La obra del escritor romántico Gustavo Adolfo Bécquer no puede entenderse sin la influencia profunda del paisaje y las gentes del Moncayo, la Rinconada y buena parte de la provincia de Soria. Sus Cartas desde mi celda y sus Leyendas son fruto de un encuentro explosivo que permitió al poeta extraer toda la fuerza literaria de su convulsa espiritualidad. El sensible y tormentoso poeta descubrió en estas comarcas las gentes, el costumbrismo y los escenarios adecuados para contar sus historias, hallando en ellas la magia, la belleza, el misterio y la fuerza de un paisaje ideal para retroceder a una estética y a valores de siglos atrás, lejos de una modernidad española del siglo XIX que le agobiaba.
Los hermanos sevillanos Gustavo Adolfo Bécquer y Valeriano Bécquer llegaron a la localidad de Trasmoz en 1862, en el somontano del Moncayo, en busca de un lugar donde Gustavo pudiera recuperar una salud siempre delicada. Valeriano, además de pintor, compartió la estancia en la zona y plasmó sus experiencias en pinturas y grabados que otorgaron proyección nacional y protagonismo al Moncayo y a Soria. El poeta vivió también en Noviercas con Casta Esteban, soriana natural de Torrubia, con quien se casó. El matrimonio tuvo tres hijos pero vivió una tormentosa relación plagada de dudas sobre una posible infidelidad. Paradójicamente, el poeta del amor no tuvo suerte en sus relaciones sentimentales, aunque sus Rimas consiguieron transmitir tanta sensibilidad y pasiones contradictorias. Bécquer murió de tuberculosis muy joven, a los 34 años de edad.
El legado de Bécquer en la región se mantiene vivo a través de diversos espacios de memoria. En Noviercas existe un centro de interpretación sobre las atalayas medievales de vigilancia, un museo dedicado a Gustavo Adolfo Bécquer y Casta Esteban, e incluso puede visitarse la casa en la que vivieron. En la cercana población de Torrubia se encuentra la casa-museo de Casta Esteban, que conserva la ambientación de cómo era una vivienda de una familia de clase media en el medio rural soriano del siglo XIX.
La inspiración becqueriana se diseminó por un amplio territorio que configuró lo que hoy se conoce como la Ruta Becqueriana, un itinerario literario que abarca el Moncayo y la provincia de Soria. La ruta comienza o termina en Soria o Trasmoz, con Beratón a la mitad del camino. El recorrido atraviesa los principales lugares que inspiraron al poeta romántico y su hermano pintor. Vera de Moncayo posee restos de un castillo del siglo XIV, la iglesia de Natividad del siglo XVI con torre mudéjar-renacentista y un importante retablo de la escuela renacentista aragonesa, así como el yacimiento celtíbero de Oruña y los vinos de denominación del Campo de Borja. A un kilómetro de Vera está el monasterio cisterciense de Veruela, donde residieron temporalmente los Bécquer y donde Gustavo se inspiró para sus Cartas desde mi celda.
Desde Vera se continúa a Trasmoz, villa que alberga un castillo con la torre del homenaje restaurada y musealizada, y una casa-museo de las brujas que evidencia las sensaciones mágicas del entorno que cautivó al poeta. El tercer pueblo del triángulo becqueriano del Moncayo aragonés es Litago, situado a 6 kilómetros de Vera. La aventura becqueriana continúa hacia la provincia de Soria, pasando por la zona recreativa del Parque Natural de la Dehesa del Moncayo y la localidad soriana de Vozmediano, que cuenta con castillo y el nacimiento del río Queiles. De Vozmediano se desciende a Ágreda, conocida como Villa de las Tres Culturas, pueblo con interesante patrimonio cultural. La ruta bordea el Moncayo hacia la industrial villa de Ólvega, para continuar encarando el puerto del Carrascal.
Antes de alcanzar el puerto está Beratón, el último pueblo soriano y el más alto de la provincia, a casi 1.400 metros de altitud, asentado a los pies del Moncayo con vista espectacular del barranco del río Isuela. El viaje becqueriano se retoma hacia Noviercas, en el valle del Araviana. Para terminar el itinerario, se continúa hacia la villa de Gómara, donde está ambientada la leyenda La promesa; sigue por Almenar, donde Bécquer situó la leyenda de los Ojos verdes; y culmina en la capital soriana, donde El rayo de luna y El Monte de las Ánimas están localizadas. La ruta descansa finalmente en las riberas del Duero de Soria, cerrando un círculo que abraza los paisajes y las emociones que alimentaron la pluma del romántico poeta sevillano.