La historia medieval de Ólvega comienza con la Reconquista cristiana. En el año 1119, el rey aragonés Alfonso I el Batallador reconquista la zona de Ólvega para la causa cristiana, iniciando así la andadura del pueblo bajo dominio cristiano. Durante los primeros años, Ólvega formó parte del reino de Aragón, hasta que en 1134 pasa definitivamente al reino de Castilla con la llegada de Alfonso VII el Emperador. Este cambio de adscripción territorial supuso un reordenamiento administrativo fundamental para el futuro del municipio.
Con su incorporación al reino castellano, Ólvega se integró en la Diócesis de Tarazona, a la cual perteneció durante más de ocho siglos, hasta el año 1956. Esta pertenencia eclesiástica proporcionó una estructura religiosa y organizativa que vertebró la vida local durante toda la Edad Media y la Edad Moderna.
El ordenamiento jurídico medieval de Ólvega se consolidó en 1260, cuando el rey Alfonso X el Sabio concedió a la Villa de Ágreda y su Tierra un fuero propio que regularía su gobierno durante toda la Edad Media. Al ser aldea de la Comunidad de Villa y Tierra de Ágreda, Ólvega disfrutó también de los derechos y privilegios derivados de este fuero, configurando así su estatus jurídico y administrativo medieval. Esta posición dentro de la estructura de villa y tierra le permitió participar en las instituciones locales y beneficiarse de las franquicias propias de esta organización feudal característica de Castilla.
