Román Gómez Villarreal fue un destacado vecino de Pedroso que jugó un papel importante en la formación y comando de las fuerzas realistas durante el periodo postbélico tras la Guerra de la Independencia española. Su trayectoria militar y administrativa se documenta a través de una serie de despachos y expedientes conservados entre 1824 y 1831.
En agosto de 1824, Gómez solicita formalmente al justicia y ayuntamiento de Pedroso su incorporación como voluntario realista, alegando su constante afecto por la Real Majestad, su conducta intachable y su experiencia comandando personas de varios pueblos durante la contienda pasada. Una vez admitido, rápidamente asciende a comandante de los voluntarios realistas de Pedroso. En marzo de 1826 recibe un despacho de la Capitanía General de Castilla la Vieja que le transfiere el control de los voluntarios realistas, pasando el reclutamiento de la supervisión municipal a la Subinspección General de Voluntarios Realistas.
Durante 1828-1829, participa en la administración financiera de los voluntarios: el ayuntamiento de Pedroso, tras solicitud al Contador de la provincia de Burgos, se compromete a entregar al batallón de Ezcaray 100 reales en dinero y 200 en cántaras de vino, proporción que Gómez documenta ante la contaduría burgalesa. En marzo de 1830 debe gestionar un incidente disciplinario: recibe parte del ayuntamiento sobre los excesos de Diego Pérez, voluntario realista que en la taberna cometió faltas de respeto y desobediencia, incluso amenazando a vecinos con bayonetas durante la madrugada. Gómez actúa con prudencia, disculpando a Pérez en su respuesta del 10 de abril.
En abril de 1830, Gómez y Simón Azofra, teniente, presentan una reclamación conjunta ante la Chancillería: ambos alegaban estar sirviendo a su majestad desde 1818 (con hoja de servicios adjunta) cuando reciben una Real Orden bajándolos de grado: Gómez de capitán a teniente y Azofra de teniente a subteniente. Consideran esta medida vergonzosa y deshonrosa para su reputación local, suplicando se les permita conservar sus primitivas funciones. En agosto de 1831, desde Matute, Gómez reclama un premio de 60 reales que le fue girado por la Chancillería de Valladolid por haber aprehendido a dos reos (Muñoz y Ruiz), aunque sin éxito en la tramitación.
