ólvega Categoría: Tradiciones y etnografía Época: Ermita de San Marcos, siglo XII; costumbre de San Roque documentada desde 1917;…
- LugarCastro del Castillejo o Castillazo de Araviana ↗
- LugarErmita de San Marcos ↗
- LugarErmita de San Bartolomé ↗
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San Roque, San Bartolomé, San Cristóbal y San Marcos: ciclo de romerías y celebraciones menores de Ólvega
Categoría: Tradiciones y etnografía Época: Ermita de San Marcos, siglo XII; costumbre de San Roque documentada desde 1917; tradición viva hasta hoy
Más allá de sus fiestas mayores, Ólvega organiza buena parte de su calendario festivo en torno a un grupo de santos que marcan el paso de las estaciones y renuevan, año tras año, los mismos gestos comunitarios.
San Roque es el protector de la villa, y su festividad, el 14 de agosto, mezcla la devoción religiosa con la vida en la plaza. Desde 1917 se reparten peras entre los niños que limpian el camino de la procesión, costumbre que antes consistía en repartir fruta de temporada; hoy la distribución de peras se mantiene aunque ya no sea necesario limpiar el camino. Las fechas de esta celebración están entrelazadas con las de la Virgen de Agosto: la víspera de San Roque hay baile y comidas especiales en la plaza, y el 24 de agosto, festividad de San Bartolomé, se sube de nuevo la imagen desde la iglesia, con baile en la ermita y subasta de las ofrendas donadas.
San Bartolomé, sin embargo, no se festeja propiamente en su onomástica: su celebración principal cae el segundo domingo después de la subida de la Virgen de Olmacedo a su ermita. Antiguamente se cantaban letanías rotativas entre su ermita, la de San Roque y la de la Soledad. Además, en mayo se celebra una romería con misa y comida campestre en la ermita de San Bartolomé, en el valle de Araviana.
San Cristóbal, patrón de los conductores, se venera en julio con la participación destacada de camioneros, herederos del antiguo oficio de carreteros. La fiesta arranca el sábado con charanga por las calles, sigue con misa solemne y procesión hasta la Placeta del Moncayo, donde se bendicen los vehículos y se reparten estampas del santo, y culmina con la comida del gremio y una verbena popular en la Plaza España.
La romería de San Marcos es una de las celebraciones menores más antiguas y significativas de Ólvega. Se celebra el 25 de abril, aunque según otra referencia el día exacto es el domingo más cercano a esa fecha, y congrega a centenares de olvegueños en el paraje conocido como Campiserrado (también recogido como Campicerrado). La tradición oral sostiene, en ambas versiones consultadas, que si algún año no se celebrase la misa en la ermita, ésta pasaría a pertenecer al término de Ágreda, una creencia que subraya la importancia de no dejar caer la festividad.
Antiguamente la jornada era mucho más modesta: se llegaba a pie o en carros desde el pueblo, y todo se reducía a compartir la culeca —un pan de hogaza con chorizo y huevo duro— en la pradera, aprovechando también para inspeccionar el estado de los campos. La culeca se amasaba en el horno el día del amasado semanal, con ingredientes que variaban según lo que hubiera en cada casa: más o menos chorizo, y un huevo duro en el centro si las gallinas habían sido generosas esa semana. El camino a la ermita se hacía por grupos de amistad, con una hora larga de trayecto en la que las conversaciones y las historias y leyendas transmitidas por las abuelas hacían que el tiempo pasara deprisa.
Con los años la fiesta fue ganando en actividades sin perder su raíz. Hoy la jornada arranca con fogatas que empiezan a humear desde primera hora; tras la misa en honor del santo se prepara un rancho comunitario, y por la mañana se disputa un cross popular junto a competiciones por cuadrillas. Por la tarde llegan los partidos de fútbol y los juegos tradicionales, como «el juego de la abuela» y las «chapas», este último legalizado únicamente esos dos días al año. Los gaiteros amenizaban la tarde tras la merienda, y al caer el sol comenzaba un desfile de coches mientras algunos grupos de vecinos mantenían sus hogueras encendidas, lo que permitía una cena ligera y una breve velada junto al fuego antes de que el paraje recuperara su calma.
La misa de la romería era de rogativas, con letanías, y durante la comida de la culeca los hombres se pasaban las botas de vino de mano en mano; la sobremesa solía animarse hasta el punto de mantear a quien pillaran descuidado. El regreso a Ólvega se hacía por la vía del ferrocarril, atravesando el largo túnel de la Muela en fila india por seguridad, y si en ese tramo llegaba a pasar un tren, el suceso se convertía en el acontecimiento memorable de la jornada.
La ermita de San Marcos conserva una puerta románica del siglo XII. En su interior hay una mesa de piedra para la celebración eucarística, la imagen del santo y, en la primera escalera de acceso al coro, una piedra redonda de buen tamaño a la que, según la tradición burlona del lugar, bastaba pegar el oído para oír «cerner las monjas de Ágreda»: una broma que se repetía cada año a costa de los novatos.
El entorno de Campiserrado, ligado a esta romería, contaba antiguamente con servicios mínimos: la fuente de Fuencañón, la propia iglesia de San Marcos y el llamado Castillazo, un castillo militar situado entre La Muela y San Marcos que servía de refugio a los pobladores del lugar y, tal vez, también a los olvegueños en caso de ataque. La tradición oral habla además de una cadena de oro enterrada en el camino que unía el Castillazo con la ermita, un misterio nunca resuelto que alimentaba la imaginación de quienes hacían ese trayecto en día de fiesta.
OLV · ART · 00060
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