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La memoria escrita del pueblo

Historia de Pedroso

Los lugares, las vidas y los acontecimientos que han dejado huella. Un recorrido a través de las historias y sus fuentes.

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7 historias de 37

Siglo XVI

7 historias

Siglo XVI-XVII; restauración 2010-2011

Ermita de Santa Marina: Construcción renacentista y restauración moderna

La Ermita de Santa Marina fue edificada en el siglo XVI y reconstruida en el XVII. Se localiza encima del pueblo en el lugar denominado "las eras", siendo su parte más antigua el ábside, que puede datar de principios del siglo…

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La Ermita de Santa Marina fue edificada en el siglo XVI y reconstruida en el XVII. Se localiza encima del pueblo en el lugar denominado "las eras", siendo su parte más antigua el ábside, que puede datar de principios del siglo XVI. El resto fue reconstruida hacia mediados del XVII en mampostería y sillarejo.

Tiene planta cuadrangular de una sola nave cubierta con techumbre de madera y cabecera con cañón con arco de medio punto. Fue restaurada entre los años 2010 y 2011 por el Gobierno de La Rioja, tras años de abandono y progresivo deterioro. Las imágenes que albergaba (Santa Marina y Santa Teodosia) han sido trasladadas a la iglesia parroquial.

PED · ART · 00052

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Siglos XVI-XVIII; conversión de Santa Ana en cementerio a principios del siglo XIX

Ermitas de Santa Teodosia, San Cristóbal y Santa Ana: Ruinas y tradiciones

En el maravilloso entorno del pueblo, en pleno monte, se encuentran las ruinas de otras ermitas: la de Santa Teodosia y la de San Cristóbal. Según la tradición, la imagen titular de la Ermita de Santa Teodosia estaba calzada con…

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En el maravilloso entorno del pueblo, en pleno monte, se encuentran las ruinas de otras ermitas: la de Santa Teodosia y la de San Cristóbal. Según la tradición, la imagen titular de la Ermita de Santa Teodosia estaba calzada con unas albarcas de oro que fueron robadas. En tiempos pasados, fue meta de una romería populosa celebrada por Pascua de Pentecostés, siendo costumbre que los hombres jugaran a las chapas y las mujeres a los bolos.

En el término que lleva el nombre de San Cristóbal se encuentran los restos de esta ermita. Cerca del pueblo se encontraba la ermita de Santa Ana de la que ya no queda vestigio alguno y que fue dedicada a cementerio a principios del siglo XIX. Los pedroseños antiguos hablan de la existencia de hasta siete ermitas en el término municipal.

PED · ART · 00053

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siglo XVI-XVIII

La vida religiosa de Pedroso en la época moderna: cofradías y devociones

La vida religiosa de Pedroso durante la época moderna se articulaba en torno a un entramado denso de cofradías y devociones que estructuraban tanto la espiritualidad comunitaria como el patrimonio eclesiástico del pueblo. El…

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La vida religiosa de Pedroso durante la época moderna se articulaba en torno a un entramado denso de cofradías y devociones que estructuraban tanto la espiritualidad comunitaria como el patrimonio eclesiástico del pueblo. El Catastro del Marqués de la Ensenada y los libros de cuentas parroquiales del siglo XVIII revelan la presencia de numerosas hermandades que ejercían un papel central en la preservación del patrimonio religioso local y en la configuración de la devoción popular.

Entre estas cofradías figuraban la de la Vera Cruz, que poseía tierras en el término; la de Todos los Santos; la de las Ánimas; la del Santo Ecce Homo, devota de una imagen de Jesús tras la flagelación popularmente conocida como San Ziomo; la de San Martín y San Sebastián; la del Santísimo; la de la Concepción; la de San Cristóbal y la del Señor. Todas ellas se encuentran documentadas en los registros parroquiales, con referencias precisas en los libros de cuentas: el Ecce Homo en el folio 25v, San Martín y San Sebastián en el folio 39v, el Santísimo en el folio 48v, la Concepción en los folios 49v y 50v, San Cristóbal en el folio 94v y el Señor en el folio 173v. Estas asociaciones no solo articulaban la vida espiritual de la comunidad, sino que también poseían bienes inmuebles y gestionaban patrimonio, convirtiéndose en pilares de la estructura religiosa y económica del pueblo.

Un aspecto particularmente singular de la vida religiosa de Pedroso fue el papel que sus párrocos ejercieron como figuras taumatúrgicas con influencia que trascendía los límites locales. Un caso documentado en 1576 refiere la existencia de un cura de Pedroso que gozaba de fama regional por realizar curaciones milagrosas, siendo solicitado incluso desde Logroño. Este sacerdote, según la obra Logroño histórico de F.G. Gómez, era invitado a la ciudad para "conjurar los gusanos o insectos que siempre hubo en las plantas", dado que "por los términos de esta ciudad hay gusano que ofende las viñas y que se suele enviar por el cura de Pedroso para echar el agua y conjurarlo". La práctica reveló una interesante mezcla de religión y medicina popular, donde "la piadosa costumbre y la ciega confianza en el agua traída de la basílica, continuó en práctica siempre que había temor de plagas". Esta actividad como curandero folk del párroco de Pedroso prosiguió al menos hasta 1577, con repetidas excursiones a Logroño, continuando hasta la muerte del cura. Estas devociones especiales y la reputación de figuras religiosas locales con capacidad para intervenir en plagas agrícolas demuestran la complejidad de la espiritualidad rural en la época moderna, donde lo sagrado y lo material, lo espiritual y lo práctico, se entrelazaban de manera indisoluble en la vida cotidiana de las comunidades rurales.

Fuentes de esta historia

  1. Catastro del Marqués de la Ensenada. Libro Mayor de Raíz de Seglares
  2. Gómez, F.G.: Logroño histórico (1893-1895)
  3. Logroño histórico de F.G. Gómez
  4. Libros de cuentas parroquiales

PED · ART · 00066

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1573-1579

Los astrólogos riojanos Pedro de la Hera y Rodrigo Morgado: consejeros de la corte de Felipe II

Por la corte de Felipe II circularon dos astrólogos riojanos de gran poder e influencia: Pedro de la Hera, clérigo nacido en Pedroso, y Rodrigo Morgado, de Alfaro. Ambos fueron consejeros de Antonio Pérez, el secretario de…

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Por la corte de Felipe II circularon dos astrólogos riojanos de gran poder e influencia: Pedro de la Hera, clérigo nacido en Pedroso, y Rodrigo Morgado, de Alfaro. Ambos fueron consejeros de Antonio Pérez, el secretario de Estado, aunque cada uno desempeñó un papel diferente en la corte.

Pedro de la Hera era experto astrólogo y vidente, amigo, confidente y asesor de Pérez en la ciencia de los astros. No había semana que el secretario de Estado no lo consultara sobre los vaticinios que lo aguardaban según tomara una u otra decisión. De hecho, fue a De la Hera a quien Antonio Pérez consultó sobre cómo y cuándo asesinar a Juan de Escobedo, su rival político. El astrólogo riojano respondió: «O muere en este mes de marzo o vivirá muchos años». Tras dos intentos fallidos de envenenamiento, Pérez aceleró los planes y la emboscada se consumó el 31 de marzo de 1578.

Rodrigo Morgado también era íntimo de Pérez, pero además de ejercer como astrólogo, se encargaba de organizar la caballeriza del secretario de Estado y actuaba como correo de enjuagues y amoríos entre Pérez y la princesa de Éboli, facilitando los encuentros entre los amantes.

Ambos astrólogos cometieron un error fatal: sabían demasiado sobre el asesinato de Escobedo. Una vez consumado el crimen, Antonio Pérez se vio obligado a silenciar a quienes podían delarlo. Pedro de la Hera, además, traicionó a su benefactor: enfermo, fue consultado por los hijos de Escobedo, que lo contrataron para que adivinara el origen del crimen. De la Hera reveló entonces que «el asesino era persona muy cercana a su padre y que había asistido a su velatorio».

La muerte de ambos astrólogos llegó envenenada. Pérez, consciente de su culpa y de que debía eliminar a cuantos sabían del crimen, preparó un brebaje letal conocido como 'quinta esencia', que ya había ensayado en otros. En palabras del jesuita Enrique Herrera y Oria: «Hallándose De la Hera enfermo, y deseoso Antonio Pérez de deshacerse de él, le preparó un tósigo que tenía ya harto ensayado en otros a quienes hizo sus víctimas por análogos motivos, y que él las propinaba como una medicina a la que daba el nombre de quinta esencia». Rodrigo Morgado probó también la letal 'quinta esencia', en la ciudad de Valladolid, según constan las actas del proceso judicial contra Pérez.

Fuentes de esta historia

  1. Lino Uruñuela, 'Piedra del Rayo'
  2. Enrique Herrera y Oria (jesuita)
  3. Actas del proceso judicial contra Pérez

PED · ART · 00073

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1581-1628

Don Juan de Pedroso y González: fundador de la iglesia de San Juan de Letrán (1581-1628)

Juan de Pedroso y González fue un destacado caballero de la Orden de Santiago nacido en la villa de Pedroso alrededor de 1581. Su trayectoria le llevó a ocupar posiciones relevantes en la Corte de Felipe III, donde residió en…

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Juan de Pedroso y González fue un destacado caballero de la Orden de Santiago nacido en la villa de Pedroso alrededor de 1581. Su trayectoria le llevó a ocupar posiciones relevantes en la Corte de Felipe III, donde residió en Madrid desde al menos 1613 como miembro del Consejo de Guerra y posteriormente del Almirantazgo. En estos cargos, fue encargado de combatir a los rebeldes holandeses durante el reinado felipino, lo que le permitió conocer y tratar con el Conde-Duque de Olivares, principal privado del monarca. Su proximidad a los círculos de poder cortesanos, junto con su condición de caballero santiaguista, revela la importancia política que alcanzó en la administración militar del reino.

El testamento que dictó el 1 de febrero de 1628 en Madrid constituye un documento extraordinario que evidencia tanto su poder económico como su voluntad de dejar un legado permanente en su tierra natal. En él ordenó la construcción de una capilla funeraria dedicada a San Juan de Letrán en Pedroso, a erigirse en el solar de las casas de su padre, buscando con esta advocación vincularla simbólicamente a la célebre basílica romana. Para la obra destinó 1.000 ducados para su edificación y ornato, encomendando la construcción a su sobrino Bernabé Martínez de Pedroso. Complementó esta donación inicial con la fundación de tres capellanías que generarían 600 ducados anuales en rentas, garantizando así el mantenimiento perpetuo del templo, que contaría con tres altares —el mayor y dos colaterales— y dotaría de misa diaria servida por tres capellanes.

La riqueza artística y material destinada a la iglesia fue considerable. Pedroso encomendó que se utilizaran para la ornamentación del templo valiosas pinturas que poseía en su casa madrileña: un Sant Antonio grande con marco dorado, Sant Francisco, varios Cristos en diferentes advocaciones (amarrado a columna, en el suplicio, crucificado, azotado), Santo Gerónimo, San Pablo, San Juan Bautista, San Juan Evangelista, Virgen del Populo, Resurrección de Lázaro, David con Abigaíl e imágenes de Nuestra Señora. La colección se complementaba con valiosas esculturas de bulto: El Niño Jesús, Niño San Juan y dos Cristos que figurarían en los retablos. Estas obras, cuya posesión sugiere conexiones con los ambientes artísticos cortesanos de la época (posiblemente incluso con el pintor Velázquez), trasformaban la capilla en una pequeña joya del patrimonio religioso local.

La dotación de platería y ornamentos era igualmente suntuosa: un brasero de plata con escalfador, un cofrecillo de plata para el sacramento en Jueves Santo, ocho candeleros grandes de plata, cuatro de bugías para la iluminación, fuente y jarro de plata para las abluciones, colgaduras de brocateles, alfombras y tapetes de calidad. Entre las reliquias más preciadas figuraban una cruz de oro que contenía una espina de la corona de Cristo y lignun crucis, fragmento de la cruz verdadera que constituía una reliquia de máximo valor espiritual y material.

Para su funeral y sepultura estableció disposiciones muy precisas: su cuerpo sería trasladado a la capilla mayor donde sería enterrado "prohibiendo que ninguna otra persona yaciera allí" excepto su sobrino Bernabé Martínez de Pedroso, a quien nombraba patrón perpetuo de la iglesia. Tras la muerte de Bernabé, el patronato pasaría a un órgano colegiado constituido por el abad del monasterio de Valvanera, un vicario nombrado por el Obispo de Calahorra-La Calzada, el párroco de la iglesia de El Salvador y el alcalde ordinario de Pedroso, asegurando así una gobernanza plural y duradera de la fundación. Murió en 1628 y su cuerpo fue sepultado en la iglesia que fundó, cuyos muros externos conservaron sus armas junto a la imagen de San Juan Bautista. La iglesia fue consagrada en 1654, pocos años después de su muerte.

El testamento de Pedroso, que repartió nada menos que 17.200 ducados sin contar lo destinado a iglesia y capellanías, revela la magnitud de su patrimonio personal. Poseía una extraordinaria colección de objetos de lujo: doce escritorios (uno de ébano y marfil, dos de plata), cuatro escribanías (dos de plata), cinco cadenas de oro, dos cintillos de diamantes, tres veneras, palanganas y múltiples piezas de platería, vestidos bordados y de colores vistosos, tapices con la historia de los Infantes de Lara, pabellones de seda y brocatel. En su hogar también mantenía cuatro esclavos: Tomé Rubio, a quien concedió libertad en el testamento, y tres cautivos mahometanos —Azán, Alí y Almanzor— a quienes ofreció la libertad si se convertían al cristianismo, revelando así una mentalidad propia de la época respecto a estos cautivos de guerra. Todos estos datos testimonian la importancia política y económica de Juan de Pedroso en los círculos cortesanos de Felipe III, sus conexiones con las artes y la cultura, y su determinación de dejar un legado perdurable y magnificente en su pueblo natal.

Siglos después, durante las guerras napoleónicas de principios del siglo XIX, la iglesia fundada por Pedroso adquiriría un nuevo y dramático significado. Cuando tropas francesas acantonadas en Nájera saquearon la comarca en busca de riquezas, y ante las amenazas de diezmar a la población si no se entregaban los bienes de valor, el Ayuntamiento de Pedroso se vio obligado a despojar la tumba del caballero, entregando sus joyas y tesoros a los soldados franceses. Con esta entrega involuntaria del legado material más valioso que la villa entonces poseía, probablemente se compró la paz y se logró la supervivencia del pueblo ante la furia napoleónica. Los ayuntamientos posteriores reconocerían esta deuda histórica eligiendo las armas de don Juan de Pedroso —aquellas que campean en la fachada de su iglesia— para que representasen a todo el pueblo en su escudo heráldico, convirtiendo así el símbolo de un caballero cortesano del siglo XVII en emblema permanente de la comunidad local.

Fuentes de esta historia

  1. Compendio Histórico de la Muy Ilustre Villa de Pedroso (1786) de Juan Matías Herce
  2. Testamento de Juan de Pedroso (documento citado en el manuscrito)
  3. Mikel Zuza Viniegra, 2018

PED · ART · 00068

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1581-1628

Juan de Pedroso: caballero de Santiago y fundador de la Capilla de San Juan de Letrán

Juan de Pedroso y González (1581-1628) fue un hidalgo natural de Pedroso (La Rioja) que alcanzó considerable relevancia en la administración de la Monarquía Española durante los primeros decenios del siglo XVII. Caballero de la…

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Juan de Pedroso y González (1581-1628) fue un hidalgo natural de Pedroso (La Rioja) que alcanzó considerable relevancia en la administración de la Monarquía Española durante los primeros decenios del siglo XVII. Caballero de la Orden de Santiago e influyente consejero real, dejó un legado perdurable en su villa natal a través de la fundación de la Capilla de San Juan de Letrán, una de las empresas religiosas y artísticas más ambiciosas de su época en la comarca.

Su carrera en la Corte de Madrid resultó notablemente exitosa. Tuvo presencia como consejero del Rey desde al menos 1613, consolidando su posición mediante la solicitud de admisión en la Orden de Santiago en 1623, ingresando oficialmente el 11 de noviembre de ese año. Posteriormente fue nombrado consejero de Guerra en 1623 y consejero de Hacienda en 1624, llegando a participar como miembro en la creación de la Junta del Almirantazgo el 15 de enero de 1625. Además de estas responsabilidades administrativas, redactó un memorial sobre la prohibición de comerciar con rebeldes holandeses, probablemente en torno a 1623, contribuyendo a la definición de la política comercial castellana en momentos de conflicto dinástico.

El testamento de Juan de Pedroso, formalizado el 1 de febrero de 1628 ante el contador Francisco González de Entrena en Madrid y conservado en el Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Madrid (Leg. 4461, fols. 253-259), constituye su obra más notable: la fundación de la Capilla de San Juan de Letrán en Pedroso. Esta iglesia fue erigida en el solar que ocupaban las antiguas casas de su padre Francisco de Pedroso, con una dotación inicial de 1.000 ducados destinados a construcción y ornato. La capilla se concibió con advocación a San Juan de Letrán siguiendo un programa de unionismo espiritual con la basílica romana, según el modelo de la existente en Gibraltar. Si esta unión canónica no fuera posible, se dedicaría a los Santos Juanes con un privilegio para alguno de sus altares y un jubileo para el día de San Juan.

El proyecto arquitectónico fue realizado por artistas madrileños, probablemente durante los años treinta del siglo XVII. La iglesia presenta planta de cruz latina con gran sencillez arquitectónica, caracterizada por una sola nave con tres tramos articulados por pilastras toscanas, presbiterio elevado sobre gradas y muros lisos rematados con cornisa sobre basamento de piedra. Los pilares alternan ladrillos con mampostería ordinaria. La fachada de los pies cuenta con dos cuerpos decrecientes flanqueados por pilares de ladrillos, coronada con espadaña de doble vano con arcos de medio punto. La portada es de piedra labrada en estilo renacentista tardío con influencia madrileña: un solo cuerpo con vano adintelado de molduras escalonadas sostenidas por ménsulas tronco-piramidales, y ático con hornacina rectangular que alberga la escultura de San Juan Evangelista de pie en tres cuartos, con la mano derecha señalando al cordero situado a su izquierda sobre tronco de árbol. A cada lado de la portada aparece el escudo heráldico de Juan de Pedroso con yelmo emplumado de hidalgo, dividido en dos campos: el derecho ocupado por un brazo armado y el izquierdo por una torre surmontada con estandarte.

La construcción del templo implicó complejas negociaciones entre maestros canteros. El 22 de junio de 1630 se llegó a acuerdo entre los canteros, renunciando Pedro de San Miguel y Juan de la Riva a la construcción de la iglesia, siendo compensados por Pedro de Aguilera con 75 ducados cada uno. El 27 del mismo mes, Juan de la Verde (que llegaría a ocupar el cargo de veedor del Obispado de Calahorra-La Calzada) y Rodrigo de la Cantera se obligaban como fiadores de Pedro de Aguilera. El 29 de junio se firmaba el contrato de construcción, con presencia de los canteros Ignacio de Anzola (natural de Marquina, maestro de la obra de Cenicero), Pedro de la Sierra y el campanero Alonso del Valle (de Prabes), que actuaron como testigos. Aunque los plazos iniciales no se cumplieron, hacia 1640 Francisco de Guinea levantaba la fachada bajo la dirección de Félix Domínguez. El coste real superó con creces los 1.000 ducados estipulados en el testamento, causando un dilatado proceso constructivo. El templo fue finalmente consagrado catorce años después, en 1654, con el título de Basílica Sacramental de San Juan de Letrán.

El programa arquitectónico evidencia similitudes con el Convento de las Madres Mercedarias de don Juan de Alarcón en Madrid, remodelado en las mismas fechas, sugiriendo que ambos proyectos compartieron criterios de diseño y circunstancias similares de penuria económica que condujeron a una sencillez arquitectónica caracterizada por la funcionalidad sobre la ornamentación.

La capilla contaba con tres altares: uno mayor y dos colaterales. Las disposiciones testamentarias de Juan de Pedroso especificaban con extraordinario detalle los elementos destinados a ornamentar el templo. Para los retablos, donaba una colección significativa de cuadros de su propiedad, incluyendo representaciones de santos y pasajes de la vida de Cristo de considerable tamaño: una pintura grande de San Antonio con marco dorado, otra de San Francisco, el Cristo amarrado a la columna, escenas de flagelación, resurrección de Lázaro y un cuadro de David con Abigaíl. Complementaban esta colección esculturas de bulto (volumen) del Niño Jesús, San Juan Niño y dos cristos.

El patrimonio mueble se completaba con objetos de platería de alto valor: un brasero de plata con escalfador, un cofre de plata para la custodia eucarística destinado a los días de Jueves Santo, ocho candeleros de plata grandes, cuatro de bugías redondas, una fuente y un jarro de plata. Asimismo, donaba colgaduras de brocatel nuevo, alfombras y tapetes nuevos. Entre las piezas más singulares figuraban dos cruces de reliquias y un relicario con reliquias de la Pasión de Cristo, incluida una espina de la Corona que procedía de la venerada en el Monasterio de la Cartuja de Sevilla.

El funcionamiento de la institución quedó regulado mediante una dotación económica de 600 ducados anuales, distribuidos entre un capellán mayor (200 ducados), dos capellanes ordinarios (150 cada uno), fábrica del templo (80 ducados) y sacristán (20 ducados). Los capellanes debían ser naturales de Pedroso u originarios del Obispado de Calahorra, superar examen de teología y moral, y residir honestamente en la villa sin escándalo público ni otras prebendas. Sus obligaciones incluían celebrar diariamente misa cantada con responso concelebrada entre dos de ellos en turno, y aplicar las misas especiales de difuntos por el alma de Juan de Pedroso, sus padres y antepasados.

La capilla fue diseñada con vocación de continuidad institucional. Juan de Pedroso ordenó que su cuerpo reposara inicialmente en uno de los monasterios madrileños (San Martín o la Santísima Trinidad), siendo trasladado posteriormente a la capilla mayor para su sepultura definitiva bajo sus armas heráldicas. Prohibió que otro cuerpo fuera enterrado en la capilla mayor, salvo el de su sobrino Bernabé Martínez de Pedroso, a quien nombró patrón de la iglesia durante su vida. A la muerte de Bernabé, el patronato pasaría a un órgano colegiado compuesto por el abad del monasterio de Nuestra Señora de Valvanera, un vicario del Obispado de Calahorra-La Calzada y, de Pedroso, el párroco de San Salvador y el alcalde ordinario. Estos deberían seleccionar a los aspirantes a capellanes mediante oposición celebrada en la villa.

Los trabajos artísticos posteriores a la fundación original confirman la calidad y ambición del proyecto. Dos retablos fueron realizados por Francisco Fábrega y Juan de Tarazona hacia 1640. El retablo del lado del evangelio lo preside un lienzo de San Antonio de Padua (barroco de hacia 1640, escuela italiana) y en su ático una Epifanía de escuela madrileña de la primera mitad del XVII. El retablo del lado de la epístola presenta en el primer cuerpo un lienzo del Arrepentimiento de San Pedro (de talleres calceatenses, primera mitad del seiscientos) y una Natividad en el ático (escuela madrileña de mediados de la centuria). En el primer tramo del evangelio existen tres pinturas: dos copias de Tiziano (una Dolorosa y un Ecce Homo) y un Martirio de San Juan Bautista (italiano de la primera mitad del XVII). En la nave de la epístola se localizan obras de Felipe Diriksen: San Pedro, San Juan en Pasmos, San Juan Evangelista, y en la sacristía un Calvario; posiblemente son los únicos cuadros conservados del encargo de 12 lienzos realizado a este pintor en 1643. Un gran lienzo de San Francisco orando (escuela italiana de la primera mitad del siglo XVII) podría identificarse con el «Sant Francisco tambien grande» mencionado en los asientos del testamento.

En la sacristía existía un escudo de hidalgo en madera policromada sobre cruz de Santiago partido de brazo armado y torre surmontada por estandarte, del mediado del XVII, que corresponde a las armas de Juan de Pedroso. Este mismo escudo aparece doblemente flanqueando el ático del retablo de Nuestra Señora del Rosario de la segunda mitad del seiscientos, situado en la capilla de Juan de Villarreal de la parroquia, indicando que también procedía originalmente de la iglesia de San Juan de Letrán. En 1976 se conservaban varios retablos y lienzos procedentes de la iglesia en la iglesia parroquial de El Salvador.

La trayectoria biográfica de Juan de Pedroso revela un caballero de considerable fortuna. El inventario de su testamento documenta la riqueza cuantiosa del personaje: 17.200 ducados en metálico; objetos de lujo como 12 escritorios (varios de ébano, marfil y plata), 4 escribanías de las que dos eran de plata, 3 cuadros y 2 láminas; joyas valiosas incluyendo 5 cadenas de oro, 2 cintillos de diamantes y 3 veneras (dos de oro y una de diamantes); así como 5 vestidos con bordados y de colores, un pabellón de seda y un valioso juego de tapices con la historia de los Infantes de Lara.

Más allá del lujo material, el testamento documenta la piedad y mecenazgo de Juan de Pedroso. Destinó 400 ducados para ayuda del retablo mayor de la iglesia de Santiago de Logroño y 100 ducados para la obra de la iglesia de los padres trinitarios. Como testamentario de su hermano Bernabé de Pedroso, ordenó entregar un valioso cofre de reliquias, pinturas y aderezos de capillas a la capilla de la Concepción del monasterio de San Francisco de Logroño, donde se trasladaría el cuerpo de Bernabé. Asimismo legó "toda la cera de mi casa" a Ana de Albiz, excepto la mitad de las bujías destinadas al altar de Nuestra Señora de Atocha en Madrid.

Particularmente relevante es su legado artístico. Dejó dos pinturas a elegir a Gerónimo de Luna de entre sus obras no destinadas a la iglesia de Pedroso. Más notable aún es el cuadro de San Francisco pintado por Juan Fernández Navarrete, llamado "el Mudo", que fue legado al Conde Duque de Olivares, siendo el único de sus cuadros del que se menciona el autor. La presencia de sus armas heráldicas en la iglesia de San Juan de Letrán indica la relevancia social y política del personaje en su época.

Según la crónica de Juan Matías Herce (1786), la capilla fue dotada de tres capellanes y misa diaria alternada. El cuerpo de Juan de Pedroso permanece sepultado en la iglesia bajo sus armas heráldicas colocadas en la fachada junto a la imagen de San Juan Bautista, titular del templo. La fundación de la Capilla de San Juan de Letrán constituye el testimonio más permanente de la devoción, recursos económicos y sensibilidad artística de este caballero de Santiago, quien logró convertir su patrimonio personal en una institución religiosa y cultural que trascendió su propia existencia para enraizarse en el patrimonio de Pedroso.

Fuentes de esta historia

  1. Testamento de Juan de Pedroso (A.H.P.N.M., Leg. 4461, fols. 253-259)
  2. Juan Matías Herce, Compendio Histórico de la Muy Ilustre Villa de Pedroso (1786)
  3. Testimonios de solicitud de ingreso en la Orden de Santiago (octubre de 1623)
  4. A.H.P.N.M. Protocolos, Leg. 4461. Fols. 253-259
  5. A.H.N. Ordenes Militares. Expediente 6309
  6. A.G.I. Patronato Real, 229. R. 24
  7. A.G.S. Patronato Real. Leg. 15. Doc. 12
  8. A.H.P.N.M. Protocolos. Leg. 4461. Fol. 254-255
  9. Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Madrid
  10. Documentación del Obispado de Calahorra
  11. Hernández Núñez, J. C.: Juan de Pedroso y la fundación de la capilla de San Juan de Letrán de Pedroso, La Rioja. Berceo, 156 (2009), pp. 213-228.
  12. MOYA VALGAÑON, J. G. (dir.): Inventario artístico de Logroño y su provincia. Tomo III. Madrid, 1976.
  13. TOVAR MARTÍN, V.: Arquitectura madrileña del siglo XVII. Madrid, 1983.
  14. A.H.P.N.M. Protocolos, Leg. 4461.
  15. Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Madrid, A.H.P.N.M. Protocolos, Leg. 4461, Fols. 256 vto.

PED · ART · 00058

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1600-1849

Pedroso en la Edad Moderna: esplendor de la industria textil y declive posterior

Pedroso experimentó durante la Edad Moderna una trayectoria marcada por el esplendor inicial seguido de un declive prolongado que se extendería a lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX. Esta evolución económica y demográfica…

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Pedroso experimentó durante la Edad Moderna una trayectoria marcada por el esplendor inicial seguido de un declive prolongado que se extendería a lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX. Esta evolución económica y demográfica refleja tanto el poder de la manufactura textil como la vulnerabilidad de las economías locales ante los cambios estructurales en los circuitos comerciales.

Durante el primer tercio del siglo XVII, la villa gozaba de una considerable prosperidad que le permitía financiar obras de envergadura. El testamento de Juan de Pedroso proporciona un testimonio elocuente de esta situación: la construcción de la Capilla de San Juan de Letrán fue encomendada a maestros canteros de origen montañés, particularmente cántabros especializados en labra de piedra, lo que demuestra que Pedroso contaba con capacidad suficiente para atraer técnicos de prestigio e impulsar proyectos de consideración. La dotación de 600 ducados anuales en perpetuidad para el mantenimiento de la capilla y el sustento de sus capellanes revela la solidez patrimonial acumulada por la familia Pedroso. La riqueza de la época se manifestaba además en donaciones de arte, platería y reliquias de considerable valor, que evidenciaban los contactos de estas familias con centros artísticos y religiosos de relevancia nacional, como el Monasterio de la Cartuja de Sevilla, así como con grandes urbes como Logroño y Madrid.

La iglesia de San Juan de Letrán constituye un testimonio monumental de este período de prosperidad, aunque ha permanecido prácticamente desapercibida para la historiografía actual a pesar de su importancia como obra del período. Su construcción reflejaba la "grandiosidad de su fábrica" y la capacidad de la villa para patrocinar empresas constructivas de envergadura. Sin embargo, la situación actual del edificio contrasta radicalmente con aquel esplendor pretérito: se encuentra en lamentable estado de ruina, cuya definitiva pérdida representaría "un hecho irreparable para la historia y el patrimonio cultural de La Rioja".

El apogeo textil de Pedroso alcanzó su máxima expresión ya entrado el siglo XVIII. Según el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1752, la villa contaba con casi trescientas personas cuya subsistencia dependía de la producción de lienzos y paños. El caserío de esa época se componía de 234 casas habitadas, 18 abandonadas y 20 en estado de ruina o convertidas en solares, lo que evidencia una población significativa aunque ya presentaba signos de debilitamiento.

El siglo XIX presenciaría el colapso definitivo de la estructura económica que había sustentado a Pedroso durante dos siglos. Hacia 1849, la industria se había contraído de forma dramática: existía una única fábrica de paños ordinarios que constituía la mayor riqueza del pueblo, equipada con apenas 8 telares que proporcionaban empleo a 15 operarios. El caserío se había reducido considerablemente a 180 casas habitadas y 53 solares de edificios derruidos, cifras que testifican un descenso tanto demográfico como en la densidad de ocupación del territorio. Este retroceso económico y poblacional refleja cómo la industria textil local no pudo competir en los nuevos sistemas de producción capitalista, condenando a la villa a una larga etapa de estancamiento y emigración.

Fuentes de esta historia

  1. Catastro del Marqués de la Ensenada (1752)
  2. MADOZ, P.: Diccionario geográfico —estadístico— histórico de España y sus posesiones de ultramar. Tomo XII. Madrid, 1849
  3. A.H.P.N.M. Protocolos. Leg. 4461
  4. Análisis historiográfico de la iglesia de San Juan de Letrán

PED · ART · 00059

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Pedroso es un municipio de España perteneciente a la comunidad autónoma de La Rioja. Situado en la cuenca del río Najerilla, forma parte de la Rioja Alta y de la comarca del Alto Najerilla. Tiene una población de 89 habitantes.

Fuente: Wikipedia — «Pedroso (La Rioja)» · texto bajo licencia CC BY-SA 4.0 · consultado el 13 de agosto de 2026.