El fragmento documental recoge múltiples evidencias materiales de ocupación medieval e identificación legendaria del emplazamiento ólveguense, complementadas por testimonios de tradición oral que han preservado la memoria de estos sucesos a lo largo de los siglos. Estas evidencias se distribuyen entre varios núcleos y geografías del territorio, vinculados todos ellos a la memoria de los Siete Infantes de Lara y a la vida militar medieval de la región.
Entre los hallazgos más directos se encuentra el alfanje casualmente descubierto por Dionisio Jiménez, vecino de Ólvega, en uno de los abrigos-refugio situados al pie de las peñas, objeto que testimonia inequívocamente la presencia militar en estas eminencias. Junto a la fuente de Escuernabueyes existe una peña con tres o cuatro agujeros excavados deliberadamente en la roca, utilizados históricamente para el amarre de caballos. En esa misma peña estuvieron las argollas de bronce —actualmente desaparecidas— que la tradición comarcal vinculaba específicamente a los caballos de Los Siete Infantes, conservando así un recuerdo material de una memoria legendaria de gran arraigo local.
Los Cerros de la Batalla, según testimonio de vecinos de Beratón, Ólvega, La Cueva y Borovia, constituyen emplazamientos de especial significación. Existen dos cerros con ese nombre separados algo más de dos kilómetros en línea recta. Uno se sitúa en las estribaciones de la cara norte de la Sierra de Toranzo, donde se ubica la Torre de Araviana a 1.355 metros de altitud; el otro es una suave elevación cuasicónica con pendientes de 10° a 15° y 1.283 metros de altitud, ubicado en el amplio collado que separa la Sierra de Toranzo de la de Tablado. Aunque este segundo cerro carece de restos de fortificación visible, la gente de Beratón ha hallado al labrar puntas de lanza y puñales en sus tierras. En el Cerro donde está emplazada la Torre de Araviana, cerro donde algunos dicen que murieron los Siete Infantes, también se han recogido puntas de lanzas similares a la encontrada en la torre durante los trabajos de investigación, lo que sugiere una continuidad de ocupación militar a lo largo de distintos períodos.
La onomástica del territorio refleja asimismo esta memoria medieval arraigada en la tradición. El nombre "Sierra de Altomira" registra la función de Alto con Mirador, corroborando que la tradición oral ha preservado con fidelidad la identidad histórica y funcional del emplazamiento. El geógrafo Palacios, en su descripción de 1890 de la provincia de Soria, haciendo eco de los habitantes de La Cueva, citaba el Cerro de la Batalla como lugar donde murieron los Siete Infantes, aunque no lo localizaba con precisión. Posteriormente a la incursión de los Siete Infantes en el Valle de Araviana, dos batallas referenciadas en crónicas entre castellanos y aragoneses quedaron registradas en el mismo cerro de la torre o en sus proximidades, en la frontera de ambos reinos, demostrando que estos parajes fueron escenarios de conflictividad recurrente durante la Edad Media.
Pérez, E. S. (2016). Geografía histórica de la muerte de los Siete Infantes de Lara. La Torre y atalaya de Araviana. Celtiberia, 66(110), 125-168.
